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¡Paren las rotativas!

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¡Paren las rotativas! 1

Durante años, esta expresión ponía de manifiesto en las redacciones de los periódicos de todo el mundo que había una gran noticia, un hecho de verdadero alcance que obligaba a detener todo, volver a empezar, buscar toda la información, contarla y relanzar la maquinaria de nuevo para ofrecer lo último.

Pero esta vez ¡Paren las rotativas! no es más que el final de un gran tabloide de la prensa británica, The Independent, un histórico que fenece y deja paso a internet, aunque los analistas consideran que el diario encontrará muchas dificultades para sobrevivir sólo en digital.

Fundado hace 30 años se ha despedido con una gran exclusiva, pero será la última editada en papel, en este caso sobre la supuesta conexión británica en un complot para asesinar al anterior rey de Arabia Saudí, Abdalá Bin Abdelaziz al Saud.

The Independent es el primer diario nacional británico que renuncia a su edición impresa. Sus propietarios, el oligarca ruso Alexander Lebenev y su hijo Eugeny, lo han vendido junto a su diario hermano “I” por unos 30 millones de euros al grupo Johnson Press, dueño de 200 cabeceras regionales.

The Independent llegó a vender 400.000 ejemplares, pero ahora despachaba 57.000 de lunes a sábado y 97.000 el domingo. Los Lebenev querían desprenderse del rotativo porque perdía 30 millones de euros anuales, para centrarse en su gratuito del metro de Londres, Evening Standard, que es rentable.

El origen de los problemas económicos de The Independent comienza cuando The Times inicia una guerra sin cuartel en la década de los noventa ya baja el precio de venta de su ejemplar, lo que desde entonces no ha dejado de provocar graves problemas en la cuenta de resultados de The Independent y, a la larga, en su supervivencia.

Alguna vez, alguien se dará cuenta de la pérdida irremediable que supone cerrar la edición impresa de una periódico, especialmente si es un diario como The Independent. Mientras ese día llega y como no podemos pedir que los ciudadanos dejen de usar internet o, al menos, que dejen de leer las versiones digitales de los diarios, solo nos queda la melancolía de un tiempo en el que el periódico de cada mañana marcaba nuestras vidas.

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