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¿Nuevas elecciones?

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Aunque estemos en vísperas de la Semana Santa y las fuerzas políticas se hayan contagiado una tanto de la indolencia preprimaveral que ataca por estas fechas, no es posible dar por sentado que van a celebrarse nuevas elecciones el 26 de junio… aunque hoy por hoy esta sea la hipótesis preferente para las cuatro grandes formaciones. Pero no puede descartarse que, a última (o no tan última) hora, Podemos abdique una vez más de sus inamovibles posiciones y acabe facilitando un gobierno PSOE-C’s por acción u omisión, es decir, participando en el gobierno o haciéndolo posible desde fuera.

Veamos los últimos elementos de juicio disponibles:

El jueves, un sondeo de Gesop para ‘El Periódico de Catalunya’, preveía que en el caso de nuevas elecciones el PP estaría entre 107 y 110 escaños, pero que Ciudadanos pasaría de sus actuales 40 a 59-62, lo que arrojaría una mayoría todavía no absoluta, pero muy próxima a serlo, del centro-derecha.

Este pasado domingo, El País publicaba una encuesta de Metroscopia en la que Albert Rivera era el más beneficiado en esa primera prueba de cintura política. Su expectativa de voto, si se celebraran ahora unas nuevas elecciones generales, es del 19,5%, es decir, 5,6 puntos porcentuales por encima del resultado que obtuvo Ciudadanos el pasado 20-D, que fue un 13,9%. Podemos retrocedería y pasaría del 20,7% del 20D al 16,8%, lo que le convertiría en cuarta fuerza del abanico parlamentario, por detrás de Ciudadanos, en tanto el PP caería del 28,7% al 26% y el PSOE subiría del 22 al 23,1%.

Ayer, lunes, el ABC publicaba otra encuesta, esta de GAD3, según la cual Podemos perdería 15 escaños de los que 14 irían al PSOE, en tanto Ciudadanos subiría levemente y el PP permanecería igual…

Con estos mimbres, el dilema de Podemos es doble: por una parte, deberá decidir –con la consiguiente polémica interna, azuzada por los medios que la aventan y la reproducen- si aboca al país a unas nuevas elecciones, o si de inmediato acepta cualquier fórmula que suponga la llegada de Sánchez a Moncloa y el consiguiente final de la etapa popular en el Ejecutivo. Por otra parte, tendrá que sopesar el efecto electoral del bloqueo que provoca con su actitud, que parece ser ya evidente en las referidas encuestas: el electorado premia el afán negociador –mostrado por Ciudadanos y por el PSOE- y castiga la postura obstruccionista de Podemos, que podía haber auspiciado el cambio y no lo ha hecho.

Nada sucederá en todo caso antes de Semana Santa: de hecho, ya se advierte ese relajamiento vacacional que afecta a lo público más que a lo privado, y que posterga todos los designios al día después. Pero a buen seguro los líderes políticos seguirán madurando su actitud estos días, y no sería extraño que al regreso de la holganza se produzcan novedades, que quizás eviten unas nuevas elecciones.

 

Antonio Papell
Director de Analytiks

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