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Septiembre: la política es demasiado humana para ser racional

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La política española se mueve a ritmos desesperantemente lentos, trabada por unos procedimientos de chequeo de los resultados electorales y de constitución de las cámaras propios del siglo XIX, pero imprescindibles en 1977 para disipar las dudas de la Oposición Democrática. Además, los constituyentes no previeron que el sistema de investidura diseñado en el art. 99 de la Constitución no fuera operativo en un parlamento fragmentado, en el que los diferentes actores, legítimamente, especulasen con la conveniencia de acudir o no al debate de su investidura, o de su derrota. El plazo para convocar nuevas elecciones debería comenzar en la fecha de las elecciones, pero nadie lo pensó o prevaleció otro criterio, como es habitual en la política española, el que mejor pudieran manejar las direcciones de los partidos. Pero estas son las reglas. Puede sonar escandaloso pensar que entre las elecciones y la investidura del presidente del Gobierno –o la convocatoria de nuevas elecciones- transcurrirán casi cuatro meses, pero es lo que va a ocurrir. Las estrategias de los principales actores conducen a eso.

Rajoy necesita tiempo para convencer a Rivera y sus ciudadanos. Rivera no tiene una estrategia clara porque no sabe lo que quiere hacer, pero sospecha que si hubiera otras elecciones acabaría peor que está ahora, es decir, no tiene estrategia pero su instinto de supervivencia le empuja en dirección al acuerdo con el PP. Irá y vendrá varias veces. Ciudadanos no es exactamente un partido, aún no ha llegado al punto en que sus dirigentes sigan un discurso, Rivera no lo emite y no han aparecido dirigentes que puedan fijarlo. Pero en Ciudadanos hay personas que quieren ser ministros o, por lo menos, salir en los periódicos para que se vea que negociaron con un gobierno –alguno ya lo filtra aunque no haya foto-. Rajoy se ha dado cuenta de que la posibilidad de negociar, la imagen de hablar con el presidente y con los ministros, opera como un imán sobre Rivera y algunos de sus asociados, por tanto, una vez que han mordido el anzuelo, como paciente pescador, soltará hilo cuando se enfurezcan y lo acortará cuando se cansen. Poco a poco, Rajoy conseguirá que Ciudadanos vote a su favor, sin hacer nada ha conseguido que se comprometan a abstenerse. ¿Cuánto tardará en conseguirlo?, no se sabe. Si lo logra a mediados de agosto (antes del 15 o el 20), es posible que se arriesgue a ir a un debate para escenificar que tiene el apoyo de Ciudadanos (169 o 170 escaños si se suma Coalición Canaria, que cumple su función de partido bisagra perfectamente). Lo suficiente para ganar políticamente el debate aunque pierda en votos, y para presionar con dureza al PSOE y a Sánchez. Con esos escaños no podría aparecer un candidato alternativo. Es una decisión secundaria en todo caso. Mientras mantenga abierta la negociación con Ciudadanos y la tensión con el PSOE podrá dilatar la convocatoria del debate y mantener el suspense. En esto se consumirá agosto, ya veremos si septiembre también, hasta el 26.

Llegará septiembre, y pasarán cosas que pueden cambiar el panorama.

Para el 25 de septiembre, la primera fecha útil tras el verano, Urkullu ha convocado elecciones en el País Vasco. Cualquier elección puede encerrar una sorpresa, en este caso la duda es Podemos. El PNV puede necesitar los apoyos del PSE-PSOE, que no parece que pudiera sumarse a una alternativa con Podemos y Bildu, y tal vez del PP. Esto quiere decir que a partir del 26 de septiembre el PNV puede negociar con el PP sin la sombra de unas inmediatas elecciones, hasta 2019 no habrá municipales, plazo suficiente para dosificar su discurso. Aunque el PNV tiene una consistencia de discurso que le permitiría explicar cualquier acuerdo, prefiere no arriesgar. Rajoy tiene bazas que ofrecer a la realista dirección del PNV (Urkullu, Ortúzar y el mejor parlamentario de la legislatura, Aitor Bilbao). Dadas las fechas, ya hay casi un mes para negociar, hasta alrededor del 20 de octubre, como poco.

Se acerca a su Gólgota el Partido Sin Nombre (o PDC o DiL, la antigua CDC). En julio han ocurrido muchas cosas allí. El Congreso de la refundación produjo una sublevación de los delegados y los 5.300 votantes eligieron una nueva dirección de la que sus diputados sólo pueden esperar salir de las listas, con pocas excepciones. El PP les mostró flexibilidad a cambio de la abstención para elegir a Pastor presidenta del Congreso. A los tres días, el Parlament “aprobó” la paulatina desconexión, ignorando los esfuerzos de su minoría parlamentaria. Respuesta inmediata, el “no name party” se quedó sin grupo (o sea, sin mucho dinero, asesores, protagonismo, etc.). Nadie hace caso de las lamentaciones de Mas y Homs. Aunque haya quien diga que esto refuerza la tendencia a la desconexión, lo cierto es que los diputados catalanes saben que donde perdieron el grupo fue en las elecciones, no tuvieron votos ni escaños suficientes. En Septiembre, Puigdemont se someterá a un moción de confianza, hay que temer que CUP arrastre a Junts pel Sí a resoluciones incumplibles, que conviertan cada vez más a lo que queda de CiU en una nube de asteroides alrededor de ERC. Si dos o tres diputados elegidos en las listas de DiL se lo piensan, puede haber novedades importantes. Pocas ocasiones mejores para tratar de volver a convertir a la “minoría catalana” en un eje de la política española; su alternativa sería el paro tras mucho sufrir en el partido para seguir en las listas. Podrían plantearse que muchos catalanes de centro esperan que retorne un discurso como el de CiU. La descomposición de CiU acabará con su disgregación en pedazos.

Todo esto puede ocurrir en septiembre-octubre. Si ocurriera, el PSOE podría mantener su voto negativo a Rajoy sin debilitar su flanco izquierdo frente a Podemos.

Lo racional, lo que hubiera hecho Rubalcaba el día después de las elecciones, hubiera sido negociar con Rajoy la abstención del PSOE en la investidura arrancándole concesiones programáticas relevantes (reforma de la reforma laboral, de las pensiones, etc.). Pero la política es humana, cambia mucho en función de quien la dirija y de los recovecos del recorrido. Si el curso de los acontecimientos discurre por la hipótesis descrita, habría que reconocer que Sánchez tiene cualidades que a muchos se les han pasado desapercibidas hasta ahora. Entre ellas, saber forzar que ocurran acontecimientos. Cuando acabe este episodio habrá que evaluar con más elementos de juicio la figura de Sánchez.

José Antonio Gómez Yáñez es Consultor Político. Socio de Estudio de Sociología Consultores. Profesor de la Universidad Carlos III.

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