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Rajoy: cómo formar gobierno

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Al contrario que tras el 20D, después del 26J ha cundido la convicción de que con el voto de la ciudadanía tiene forzosamente que formarse un nuevo gobierno. Primero, porque la opinión pública no toleraría otra cosa; y después, porque el impulso que los electores han dado a Rajoy le confirma como candidato con fundamento a encabezar una alianza conservadora, posible aunque no fácil, que tome las riendas del país sin variar sustancialmente el rumbo pero sí con grandes cambios procesales, éticos, políticos, etc.

Rajoy ha anunciado ya sus planes: intentará en primer lugar formar un gobierno de gran coalición con el PSOE de Pedro Sánchez, pero confía poco en esta posibilidad por lo que no propondrá la creación de una “comisión negociadora” hasta que vea “voluntad de acuerdo”. Rajoy cree también que el PSOE podría ablandarse después de la constitución del parlamento el 19 de julio, ya que arreciará la presión sobre aquellas posiciones que impidan la gobernabilidad y apunten a unas terceras elecciones, opción que desesperaría a la opinión pública.

Rajoy ha manifestado que le gustaría presidir un Ejecutivo de “amplia base parlamentaria” para “cuatro años” con el objetivo de dar “seguridad, confianza y certidumbre”, máxime cuando hay “retos” por delante como la salida de Reino Unido de la UE, consolidar la recuperación económica, seguir creando empleo y hacer las reformas pendientes. Ahora bien: si esa opción de formar un gobierno “estable” de amplia base parlamentaria no es posible, intentará gobernar en solitario.

De momento, el PSOE ha transmitido ya la idea de que Sánchez no sólo no se aliará con Rajoy sino que ni siquiera se abstendrá en su investidura, y Ciudadanos insiste en el veto personal a Rajoy. En ambos casos hay presiones en favor de la gobernabilidad: varios barones territoriales socialistas piensan que el PSOE debe quedarse en la oposición tras permitir gobernar al PP y algunos intelectuales que estuvieron en el alumbramiento de Ciudadanos (y que no mantienen hoy vínculo alguno con el partido) critican que se personalice el rechazo en la figura de Rajoy.

No parece que por esta vía Rajoy vaya a conseguir su objetivo.

En efecto, en el mapa político surgido del 26J es posible formar un gobierno conservador. El PP (integrado en el grupo del PPE en el Parlamento Europeo) y Ciudadanos (en el grupo de la Alianza de los Liberales y los Demócratas por Europa), son contiguos ideológicamente y suman 169 escaños, bastantes más que los que obtuvo Aznar en 1996. De hecho, tal alianza PP-C’s, que estaría a siete escaños de la mayoría absoluta, sí podría reclamar con toda la razón la oportunidad de gobernar, mediante la adhesión de alguna minoría como el PNV o aunque fuese mediante la abstención pactada de algunos diputados de otros grupos.

Existiendo la posibilidad de un gobierno conservador, es impensable que el PSOE se avenga a asumir en primer término una responsabilidad que no le concierne. Los socialistas necesitan reencontrarse a sí mismos en la oposición para reconstruir la opción que representan y que debería seguir siendo el referente de la izquierda. En consecuencia, lo lógico sería que Rajoy efectuase una oferta concreta, programática y presupuestaria, a Albert Rivera, con el fin de promover una negociación, que por fuerza será de gran dureza porque, al margen de las enemistades personales, hay varios abismos entre el PP y C’s. Abismos pero no incompatibilidades, porque también existe coincidencia en lo fundamental: énfasis en la economía de mercado, vehemente interés en afianzar la pertenencia europea y el vector euroatlántico, semejante concepción de España y del estado de las autonomías, etc.

Como es obvio, no tiene demasiado sentido que C’s trate de endosar al PSOE la responsabilidad de que Rajoy gobierne, ni parece sensato que Rajoy sondee primero a Sánchez antes que a Ribera.

En otro orden de ideas, conviene salir al paso de la propuesta de Rajoy de “que se le deje gobernar en solitario”, insinuación que sugiere que pretende que se le den los votos para la investidura aunque se le retiren luego. Tal hipótesis es absurda porque gobernar es, ante todo, legislar, y no se puede legislar sin mayoría suficiente. De hecho, lo primero que deberá hacer el nuevo gobierno es plantear los presupuestos generales del Estado para 2017, y para ello necesitará los mismos votos que hayan servido para investir a Rajoy. Además, la entronización de un presidente de gobierno en nuestro ordenamiento constitucional es muy rígida: solo se le puede descabalgar después mediante la moción de censura constructiva (art. 113.2 C.E.) que incluya un candidato alternativo, algo que nunca lograrían seguramente las fuerzas de oposición (no parece posible un candidato pactado entre PSOE y Podemos).

En definitiva, el planteamiento cabal es, en síntesis, este: todas las formaciones tienen la obligación inexcusable de facilitar la gobernabilidad porque es inimaginable celebrar unas terceras elecciones; Rajoy ha mejorado sensiblemente su posición y en cierta manera ha adquirido un plus de legitimidad por ello, por lo que debe ser el candidato; y son las fuerzas afines al candidato, no las de izquierdas, las que deben esforzarse más por conseguir el objetivo. Son, en fin, Rajoy y Rivera quienes deben gestionar el encargo de gobernar.

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Antonio Papell
Director de Analytiks

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