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VOX y Trump: incorrección política para un mundo neoliberal

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Vox, Trump y la ultraderecha neoliberal

El último libro de Naomi Klein, Decir ‘no’ no es suficiente, escrito más a la carrera que sus anteriores obras, repasa la trayectoria de Trump como hombre de negocios y explica de qué manera esto le sirvió para plantarse en el Despacho Oval. El magnate entendió la carrera presidencial como un combate de WWA – una mezcla de lucha libre y espectáculo–, trufando sus discursos de soflamas faltonas contra su rival y envolviendo en un clima de irrealidad toda la campaña. Ataques a la prensa, desprecios a Hillary Clinton, propuestas surrealistas, etc. Las cadenas de televisión, encantadas con este nuevo personaje, acudían a sus mítines en busca del último dislate. Sin saberlo, Trump estaba transformando los informativos en una especie de reality show de su campaña electoral. Solo se hablaba de él y de sus constantes salidas de tono, de lo superficial, del último tuit. De lo verdaderamente importante ya hablarían otros.

Los amigos de mis amigos

Trump, lo cuenta Klein en el libro, desembarcó en Washington colocando a grandes empresarios en asientos clave de la Administración. Según informaba NBC News en diciembre de 2016, los candidatos elegidos por Trump para ocupar puestos de su gabinete reunían entre todos cerca de 14.500 millones de dólares. Entre estos millonarios nos encontramos con el banquero Steven Mnuchin, secretario del Tesoro que antes fue presidente y principal inversor de OneWest Bank y al ex secretario de Estado, Rex Tillerson, antiguo director ejecutivo de Exxon Mobil. Además, señala la autora, «hay también entre los designados por Trump para ocupar los principales cargos de los departamentos de Defensa y Seguridad Interior, una proporción impresionante de contratistas militares y de seguridad, y representantes a sueldo de grupos de presión»

Las empresas y los grupos de presión daban el salto a la política. Klein asegura que Trump y todo su equipo, desde el primer día, se han lanzado a satisfacer e ir tachando todos y cada uno de los puntos de la lista de deseos de la industria de los combustibles fósiles: «A los pocos días de tomar posesión, [Trump] forzó la aprobación del oleoducto Dakota Access, prescindiendo de la evaluación de impacto medioambiental y contra la firme oposición de los siux [personas pertenecientes a alguno de los pueblos amerindios que vivían en las llanuras centrales de Norteamérica] de Standing Rock. Despejó el camino para aprobar igualmente el oleoducto Keystone XL desde Alberta, que Obama rechazó debido en parte a su impacto climático. Dictó una orden ejecutiva para revertir la moratoria aprobada por Obama para licencias nuevas de explotación minera en terrenos federales […]. Trump ha anulado un programa nuevo por el que se exigía a las compañías de petróleo o gas que informaran de cuánto metano estaba siendo liberado a la atmósfera a consecuencia de sus operaciones, incluidas las fugas».

Agenda neoliberal

El modelo de Trump ha sido exportado en bruto a varios países para, una vez allí, diluirse con las características propias de cada cultura. Si bien el ataque a las minorías es un denominador común a todos estos movimientos ultraderechistas (indígenas, latinoamericanos, musulmanes, el colectivo LGTBI, mujeres, etc.), no en todas las regiones se apunta a la misma víctima y con igual intensidad. Sin embargo, lo que está pasando desapercibido –y de eso se trata– es que ese discurso de ‘incorrección política’ está ocultando una agenda neoliberal en muchos casos.

En Hungría, lo supimos hace unas semanas, Viktor Orbán ha aprobado una reforma laboral que permite que un trabajador haga hasta 400 horas extra al año en vez de las 250 que estaban aprobadas anteriormente. Además, a las empresas se les autoriza a pagar esas horas de más hasta tres años después de haber sido trabajadas. En Brasil, Jair Bolsonaro ya ha prometido una ola privatizadora para acabar con el déficit y contener la inflación.

VOX y el caso de España: los electores no entienden de economía

Nuestra ultraderecha se parece más a los movimientos de este cariz que emergen en Europa del Este que a los centroeuropeos. El politólogo Pablo Simón, en una charla titulada ¿Está amenazada la democracia?, celebrada en el Espacio Telefónica, comentó que VOX “plantea un discurso más liberal y menos proteccionista”, donde atacan sin miramientos al sistema de bienestar. Esta posición tan escorada, dijo, le dificultará el crecimiento más allá de los caladeros de PP y Ciudadanos. Pero no todos opinan lo mismo.

Mikel Buesa, catedrático de Economía de la Universidad Complutense de Madrid, en una entrevista concedida a Analytiks, considera que, en efecto, “las cuestiones de carácter económico de este partido tienen un claro componente liberal”, pero que no serán óbice para crecer electoralmente: “No creo que las ideas económicas influyan en el electorado, básicamente porque el votante no entiende nada de lo que se dice en economía. Los políticos, en la mayoría de los casos, tampoco saben nada”.

Precisamente es este desconocimiento en materia económica el que puede estar abriendo la puerta a una agenda liberal, que menoscabe el sistema de bienestar, como comentó Simón. Sin embargo, Buesa no lo ve de esta manera. “Las medidas aprobadas y recogidas en el pacto PP-VOX limitan la deriva expansiva del gasto público, que es algo muy diferente. No creo que VOX haya pactado eliminar las pensiones ni la sanidad o la educación pública”, explica.

El PP y Ciudadanos, el verdadero problema

Carlos Sebastián, catedrático de la Universidad Complutense, ha publicado un artículo en Agenda Económica en el que defiende la necesidad de aumentar la recaudación fiscal y de implementar un cambio radical en la forma de diseñar y evaluar los programas sociales. En Analytiks hemos contactado con él para preguntarle por la posible agenda neoliberal de VOX y asegura que desconoce su programa económico. “Me cuesta creer que sea liberal, aunque abogue por una bajada de impuestos”, nos dice por correo electrónico. “Creo que VOX fundamentalmente mira al pasado español, y ahí no hay relato liberal”, añade.

En su opinión, el peligro reside en Ciudadanos y en el PP. Son estas dos formaciones las que “constituyen una seria restricción para que el Estado del bienestar dé los pasos necesarios para abordar las cuestiones que planteo en mi artículo: «(…) con la que se avecina, es necesario que el Estado tenga más músculo financiero, porque la sociedad tiene que enfrentarse a retos que el gasto individual no tiene ni incentivos ni medios para hacerlo»”.

Por otra parte, Sebastián señala que ahora mismo vivimos un momento político de parálisis, lo que no hace sino empeorar la situación: “El lenguaje de la descalificación y la crispación que se ha instalado en la vida política desde la moción de censura imposibilita un debate político sobre estas cuestiones tan importantes y una negociación sobre reformas y medidas”.

Sergio García M.
Periodista. Redactor jefe de Analytiks.

Mikel Buesa: “En los partidos políticos no hay programas económicos serios”

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