DeportesEn PortadaFútbol

El fútbol en cuatro palabras (y 450 páginas): Martí Perarnau descifrando

0
Gyorgy Sarosi

De 2021 es La evolución táctica del fútbol (1863-1945): descifrando el código genético del fútbol de la mano del falso 9, un excelente (completísimo y muy bien informado) libro escrito por el ex atleta y periodista deportivo español Martí Perarnau, un impresionante y minucioso estudio del deporte al que llamamos fútbol (tal y como lo conocemos) desde sus inicios en el siglo XIX.

“El fútbol ha evolucionado por la energía de tres vectores combinados: las ideas, los viajes y los desafíos”.

El fútbol en cuatro palabras (y 450 páginas): Martí Perarnau descifrando 9Martí Perarnau (para quien “el fútbol no solo es un ser vivo, sino que es una actividad más líquida que sólida, más informal que rocosa, más gaseosa que pétrea: el fútbol es evolución, el fútbol son ideas”) establece como hilo conductor de su texto que “los falsos 9 han sido los mejores delanteros centro de la historia, por lo que en justicia sería a ellos a quienes deberíamos considerar como los auténticos delanteros centro”: según él el primer falso 9 fue el uruguayo José Piendibene, quien inventó esa posición en 1910, de manera que desde entonces todos aquellos atacantes “han influido desde esa función en el desarrollo táctico del fútbol”.

“Es muy común la creencia de que el fútbol es un edificio de acero y hormigón, insobornablemente diseñado, totalmente construido y concluido. Un edificio plenamente finalizado en el que no caben modificaciones, por sutiles que sean. Pero la realidad es muy distinta: el fútbol es un ser vivo en perpetua evolución, donde puede parecer que todo está inventado pero donde también todo está por desarrollar. Cualquier actividad humana nace, crece, se desarrolla, alcanza su madurez e inicia su decadencia (en términos evolutivos) y, como tal, el fútbol no es ajeno a este ciclo. De hecho, ya ha recorrido una buena parte de su camino, por lo que es lícito pensar que este deporte se encuentra en su fase de madurez. Su horizonte de progreso es limitado, pero aún se encuentra lejos de la fase de decadencia evolutiva, al contrario que algunas bellas artes, que atraviesan dicha curva de decadencia”. 

Perarnau incide una y otra vez en su libro en algo esencial: “la evolución táctica nos mostrará que el falso 9 se ha ejercido con acierto y eficacia dentro de la pirámide y también en el interior de la WM británica, en el juego ofensivo pero también como parte del defensivo cerrojo suizo, en equipos de mentalidad proactiva y asimismo en otros de carácter reactivo”. Según él, “la función del delantero centro mentiroso prácticamente se ha utilizado con cualquier módulo de juego y bajo cualquier concepto global”. Todo ello sería así porque “el falso 9 contiene todo el fútbol en su interior”.

“Cuando el propósito principal de un delantero centro consiste en liderar y conducir una línea de ataque mediante pases y combinaciones, sin duda resulta más sencillo hacerlo desde atrás que desde la punta de lanza, como descubrieron todos los grandes atacantes de la historia, todos ellos falsos 9 en algún momento de sus carreras, desde Alfredo Di Stéfano a Bobby Charlton, de Johan Cruyff a Gerd Müller, de Diego Maradona a Leo Messi”. [¿Y Benzema? Le pregunto yo a Perarnau, que no me escucha, claro.]

Vayamos a los orígenes

Los ingleses no inventaron el fútbol, pero lo reglamentaron: la normativa consensuada el lunes 26 de octubre de 1863, en el pub Freemason’s Tavern, en Lincoln’s Inn Fields (Londres), surgió tras tensas discusiones y pactos frágiles, lo que le otorgó un carácter muy peculiar. Aquel reglamento primigenio estuvo profundamente influenciado por el deseo de separar fútbol y rugby. Desde aquella fecha, y mediante sucesivas modificaciones, el reglamento ha sido un instrumento que ha ordenado y dinamizado el juego con una pelota en los pies, una actividad lúdica, aunque caótica, que se practicaba desde la Antigüedad (el episkyros griego, 350 a. C.). Como primera virtud, el reglamento unificado de 1863 permitió que la actividad se difundiera en todo el mundo de manera uniforme, al dictar unas reglas comunes de actuación”.

