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Tormenta perfecta en el PP: Casado, en la cuerda floja

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Casado en la cuerda floja

Pablo Casado es presidente de su partido, el Popular, desde el 21 de julio pasado, tras vencer en la segunda de unas elecciones primarias nada menos que a Soraya Sáenz de Santamaría, exvicepresidenta, abogada del Estado, mujer de grandes capacidades que ahora se desempeña como consejera de Estado. Y este domingo, nueve meses después, cosechaba la mayor derrota que ha sufrido el Popular Popular desde que Fraga lo llamó de este modo, después de haber sido Alianza Popular durante la Transición. Aprisionado entre Ciudadanos y Vox, ni siquiera alcanzaba el 17 % de los votos (4.350.000) y apenas conseguía 66 escaños. Desaparecía del País Vasco —el jefe de campaña, Maroto, no conseguía acta de diputado por Álava— y prácticamente de Cataluña —sólo ha logrado escaño Cayetana Álvarez de Toledo, después de haber tenido seis representantes en la legislatura que concluye—, y se quedaba a menos de un punto porcentual de Ciudadanos en el conjunto del Estado.

Las razones de semejante débacle son complejas, pero no difíciles de colegir. Con independencia del descrédito del PP por la corrupción, que le costó el gobierno a Rajoy, y del malestar social por la no reversión de los recortes realizados durante el ajuste después de cuatro años de crecer la economía española a buen ritmo, el PP cometió el error de legitimar a VOX en Andalucía y de invocar luego a esta formación de extrema derecha como socio de gobierno en la campaña de las generales. La posibilidad de gobernar en Andalucía por el cambio de chaqueta de Ciudadanos que dejaba de apoyar al PSOE para aliarse con el PP era tentadora, ciertamente, pero la admisión de VOX a la ceremonia ha traído consecuencias, como era fácil de prever.

VOX es una excrecencia del PP, y el propio Abascal ha sido muchos años un paniaguado de gobiernos conservadores, por lo que cualquier condescendencia del PP genuino con estos disidentes era suicida. Y Casado, que debía haber puesto de relieve en todo momento que el PP era una fuerza impecablemente democrática, europea, liberal, con entrada en todos loñs clubes democráticos de la Unión Europea, en tanto VOX es parte de la hez populista y neofascista con la que no se hablan Macron ni Merkel y que está excluida de pactos y coaliciones por los grandes partidos del Viejo Continente.

Pero no: Casado pensó que radicalizándose, abrazando el disparate del 155 indefinido, poniendo en duda las políticas de género y de memoria histórica, conseguiría evitar la huida masiva de electores hacia VOX. Y ha sido al contrario: VOX ha logrado nada menos que 2,7 millones de votos mientras el PP perdía 3,8 millones. Y Ciudadanos se ha hecho con el electorado más centrista del PP.

Este martes, el PP ha celebrado Comité Ejecutivo Nacional y aunque algunas voces aisladas han sugerido un cambio en el liderazgo tras el monumental fracaso, la inminencia de las elecciones europeas, regionales y locales del 26 de mayo ha abierto una tregua. Al parecer, Casado ha atendido las recomendaciones de las voces más solventes del PP, con Feijoo (ausente físicamente pero autor de expresivas declaraciones) a la cabeza, que han reclamado el regreso del partido a su antiguo espacio natural, y la apertura de cortafuegos tanto con Vox como con Ciudadanos.  Casado ha marcado territorio —“el Partido Popular es de centro-derecha” y “Vox es la ultraderecha”—. Asimismo, Casado ha relevado a Javier Maroto de la dirección estratégica y ha situado a la eficaz Isabel García Tejerina al frente de la campaña europea y a Cuca Gamarra a coordinar las municipales y autonómicas.

Es muy dudoso que en tan poco tiempo el PP pueda detener la hemorragia, y es posible que la próxima ronda electoral agrave la tragedia del PP. En todo caso, parece lógico pensar que después de este proceso de descomposición el partido no tenga más remedio que convocar un Congreso en que se escuchen todas las opiniones y se someta a debate todo, incluso el liderazgo.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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