Debate

Rajoy complica la investidura

0
Rajoy complica la investidura 1

Las declaraciones de Rajoy tras su entrevista con el Rey, que fueron por cierto anteriores a las de la presidenta del Congreso que acababa de recibir del Rey la designación oficial de Rajoy como candidato a la investidura, han suscitado perplejidad porque no se ajustan a las pautas constitucionales.

En efecto, el líder del PP, desde Moncloa, ha explicado que el Rey le ha encargado que se someta a la investidura, y, pese a que en estos momentos no cuenta con los apoyos necesarios, ha aceptado el encargo. Pero más adelante, para sorpresa de la audiencia, ha desarrollado el contenido de la encomienda según su propio criterio: en un plazo razonable –ha venido a decir-, informaré al Rey y a la opinión pública del resultado de las gestiones para conseguir el apoyo deseado y, por lo tanto, de si estoy o no en condiciones de formar gobierno.

La afirmación se prestaba al equívoco y una periodista lo ha despejaba con una pregunta sobre si sólo se sometería a la investidura si conseguía los apoyos pertinentes: Rajoy le respondía abruptamente que “no es bueno en ninguna faceta de la vida adelantar acontecimientos”. En otras palabras: cabía colegir que Rajoy no piensa ir a la investidura si antes no ha conseguido la garantía de resultar elegido. Y que no irá si no lo logra.

El artículo 99 de la Constitución, que regula la investidura del candidato a la presidencia del Gobierno, es bien específico en lo tocante a esta cuestión. En el párrafo 2, dice expresamente: “el candidato propuesto… expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara”. No hay pues candidatos condicionales, no se puede ser candidato sólo si se ya se sabe de antemano que se va a ganar la investidura. Rajoy pudo haber declinado el encargo del Rey como ya hizo tras el 20D –con un gran coste político esta vez- pero una vez aceptado tiene que llegar hasta el final. Habrá de cumplir la ley y someterse al proceso de investidura. La cuestión no es banal en absoluto puesto que, como se sabe, el plazo de dos meses transcurrido el cual sin un presidente electo empieza a correr con la primera votación de investidura (art. 99.5 CE).

Evidentemente, estas disfunciones –alguno ha hablado de marrullerías- no ayudan a conseguir una mayoría parlamentaria que respalde al candidato. La frivolidad genera rozamientos, y este arranque del proceso hará todavía más difícil cualquier acuerdo entre el PP y sus hipotéticos socios.

La dificultad de pactar

La palabra que preside todos los designios políticos estos días es enrocamiento.

Y la razón es clara: la solución ‘natural’, formalizada mediante afinidades ideológicas, es la que proporcionarían el Partido Popular y Ciudadanos, que reunirían 169 diputados, una ‘mayoría suficiente’ para gobernar, que podría derivar en la investidura presidencial mediante una negociación relativamente sencilla con el PSOE (muy a desgana, pero convencido de que su papel de partido vertebral del sistema le obligaría a ello).

Y sin embargo, el PP no ha dado la menor facilidad a Albert Rivera para que el líder de C’s pueda aceptar esta alianza sin traicionar sus principios programáticos ni indignar a sus militantes y electores. Uno de los postulados principales de Rivera ha sido la regeneración democrática y la lucha contra la corrupción; pues bien: cuando el PP ha necesitado negociar con Ciudadanos la presidencia del Congreso de los Diputados, le ha propuesto nada menos que a Fernández Díaz, un personaje que se encuentra actualmente inmerso en comprometedores escándalos mediáticos, que ya tienen trascendencia política y que podrían llegar a tenerla penal.

Rivera llegó a exigir, para tal alianza, antes y después del 20D, la retirada de Rajoy y su sustitución por otra persona sin pasado político comprometedor ni ligazón alguna con las historias de corrupción del PP, pero después del 26J semejante exigencia es impertinente porque Rajoy reforzó su posición en estas segundas elecciones, ya que obtuvo un incremento de más de un 4% en porcentaje de votos y 14 escaños, con lo que acentuaba su legitimidad personal y dejaba en evidencia a quienes proponían su relevo desde posiciones cuyo apoyo estaba muy alejado del suyo.

Sin embargo, Rajoy, en vez de contemporizar con sus potenciales socios, ha hecho todo lo contrario: se ha metido en el caparazón a la espera de que los apoyos le lleguen por alguna confluencia astral imprevista, que obviamente no tendrá lugar. Y Ciudadanos, entre la espada y la pared, sabe que si cede en estas condiciones, habrá firmado su desaparición. Algo que también podría ocurrir desde luego si forzase nuevas elecciones, en las que la irritación del electorado haría estragos en aquellas formaciones percibidas como causantes del desgobierno.

Así las cosas, lo probables es que tenga que discurrir un proceso de maduración durante el cual se aproximen PP y C’s hasta la alianza final, muy teatralizada… y hasta que el PSOE, a cambio de concesiones sustanciales, aporte la contribución precisa en apoyos o abstenciones para que tenga lugar la investidura.

