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El fraude de la economía colaborativa

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Una persona visitando la web de Airbnb desde su tableta

Reconozco que soy de esas personas que abrazaron la llegada de la economía colaborativa como un instrumento que serviría a los de abajo para ayudarse. La tecnología al servicio de la solidaridad. La disrupción tecnológica como bálsamo para la clase trabajdora. Estas nuevas plataformas, pensaba, nos iban a permitir viajar a menor coste; comprar y vender objetos sin un intermediario; alquilar un piso a un precio razonable para pasar dos o tres días en otra ciudad o hacer pedidos de comida desde nuestro móvil, con todas las facilidades. Pero no. Una vez más, nos la han vuelto a jugar.

El resumen de la economía colaborativa podría ser el que sigue: nuevas empresas, nacidas en un ecosistema digital, reinventando empleos que ya existían y diseñando nuevas formas de explotación para conseguir pingües beneficios. Ahora resulta que tu chófer de Uber no trabaja para Uber, y que los chavales que bucean en un mar de coches en cualquier ciudad para llevarte la comida en bicicleta a tu casa tampoco. La contratación de autónomos por parte de empresas, lo que se conoce como ‘falsos autónomos’, es el modus operandi de estas empresas tecnológicas, algunas de ellas con sede fiscal en otro país. Se aprovechan de todos los resquicios legales para enriquecerse a costa de los de siempre, nosotros.

Deliveroo, la plataforma de reparto de comida a domicilio, ha sufrido varias multas por falsear la figura del autónomo. En diciembre del año pasado se le exigió a la empresa el pago de 160.000 euros en Valencia por cotizaciones impagadas. Deliveroo recurrirá, así que ya veremos en qué queda este asunto.

Pero aún hay más. Dos ejemplos de otras empresas dedicadas al reparto de comida a domicilio. Ubereats se queda con un 10 % de los 20 céntimos que paga a sus repartidores por kilómetro recorrido. Por otra parte, hace poco conocimos que otra startup, Glovo, obligará a sus nuevos repartidores a pagar una tarifa de dos euros cada quince días. Pagar por trabajar. Además, según ha denunciado el sindicato UGT, los trabajadores de Glovo tienen que pagar 90 euros por la mochila de reparto. “Las plataformas aducen que no tienen nada que ver con los repartidores, pero estos tienen que ponerlo todo”, comenta en El País Gonzalo Pino, secretario de Política Sindical de UGT.

Lo mismo pasa con Uber, un servicio de transporte que funciona igual que un taxi, lo que ha provocado múltiples protestas en varios puntos de España, las más notorias en Madrid y Barcelona. Pero el funcionamiento es igual que el de otras plataformas, utilizan la triquiñuela del falso autónomo para precarizar los puestos de trabajo. “Las plataformas digitales aprovechan las grietas de nuestro marco laboral para evitar los derechos reconocidos a cualquier trabajador por cuenta ajena y, de esta forma, precarizar su situación. Para ello, recurren a fórmulas como la del ‘falso autónomo’ con la que encubren la relación laboral. Pero estamos ante una clara vulneración de la legislación”, asegura a El Mundo Carlos Gutiérrez, secretario de Juventud y Nuevas Realidades del Trabajo del sindicato CC. OO.

Otra tecnológica que está creando grandes daños es Airbnb (acrónimo de arbed and breakfast), empresa dedicada a la oferta de alojamientos a particulares y turísticos. La irrupción de este software ha provocado el encarecimiento del alquiler de viviendas en ciudades como Madrid y Barcelona. En la capital, por ejemplo, donde el alquiler ha subido un 32 % desde 2013, es prácticamente imposible encontrar un piso, por pequeño que sea, por menos de 500 euros dentro de la M30.

La turistificación, apoyada por estas nuevas plataformas, ha expulsado de los núcleos urbanos a la clase obrera, tal y como señala Antonio Maestre en La Marea. “La aparición de nuevas corporaciones empresariales como AirBnb, que están sustituyendo el alquiler residencial por la estancia vacacional, ha provocado una espiral inflacionista en los precios que hace imposible a los trabajadores acceder al mercado de la vivienda. No solo ocurre en los centros de las ciudades, sino en el resto de anillos urbanos concéntricos que se ven influidos por el aumento de los costes”, señala.

¿Y si al resto de empresas les da por copiar este modelo? ¿Existirá el riesgo de la ‘uberización’ de la economía? El Mundo entrevistó a Nick Srnieck, profesor de Economía Digital en el King’s College y autor de Platform Capitalism, quien respondió lo siguiente: “Conviene recordar que la así llamada gig economy es aún una parte pequeña de la tarta, aunque es cierto que se está extendiendo. Y aún así, yo diría que las plataformas sin activos, como Uber y Airbnb, son insostenibles. De alguna manera, han replicado el modelo de las ‘puntocom: crecimiento antes que beneficios… en el último trimestre de 2017, Uber tuvo unas pérdidas de 1.200 millones de euros. Su verdadera ambición es funcionar en el futuro con su propia flota de vehículos autónomos. Airbnb se está moviendo también en la misma dirección y planea la construcción de sus propios pisos de alquiler temporal”, señaló el experto.

Para Srnicek, estas plataformas como Uber o Airbnb no seguirán funcionando mucho más tiempo con el actual modelo. No ocurrirá lo mismo con los verdaderos gigantes tecnológicos, Google y Facebok, compañías que han ido comprando nuevas compañías, pero manteniendo la esencia de su negocio: la extracción de datos y los anuncios a la medida de sus usuarios.

analytiks

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