En 1860, “los jugadores que componían los primeros clubes de fútbol pertenecían de forma mayoritaria a las clases alta y media de la sociedad británica”. Perarnau defiende que la práctica reglamentada del fútbol nació “en pleno epicentro del llamado Siglo Imperial (1815-1914, apogeo del Imperio Británico)” y “estuvo profundamente marcada por el espíritu amateur y elitista de sus protagonistas”, algo que cambiaría a partir de 1885, cuando se legalizó el profesionalismo.

Cuando empezó el fútbol tal y como lo conocemos era un deporte dominado por lo que podríamos llamar el espíritu individualista, digamos que el pase estaba prohibido (es un decir, pero sí mayoritariamente mal visto): “era algo propio de cobardes, ya que el ataque resultaba ser la única vía aceptable para la aspirante a héroe”. No olvidemos que los primeros equipos estaban compuestos por un portero, un zaguero y nueve delanteros. Cuando hablamos de verdaderos héroes no estamos usando una simple metáfora:

“En 1890 fallecieron 26 jugadores en el fútbol inglés, la mayor parte como fruto de las batallas que se daban entre delanteros y zagueros, además, hubo 38 piernas rotas, 8 brazos rotos, 19 clavículas fracturadas…”

Todo tiene una explicación: aquel reglamento todavía no disponía de suficientes “medidas coercitivas ante las agresiones del zaguero al delantero ni mucho menos en términos de protección de los guardametas”. Habría que esperar a 1891, cuando se introdujeron reglas que permitieron frenar aquella violencia: el área del gol, el área de penalti, el castigo de toda infracción en su interior…

El fútbol en cuatro palabras (y 450 páginas): Martí Perarnau descifrando 10Conviene aclarar que, aunque había nueve atacantes, en realidad no jugaban nueve delanteros contra un zaguero, sino que “siempre era un hombre contra otro hombre”. El juego era totalmente individual: en cada equipo, uno atacaba y ocho miraban. En realidad, diez. El fútbol consistía entonces en “duelos individuales, atacante contra defensor, con el resto del equipo esperando el resultado de cada desafío”.

“El juego en aquellos inicios no poseía una mínima organización. El fútbol arrancó sin orden, surgió desde el caos absoluto, pero con la indisociable intencionalidad de atacar. Patear el balón y correr hasta alcanzar la portería enemiga. Los inventores del reglamento señalaron la dirección inequívoca (la portería rival) y también una primera guía de juego: patear, correr y driblar. El juego directo inglés. Esta ordenación original de carácter ofensivo marcará al fútbol de forma irreversible, pues lo impregnará siempre de dicho espíritu y concepto. Cuando muchas décadas más tarde, en pleno auge del juego defensivo, Johan Cruyff recuerde que ‘al fútbol siempre debe jugarse de manera atractiva, debes jugar de manera ofensiva’, solo estará reflejando la universalidad del espíritu de los pioneros”.

Efectivamente, parecería que estamos hablando del modo de jugar que se practica en los patios infantiles de los colegios: así era el fútbol hasta que los escoceses decidieron convertirlo en un deporte de equipo.

“En contraposición al estilo directo inglés, poco antes de 1870, los escoceses inventaron el pase. Gracias al impulso del Queen’s Park Football Club, el gran club amateur de Glasgow, surgió el juego de pases”.

La ciudad inglesa de Sheffield “fue uno de los grandes motores del fútbol en Inglaterra”: allí nació en 1857 el primer club de la historia, el Sheffield Football Club, y allí “se idearon los populares Sheffield romos, de capital importancia para el desarrollo del juego, al introducir conceptos como el fuera de banda, el saque de esquina o la falta indirecta”. Nada menos que cinco de las 13 normas del reglamento del fútbol elaborado en el año 1863 “fueron propuestas por la asociación de fútbol de Sheffield”, que se encuentra a medio camino entre los otros dos grandes núcleos impulsores del fútbol británico, la escocesa Glasgow y la también inglesa Londres. Sheffield “aglutinó tendencias y conceptos innovadores hasta el punto de erigirse en centro neurálgico de la evolución del fútbol en el tramo final del siglo XIX”. Solo en el área próxima a ella habían surgido ocho clubes de fútbol antes de 1861, cifra que se elevó a once un año después”.