Las encuestas, a pesar de su descrédito por sus fracasos recientes, juegan un papel relativamente importante en este asunto; la de La Razón recientemente publicada pone de manifiesto que el PP, que en virtud de las tendencias anteriores parecería el más interesado en unas nuevas elecciones, crecería solo levísimamente, por lo que no cambiarían las condiciones de contexto actuales. Se equivocaría, en fin, quien creyese que sucesivas elecciones podrían terminar dando de nuevo la mayoría absoluta a Rajoy.

Ante esta situación, comienza lentamente a adquirir encarnadura la idea de formar una mayoría de izquierdas en torno a Pedro Sánchez. Este pasado jueves, ser publicaba con alarde en la prensa un manifiesto expresivamente titulado “Por un Gobierno de Progreso. Por un acuerdo de PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos”, que reuniría 13,6 millones de votos y 188 escaños.

¿Existe efectivamente una opción alternativa?

Con el argumento de que Pedro Sánchez ha consignado en el ‘estado’ de su cuenta de Whatsapp la frase “¿Y por qué no?”, ha corrido como un reguero de pólvora el rumor de que el núcleo duro del partido socialista estaría estudiando “un plan B”, esto es, la posibilidad de construir una opción progresista bajo su liderazgo, que saldría a la luz una vez que fracasase la investidura de Rajoy, bien porque no llegara a plantearse al faltarle los apoyos suficiente, bien porque finalmente el Congreso de los Diputados terminara rechazándola en las dos votaciones. PNV y CDC han manifestado al Rey su disposición a votar a Pedro Sánchez…

Un gobierno de esta naturaleza ya no podría lograrse a través del pacto PSOE-C’s y la abstención de Podemos (UP), ya que aquellas dos formaciones sólo reúnen tras el 26J 117 diputados, insuficientes frente a los 152 que, descontando a UP, podrían votar en contra (PP, ERC, CDC, PNV, etc.).

Tampoco parece viable el gobierno suscitado por el referido manifiesto: la incompatibilidad entre Ciudadanos y Unidos Podemos no parece subsanable. El gobierno alternativo es de hecho inviable si no parte del pacto PSOE-UP, que debería aliarse con las minorías nacionalistas CDC,ERC y PNV; esta amalgama suma 178 diputados, dos por encima de la mayoría absoluta.

En definitiva, la opción alternativa sería la que Podemos ha estado invocando desde el 20D, hasta que Pablo Iglesias pareció descartarla pasado el 26J, un hito electoral que supuso para Podemos una evidente decepción: sus pretensiones de alcanzar por sorpresa el poder se vinieron súbitamente abajo y la fuerza política que había surgido de la nada con hechuras originales no tenía más remedio que acomodarse a la ritualidad de la política convencional, de la vieja política. Pero en tanto Iglesias descartaba la alianza imposible – era evidente que el PSOE se resistiría a pactar con una formación populista- después de la formación de la mesa del Congreso en la que Iglesias intentó impulsar la candidatura de Domènech, el número dos del Iglesias, Íñigo Errejón, responsable de área y portavoz parlamentario de UP, se mostraba esta semana dispuesto a “hacer todo lo que haga falta para lograr un Ejecutivo alternativo” en caso de que Mariano Rajoy no consiga los apoyos que le permitan gobernar en minoría. Errejón mantendría un canal de comunicación abierto con Antonio Hernando, y el líder de IU, Alberto Garzón, abonaría la idea de esta coalición. Un nutrido grupo de políticos, intelectuales y activistas han redactado un manifiesto apoyando esta posibilidad.

En el PSOE hay, como siempre, división de opiniones. Una parte de los barones más caracterizados se niega rotundamente a que el PSOE haga cualquier gesto de apoyo a Rajoy, lo que equivale a apostar por esa opción alternativa de gobierno. En cuanto a la alianza con los nacionalistas, el PSOE tendría grandes dificultades para aceptarla, toda vez que ante las presiones soberanistas el gran partido de centro-izquierda tiene la obligación de mantener con firmeza la defensa de la Constitución. Lo que no significa que hubiera que descartar a priori una negociación con el soberanismo precisamente para encontrar fórmulas de apaciguamiento que permitan explorar caminos constitucionales. De hecho, este asunto separa también al PSOE de Podemos, ya que el partido socialista no puede aceptar ni retóricamente la idea de un referéndum de autodeterminación para Cataluña.

Sánchez, por su parte, ha mantenido gran discreción sobre estos asuntos para no cerrarse ninguna puerta. En un primer análisis, parece claro que al PSOE le conviene estar en la oposición para reponerse de su declive, si bien la principal tarea que habrá de llevar a cabo si cuaja este designio sería más creativa que de contradicción: lo que más urge es construir consensos de Estado para salir al paso de unos retrasos históricos que empiezan a acumularse peligrosamente. En estas circunstancias, no puede descartarse que el fracaso de la derecha encuentre una solución de emergencia de izquierdas, aunque el endurecimiento del conflicto catalán dificulta la participación de los nacionalistas en designios estatales. Habrá que ver.

Iberia Navidad
Antonio Papell
Director de Analytiks

Rajoy acepta el encargo del Rey para formar gobierno

Entrada anterior

¿Y si la City se traslada a Madrid?

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Dejar un comentario:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más en Debate