A debate

Contra la discriminación de los ricos desfavorecidos

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Vox y los ricos

Escribía Umbral, en la revista satírica Hermano Lobo, sobre el clasismo de los pobres. Se preguntaba acerca de las posibilidades del hijo del marqués de llegar a ganarse la vida en el andamio, y se respondía: «Ninguna. Cuando el hijo del marqués llega al andamio, ya está el andamio lleno de albañiles, que los albañiles madrugan mucho». Andalucía, gracias, principalmente, a Vox –porque el PP nunca eliminó este gravamen, un impuesto estatal, regulado en la Ley 29/1987, que se encuentra cedido a las comunidades autónomas–, ha cristalizado la parodia del genial escritor. La Junta se ha cargado el impuesto de sucesiones para aquellos que hereden más de un millón de euros (PSOE y Ciudadanos acordaron suprimir dicho impuesto para los herederos de menos de un millón de euros). Ya era hora de que alguien actuase de albacea de esta minoría desfavorecida.

La escritora Berna González Harbour en las páginas de El País ha recordado las palabras del gurú económico de Vox, Rubén Manso: «Los ricos están discriminados en España». Nuestros gobernantes llevan mucho tiempo mirando hacia otro lado mientras se produce el pogromo de las arcas estatales, todo para satisfacer a unos pobres que lo quieren todo. Quieren una vivienda digna, a unos precios decentes y un alquiler que les suponga el 25 % de su sueldo; quieren una sanidad pública, universal y gratuita, y que haya camas para sus familiares enfermos; quieren unos colegios públicos de calidad; seguramente, también quieren un transporte público eficiente, que los lleve a las puertas de su trabajo, donde les espera un jefe que ahora tiene que desembolsar, como mínimo, 900 euros al mes.

Y los platos rotos de esta fiesta del despilfarro estatal los pagan los de siempre, esa minoría desfavorecida que, por haber nacido en el seno de una familia pudiente, ya está marcada de por vida con la hierra del privilegio. Nadie habla del esfuerzo de tener un apellido compuesto. Los ricos, si quieren un médico, se lo pagan; si quieren una educación de calidad, sueltan los billetes; si quieren ir al trabajo a su hora, se compran un coche potente y una plaza de aparcamiento. No estorban, no viven de papá Estado… salvo si hay subvenciones, que una ayudita nunca viene mal. Los principios liberales tienen sus excepciones.

Lo que se ha hecho en Andalucía es darle en los morros con la igualdad a todos los que hablan de ella, cuando estos últimos, en realidad, lo que persiguen es una discriminación positiva. Y ya saben: cualquier forma de discriminación es mala. Con suerte, en unos años, esta internacional aristocrática y millonaria se afianza en el poder y consigue para los suyos pagar el mismo porcentaje en impuestos que esos pobres que llegan a fin de mes arañando las esquinas del calendario.

«Los pobres», decía Umbral, «son un auténtico grupo de presión y una mafia. A los pobres les gusta mucho hablar de eso de la igualdad de oportunidades, pero ¿qué igualdad de oportunidades le dan ellos al rico? (…) Y así con todo. Porque entrar en un club de Puerta de Hierro o de Neguri es caro, pero entrar en la pobreza es mucho más caro». Pues eso: que si unos no pisan un hospital público, ¿por qué iban a hacerlo los otros? Así entienden la igualdad los cresos de pulsera rojigualda.

'Pobres, pero selectos'. Francisco Umbral en 'Hermano Lobo'

‘Pobres, pero selectos’. Francisco Umbral en ‘Hermano Lobo’

 

Sergio García Moñivas
Periodista. Redactor jefe de Analytiks.

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