El nacimiento del fútbol contemporáneo

Desde 1907 se extendió la práctica del bogey offside, el antecedente de la manida trampa del fuera de juego, cuyo abuso feísta acabó provocando que se cambiara en 1925 el reglamento en cuanto al número de jugadores defensores que determinaban el fuera de juego: de tres pasaron a ser dos. El fútbol se estaba convirtiendo “en un juego monótono en el que se sucedían los fueras del juego de incautos delanteros y se alcanzaron cifras absurdas de infracciones en un mismo partido”. Tal situación suscitó que la International Board (formada por las cuatro asociaciones del Reino Unido más la FIFA) cambiara un aspecto esencial del reglamento:

“El objetivo prioritario de la International Board consistió en intentar frenar el aburrimiento del público y su posible marcha de los estadios, por lo que resolvió el conflicto aprobando el 13 de junio de 1925 la modificación de la regla del offside. A partir de dicho cambio del reglamento el fútbol nunca volvería a ser igual”.

Aquello resultó revolucionario: cambió las tácticas del juego en todo el mundo e incluso llegó a modificar su estructura misma. Tuvo dos consecuencias inesperadas: de un lado le “otorgó importancia per se a la táctica”, de otro “estimuló la organización defensiva del juego”. Semejante cambio en el reglamento dio origen al fútbol contemporáneo.

Las más de 60 páginas el capítulo dos se titulan ‘José Piendibene, el primer falso 9 (1909-1930)’.

“Los primeros grandes éxitos del fútbol uruguayo se concretarían en el dominio el Campeonato Sudamericano entre 1916 y 1924 y los posteriores triunfos universales en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, así como en la primera Copa del Mundo en 1930”.

En la segunda década del siglo XX, a las puertas de la Primera Guerra Mundial, al mismo tiempo que “el fútbol británico se enredaba en la trampa del fuera de juego, a la que se acusaba de ser responsable del descenso goleador, y comenzaba a abrazar postulados que conducirían al surgimiento de la orientación defensiva del fútbol”, en América del Sur, concretamente en Uruguay Argentina, el juego evolucionaba “hacia parámetros de excelencia técnica, organización piramidal y orientación extremadamente ofensiva”.

La implantación del fútbol en el área del Río de la Plata se produjo como se produjo en prácticamente todo el mundo: “a través de comerciantes, ferroviarios, empresarios y marinos británicos”. En el caso argentino, el fútbol llegó “de la mano del educador escocés Alexander Watson Hutton, y a Uruguay a través del inglés William Leslie Poole, profesor de literatura”. Siguió “un proceso idéntico a lo ocurrido en otras partes del mundo: los británicos traían el juego, las reglas, los balones y las ideas, sembraban todo ello al principio excluyendo el juego a los nativos, limitando la disputa de partidos solo entre británicos, para más adelante terminar aceptando la participación local, lo que en cada país imprimía una singularidad especial. De manera que el juego acababa por convertirse años después “en una actividad abierta a todos que era asumida asimilada y practicada por la población local sin mayor participación británica y, aunque siempre quedarían huellas ideológicas de dichos orígenes, ésta sería subsumida dentro de la idiosincrasia local”. Para Perarnau, creo que exageradamente, hay una gran realidad social: “cada pueblo juega al fútbol según su manera de ser”. Imagino que al principio pudiera ser así, pero su evolución, su desarrollo su práctica de décadas, nos dice otra cosa. De hecho, el autor reconoce páginas después que “las sociedades cambian y con ello se modifica también su forma de jugar al fútbol”. Aunque lo que yo pienso es que lo que cambia al fútbol es sobre todo su propia interrelación universal, de manera que ese fenómeno cada vez más global cada vez es menos una realidad relacionada con los pueblos donde se practica, se ve, se disfruta. Cuando el autor de La evolución táctica del fútbol afirma rotundo que “cada pueblo juega según su manera de ser: se juega como se es”, no completa el adagio. Se juega como se es, al principio… Y luego: como se aprende, se necesita, se permite.

Vuelvo al fútbol uruguayo de las primeras décadas del siglo anterior. Vuelvo a Piendibene, el primer falso 9 de la historia: a partir de 1910 en la selección uruguaya y desde 1911 en el Peñarol de Montevideo. Vuelvo a Uruguay, que fuera la gran campeona de la década de los veinte del siglo pasado, “en una de las mayores demostraciones que el fútbol ha vivido gracias a la riqueza del mestizaje ideológico”. Y Perarnau, al afirmar tal cosa, se contradice: no se juega como se es, al menos los pueblos no lo hacen, su fútbol, el de los países, las regiones, las ciudades, es fruto del mestizaje ideológico.

