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Semanas de infarto

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Semanas de infarto 1

Superados los tres meses desde las elecciones del 20 de diciembre, estamos a poco más de un mes de que se convoquen las elecciones generales, que deberían celebrase el 26 de junio, un escenario que nadie quiere dar por cierto todavía pero que se asoma amenazante sobre el panorama, como constatación de un gran fracaso democrático, de una inquietante incapacidad del sistema de partidos para dar respuesta al reto lanzado por la propia ciudadanía, que ha dado un portazo resonante al viejo modelo bipartidista. Todo indica que esas cinco semanas que median entre el presente y el fatídico final de los dos meses constitucionalmente tasados para formar gobierno estarán cargadas de tensiones y de actividad.

De entrada, está previsto que este miércoles día 30 se reúnan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias después de haber pospuesto varias veces la cita antes de la Semana Santa. Iglesias llega al encuentro con Podemos abierto en canal, y la entrevista el el líder socialista no es ajena al conflicto ya que en el camino de Podemos hacia el poder, ya veremos si consumado o no, las posisiones de Iglesias y de Errejón están confrontadas. El número dos es claramente partidario a que Podemos sea una fuerza transversal que coopere con el ^SOE en un gobierno de cambio, en tanto Iglesias se ha dedicado absurdamente a insultar al PSOE mientras le tendía la mano en un ejercicio estéril de ambigüedad.

Si Iglesias quiere imponer su autoridad –y es evidente que este es su objetivo si hay que guiarse por la destitución abrupta del secretario de organización del partido y hombre de confianza de Errejón, Sergio Pascual-, maltratará previsiblemente una vez más a Sánchez y seguirá alineándose con los Anticapitalistas y con el defenestrado Monedero, con vistas a la redefinición interna de Podemos ue tendrá lugar poco después. Por el contrario, si Iglesias quiere curar heridas y buscar consensos, podría utilizar la aproximación a Sánchez para tender puentes hacia Errejón y reconstruir el partido.

Porque el próximo sábado, día 2 de abril, Podemos celebrará un Consejo Ciudadano Estatal,    que es una especie de consejo federal, el máximo órgano entre asambleas (equivalentes a congresos), una especie de Vistalegre 2, en el que Iglesias propondrá a Echenique como nuevo secretario general. Existe gran unanimidad en el sentido de que Podemos necesita definir de nuevo el modelo de partido, y gran disparidad en la fórmula que deba adoptar: transversal o de izquierdas; dispuesto a aliarse con las fuerzas progresistas o simplemente empeñado en lograr la hegemonía en su espacio. También deberá decidir si se mantienen la verticalidad y el centralismo, como parece querer Iglesias, o si se opta por un modelo asambleario más abierto, federal, con juna toma de decisiones más descentralizada.

El PSOE, por su parte, tiene también que tomar grandes y graves decisiones a corto plazo, en este periodo de poco más de cuatro semanas en el que debería ponerse en marcha la convocatoria del congreso ordinario del partido, según lo decidido por el comité federal del 30 de enero, en el que los ‘barones’ más inquietos forzaron las fechas del 21 y 22 de mayo para la ceremonia congresual (la cúpula del partido pretendió que la convocatoria fuera tres semanas más tarde, es decir, el 11 y el 12 de junio, pero no fue escuchada).

Ese calendario aprobado supone que los candidatos a la secretaría general deberán presentar su candidatura entre el 11 y el 14 de abril; la elección del secretario en consulta directa a la militancia sería el 8 de mayo, y el congreso propiamente dicho, las mencionadas fechas del 21 y 22 de mayo. Quiere decirse, pues, que si el 2 de mayo no se hubiera formado gobierno y el Rey hubiese disuelto las Cortes, el congreso se celebraría en plena precampaña electoral de las elecciones del 26 de junio. Y si hubiera gobierno encabezado por el PSOE –algo improbable en este momento pero no imposible-, Sánchez estaría dando los primeros pasos en La Moncloa.

Susana Díaz, halagada por un grupo de ‘barones’ (los presidentes de la Comunidad Valenciana, Extremadura, Castilla-La Mancha, Aragón, Asturias…) dice en privado –nunca en público- que va a dar el salto, pero debe ser consciente de que ni sus conmilitones van a entender fácilmente esta movimiento ni la ciudadanía en general entendería que, con la que está cayendo, 4el PSOE se enfrasque en resolver sus ambiciones internas. Por ello, empiezan a cundir las voces –la del presidente aragonés, Javier Lambán, la del secretario de organización de Castilla-La Mancha, Jesús FernndezCastilla-La <Mancgha, Jesçus Fern nes internass van a entender fLa Mancha, Aragçon, Asturias…a por un modelo asambleario mández Vaquero, o la de algún encumbrado socialista andaluz- que proponen un sensato aplazamiento de este asunto. Sería muy difícil de entender que la propia familia socialista moviera la silla de su líder precisamente ahora.

Los restantes partidos está también, como es natural, a la expectativa. En el PP; sus cuatro jóvenes vicesecretarios generales –Javier Maroto, Pablo Casado, Andrea Levy y Fernando Martínez-Maíllo- han ido muy lejos en sus críticas a la corrupción y en su exigencia de renovación, por lo qjue la quietud puede ser solo aparente. De hecho, su propia clientela espera alguna conmoción que sólo puede ser implosiva pero que debería poner fin al inquietante bloqueo y dar paso a una posibilidad de renovación.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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