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¿Quién teme a Albert Rivera? No habrá ‘sorpasso’ de Ciudadanos al PP

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Ciudadanos Rivera y Arrimadas sobre el logo de la formación

En 2017, Ciudadanos desterró de su diccionario ideológico el socialismo democrático y lo sustituyó por el liberalismo progresista. Dos años después, la formación naranja se encuentra cómoda en el papel de número dos de la Junta de Andalucía y a merced del humor de Vox. Ese cordón sanitario que en Europa se hace a la ultraderecha, Rivera se lo ha colocado a Sánchez. Su postura en lo referente a Cataluña y a la fiscalidad también se ha radicalizado: un 155 indefinido y una intensa bajada de impuestos que no garantiza la sostenibilidad del estado de bienestar.

En efecto, este viraje conservador le ha dado resultado, pero para conseguir únicamente una victoria pírrica. Ha conseguido 4.137.000 votos, el 15,9 % (a menos de un punto del PP) y 57 escaños, frente a 3.124.000 votos, el 11,1 %,  y 32 escaños de 2016. De los 3,5 millones de votos que ha perdido el PP, solo un millón ha ido al saco de Ciudadanos. Por tanto, podemos decir que ha sido Vox el gran beneficiario del hundimiento de la naviera popular.

Probablemente, dicen los analistas, ese 15,9 % sea el techo de Ciudadanos. Es difícil hacer pronósticos sobre si habrá o no sorpasso al PP algún día, pero lo que sí parece evidente es que los naranjas no conseguirán abarcar todo el hemisferio de estribor, de ser la formación genuina de los conservadores.

La imagen de Rivera y de Ciudadanos no resulta atractiva para las clases medias conservadoras. La formación es percibida como un partido de jóvenes y profesionales liberales, una formación de cuadros pragmáticos y en cierto sentido tecnocráticos, pero sin el espíritu conservador de la añeja CDU o el Partido Conservador británico. Es inútil que recabe el apoyo de los poderes eclesiásticos o financieros, aunque ni los obispos ni los bancos son ya lo que eran. El lobby conservador, que aún pervive en nuestros países, busca otros estereotipos, otra imagen, otro tipo de compromiso ideológico.

El papel del partido bisagra

Si Ciudadanos no ha logrado conseguir el liderazgo de la derecha ahora, en el momento más bajo del PP, lo tendrá sin duda más difícil en el futuro, cuando se rehagan de sus quebrantos. Anquilosados en la derecha, la formación surgida en Cataluña tendrá que conformarse con el desairado papel de comparsa de la derecha. Lo que ya conocen en Andalucía.

La empresa de los partidos bisagra no puede ser conquistar el poder sino influir en él. El mismo CDS de Suárez intentó desempeñar este rol. Sin embargo, esta estrategia de Rivera le cierra todas las puertas: ya no es un partido bisagra porque rechaza tajantemente al PSOE, y sus propuestas no tienen influencia alguna después de los cambios de ideario y de su alienación con Vox, en contra del dictado de sus homólogos europeos. Quizá hayan encontrado en los 57 escaños su mejor resultado y su techo.

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