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Vuelve la política expansiva para frenar el populismo

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Vuelve la política expansiva para frenar el populismo 1
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Europa vive tiempos de incertidumbre entre referéndums y consultas perdidas que obligan a relajar la austeridad para volver a pensar en políticas expansivas que han posible la convivencias y frenar el auge del populismo o las consecuencias de la globalización.

Son otros tiempos, otras necesidades y lo que era urgente, acabar con el déficit galopante se torna menos acuciante ante la amenaza de nuevas tendencias de populismo que podrían ocasionar un salto cualitativo hacia el abismo de consecuencias imprevisibles.

A la vez que el petróleo vuelve a subir, los bancos claman por acabar con los tipos de interés bajo mínimos en un nuevo escenario de políticas expansivas que tal vez nunca debió abandonarse.

La sensación de crisis amaina cada una década después de que comenzara la gran crisis bancaria y financiera que casi nos lleva por delante, pero el malestar económico continúa, las deudas públicas siguen al alza, la banca dista mucho de haber recuperado la normalidad y no hay en el horizonte previsible certeza alguna acerca de una recuperación más o menos definitiva o, al menos, una cierta estabilidad mínimamente duradera en Europa.

La eurozona no ha recuperado aún el crecimiento preciso que haga albergar esperanzas de creación de empleo, a pesar de la política monetaria de “manguerazo” del BCE. Pesan los enormes errores de política económica de estos años. Y en parte, porque se echa de menos una apuesta decidida de la inversión, que –seamos serios- sigue aún un 16% por debajo de los niveles previos a la crisis.

Se dice sin rubor que hay mucho dinero dispuesto a invertir, pero nadie lo ha visto de verdad. Hay planes, apuestas por formatos especulativos o, si se prefiere, solo dedicados a la rentabilidad inmediata.

Para el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Junker, la nueva política de la UE necesita una puesta de largo del Fondo Europeo de Inversiones Estratégicas. Así se hizo antes en el verano de 2015 con un plan para desplegar inversiones por importe de unos 315.000 millones de euros en tres años. Los argumentos eran didácticos: “la inversión es imprescindible para completar el triángulo virtuoso para salir de la crisis, junto con la consolidación fiscal y las reformas estructurales”, señaló Juncker en Bruselas. La Comisión aprobó el reglamento del plan de inversiones, la normativa relativa a los bancos públicos nacionales que debían participar y las reglas de funcionamiento de la cúpula que debía decidir qué proyectos financiar, entre cuyos miembros no figuraba ningún español.

Esta era la realidad y las promesas o los anuncios, pero el tiempo pasa y la nueva política no avanza, se vuelve a presentar, pero la expansión no llega. Ahora entra en acción un nuevo actor. Llega Trump y su billonario plan de inversiones gusta a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). El club de los países ricos ha pedido más gasto a los Estados, como ya han hecho el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE). La apatía en la recuperación –habla de un comercio mundial “anémico”- pesa: tras la fallida salida vía austeridad, las voces llaman ahora a invertir para fomentar el crecimiento y dejar atrás los fantasmas de la crisis.

Con el plan de Trump como base, se revisa al alza las previsiones sobre el producto interior bruto de Estados Unidos para este año al 1,5% –una décima más de lo calculado en septiembre- y para el próximo al 2,3% –dos décimas más- y lo sube hasta el 3% para 2018. Vendrá propiciado por el impulso a las inversiones en infraestructuras y los recortes de impuestos a las empresas.

Sin embargo, aunque la OCDE considera positivo el estímulo de Trump, no todo es positivo. Advierte de la amenaza que supondrían las barreras proteccionistas del magnate norteamericano. Según la OCDE, poner trabas a los intercambios comerciales tendría un coste que podría hacer caer el PIB entre dos y tres décimas.

Entre tanto, los recaudación tributaria en los de la OCDE, alcanzó el año pasado un nuevo récord desde que existe esta estadística en 1965. El conjunto de estos 32 países situó el peso de los impuestos sobre el producto interior bruto (PIB) en el 34,3%, frente al 34,2% del ejercicio anterior.

Si el precio del petróleo es una de las claves, aún más importante es lo que cuesta el dinero. Así mientas muchas voces piden el final del interés cero, otros proponen mantener el dinero barato

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, considera que la recuperación de la zona del euro “depende de la política monetaria expansiva”, es decir del dinero barato, y dijo que ahora no se puede bajar la guardia.

El presidente del BCE citó dos factores que obligan a la entidad a estar alerta, además de los riesgos geopolíticos: la baja rentabilidad de los bancos y la baja inflación. Draghi considera que es necesario seguir alerta pese a la recuperación del crecimiento y el empleo porque la persistente interrupción en la producción mantiene la dinámica de la inflación débil. La inflación de la zona euro subió en octubre una décima hasta el 0,5 % interanual, el máximo desde hace casi dos años pero muy por debajo del objetivo del BCE, que es una tasa de casi un 2 %, recordó Draghi.

El BCE espera que la inflación subirá los próximos meses pero por factores estadísticos porque el año pasado el precio del petróleo bajó mucho.

El BCE compra mensualmente desde marzo 80.000 millones de euros de deuda pública y privada. Anteriormente adquirió durante un año bonos por valor de 60.000 millones de euros. El BCE adquiere deuda pública y privada, sobre todo bonos soberanos, pero también deuda emitida por empresas.

Con estos estímulos monetarios e inyecciones de liquidez, el BCE quiere que los bancos den créditos a las empresas y a los hogares para impulsar el crecimiento y la inflación. Los bancos se quejan de que tienen problemas de rentabilidad como consecuencia de las medidas que ha adoptado el BCE, que ha dejado el precio del dinero en el 0 % y les cobra un 0,4 % por el exceso de sus reservas.

Al final, los mandatarios europeos y del mundo desarrollado se han dado cuenta de que deben hacer algo para impedir que los populismos se hagan fuertes y crezcan tanto como para hacerse con el poder o, lo que es lo mismo, que los electores no confíen en promesas irrealizables y sigan apostando por la seguridad de los de siempre. Tal vez es tarde, teniendo en cuenta que la sufrida clase media ha sufrido con crudeza en sus carnes el impacto de la recesión. El tiempo nos dirá si aún estamos a tiempo de recuperar la estabilidad y el sosiego.

Jack Miur
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