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Podemos: pragmatismo y humildad para gobernar junto al PSOE

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Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, durante el primer congrso de Vistalegre
Pablo Iglesias

Dicen que la alegría dura muy poco en la casa del pobre. Una parte de la izquierda debe aprovechar esta luna de miel parlamentaria para pensar en el futuro. Escribo estas líneas después de algo más de una semana en la que la izquierda se ha felicitado por haber apeado de la Presidencia a Mariano Rajoy, quien ha perdido hasta su trono en el PP. En cuanto la izquierda haya digerido el éxito de la moción de censura comenzará a devorarse a sí misma. Este es su sino. En un movimiento inteligente -ya era hora, por cierto-, Pablo Iglesias y los suyos han apoyado a Pedro Sánchez y no han montado mucho escándalo por no tener un Ministerio. Es importante que la formación morada comprenda su papel secundario, como ese jugador que espera paciente en el banquillo a la espera de ayudar a ganar el partido a su equipo. Son necesarios para vencer a la derecha. La suya es una formación que representa mejor que otras a muchos colectivos, pero el PSOE es una fuerza hegemónica, arquitecta de parte de lo bueno -aunque mejorable- que es hoy España. Y lo más importante: no son el enemigo. Podemos no debe orquestar sus movimientos para desestabilizar a los socialistas y sacar beneficio. Deben trabajar con ellos si no quieren verse superados por Ciudadanos.

Para Podemos y sus confluencias debería servir de aviso el tropiezo de los de Albert Rivera, sobre todo teniendo en cuenta el sorpasso fallido y la pérdida de escaños tras las segundas elecciones generales consecutivas. No hay que dejarse llevar por el torrente de encuestas electorales. Los pies, mejor en el suelo, donde podamos verlos, no vaya a ser que el cielo que pretendes asaltar se te derrumbe. Para una formación política es complicado pensar en estos términos y protegerse del vendaval de las encuestas electorales. Pero hay que ser humilde. Para proteger a ‘los de abajo’, hay que trabajar con los de al lado.

Pensar también hace falta. Podemos está sometido constantemente al escrutinio de los medios de comunicación. La izquierda se impone unos códigos morales estrictos, muy sensibles a las contradicciones a las que tenemos que hacer frente los seres humanos. Obivamente, todos estamos en contra de la explotación infantil, pero solo aquellos que la denuncian son señalados por vestir prendas hechas por niños. A muchos nos parece una aberración comprarse un piso de más de medio millón de euros para especular; así que si lo pronuncias a los cuatro vientos, no esperes clemencia si copias la jugada, aunque sea para vivir con tu familia y ese dinero sea completamente lícito. Las redes sociales y los programas de debate no perdonan. Aquellos con una ideología endeble te acaban de crucificar. “Al final son todos iguales”, he oído decir.

Como líder de una formación en auge, y, posiblemente, como portavoz de una de las cabezas más privilegiadas de la Cámara Baja, Pablo Iglesias cometió un error estúpido con el tema de su chalé. Claro que puedes vivir donde quieras, faltaría más, pero las palabras, en la era digital, no se las lleva el viento. Los medios de comunicación que están en tu contra, que son prácticamente la mayoría, van a aprovechar cualquier despiste para despellejarte. Hoy es el chalé, ayer fue el tramabús, anteayer una beca y mañana a saber.

Por otro lado, Podemos bien podría utilizar el lenguaje de aquellos a los que dice representar. Un artículo de Homo Velamine, titulado ‘Los círculos viciosos de la izquierda o por qué Podemos nunca va a ganar las elecciones’, concluía así: “Los de Podemos se tiran el verano teorizando sobre populismo en su universidad de verano mientras Rajoy se pone a hacer paellas por pueblos, footing y cosas que el Pueblo sí puede entender”. Podemos tiene una brecha abierta entre quienes dice representar y aquellos a los que representa. Es, precisamente, la gente más acomodada la que apoya a la formación morada. “La izquierda ha dejado de conectar con la gente pobre por motivos semióticos-culturales, mientras que las personas de mayor renta suelen ser más educadas, lo cual es el mejor antídoto ante la campaña de difamación mediática contra Podemos”, dice el texto.

¿Y qué idioma hablan las clases populares? Obviamente, no el arameo intelectual de Íñigo Errejón en las redes sociales (a mí no se me olvida aquel que decía “La hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales. Afirmación – apertura”). Los trabajadores -y la gente, en general- no vota solo por sus intereses. Vota acorde a sus valores. George Lakoff, investigador norteamericano de lingüística cognitiva y asesor habitual de las campañas electorales del partido demócrata en EE. UU., así lo asegura en su libro No pienses en un elefante. De lo contrario, no se entenderían las victorias del PP ni el auge de Ciudadanos.

Ese trabajador que vota a una opción conservadora tiene una identidad y unos valores que no encuentra en Podemos. Es muy posible que reniegue de la estética del ‘perroflauta’ y que se sienta mejor representado por alguien que vista de traje y corbata. Ese obrero quizá sea católico. Ese obrero no entiende que se hable tan alegremente de la inmigración cuando ‘compite’ con ellos por un mismo puesto. Ese es el obrero que vota a Trump o a Le Pen, e incluso a Albert Rivera, ya que, como él, no tiene pudor en lucir la bandera rojigualda en su balcón.

Podemos ya tiene su nicho electoral. No va a poder hacerse con los votos de aquellos a quienes dice representar, simplemente porque no comparten valores. Es más fácil que duden entre PP y PSOE que entre Podemos y PSOE. Por eso es importante que se replanteen algunos discursos y, más importante aún, entiendan que el enemigo no son los socialistas, a quienes deberían ayudar a mantener al margen a la derecha. Quizá, si Pedro Sánchez y los suyos lo hacen bien, Podemos tenga que replantearse su discurso agresivo. Los éxitos ya llegarán, pero no a costa de tu aliado.

Sergio García M.

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