De forma indirecta, a raíz de la modificación del fuera de juego de 1925, el fútbol escocés el del Cono Sur serían sus primeras víctimas, ya que sufrieron las consecuencias “en forma de estancamiento”, al mismo tiempo que aparecían “tres grandes focos de efervescencia ideológica en el fútbol europeo: Inglaterra, Austria y Hungría, donde se darán toda una serie de avances técnicos. Esos tres escenarios acapararán en los siguientes diez años casi todas las evoluciones, de manera que Inglaterra conservará su hegemonía intelectual, en tanto que Austria y Hungría “aprovecharán la ebullición intelectual que aún destila el Imperio Austro-húngaro tras su desmantelamiento”: estos tres escenarios serán el ámbito donde tendrán lugar los principales avances del fútbol entre 1925 y 1937, “antes de que Italia alcance la hegemonía universal en la segunda mitad de los años 30”.

El fútbol en cuatro palabras (y 450 páginas): Martí Perarnau descifrando 11

En este punto, el intenso y extenso libro de Perarnau prosigue hablándonos de la táctica tan longeva de la WM: cuando escribe que “desde entonces el fútbol se jugaría pensando” se refiere el autor a lo que ocurrió en el universo fútbol a raíz de las innovaciones del entrenador inglés Herbert Chapman.

“Los treinta años que transcurrieron entre 1910 y 1939 fueron de máximo esplendor para el fútbol continental europeo, que vio surgir y florecer a varios de sus grandes líderes tanto en los banquillos como en los terrenos de juego”.

En aquellos tiempos, la eficacia de los escoceses hizo brotar las semillas de su juego de pases cortos en abundantes escenarios, aunque ninguna tierra fue tan fértil como las orillas del Danubio”. Si en 1905 la llegada de John Harley cambió el destino del fútbol en Argentina y Uruguay (generando la aparición del primer falso 9 de la historia, Piendibene), “iniciando un abrumador dominio del fútbol uruguayo”, la de John Tait Robertson a Budapest en 1911 “provocó la puesta en marcha de una marmita creativa en el fútbol húngaro”. Después, la experiencia allí de Jimmy Hogan y muchos otros técnicos y jugadores “dio paso a la escuela danubiana, de la que brotó el Wunderteam austriaco bajo el impulso innovador de Hugo Meisl”.

En efecto, “a orillas del Danubio las semillas sembradas por Robertson y Hogan desembocaron en algunos de los más célebres falsos 9 de siempre”. Viena, Praga y Budapest “encarnaron tres maneras diversas de interpretar la misma concepción del fútbol basado en el juego escocés, dominadora del balón, de excelente técnica y algo de descreimiento táctico, siempre organizada en forma de pirámide”. Fue la llamada escuela danubiana, frente a la cual “creció el poderoso método italiano, liderado por Vittorio Pozzo, el mejor gestor de grupos de la época, de una eficacia demoledora, sutil en lo táctico, al mezclar lo mejor de la pirámide con lo más útil de la WM con una fuerte energía emocional”.

Hugo Meisl, Jimmy Hogan, Herbert Chapman y Vittorio Pozzo son catalogados por Perarnau como los padres fundadores del fútbol europeo. Por su parte, dos futbolistas emergieron sobre todos los demás en esta brillante era del fútbol europeo: Matthias Sindelar (“la gran estrella del Wunderteam austriaco, el Fred Astaire del fútbol mundial, un falso 9 prodigioso y astuto”) y György Sárosi (”el capitán indiscutible y el falso 9 versátil y dúctil de la Hungría creciente que años después fraguaría en el Aranycsapat mágico”), símbolos ambos de la mejor escuela danubiana, “fueron los héroes de un imperio que se evaporó”.

Cuando todo (o casi todo) quedó inventado en el fútbol

Nos vamos a Argentina:

Argentina albergó entre 1925 y 1945 a varias de las mejores generaciones de futbolistas de su historia y a algunos de sus equipos más celebrados. Disfrutó de un movimiento esencial en la evolución táctica: la Máquina de River. Liderada por Adolfo Pedernera en calidad de falso 9, la Máquina fue el primer gran intento de practicar el fútbol total, entendido como simbiosis de todos los conceptos creados en el juego desde su origen reglamentado en 1863”.

El auge del fútbol argentino, especialmente a partir de los años 30 del siglo pasado y hasta mediada la siguiente década, se debió a “una combinación entre el talento y la audacia”. A Perarnau no le cabe duda de que la aparición de lo que dio en llamarse la Máquina de River “fue uno de los grandes acontecimientos en la evolución del fútbol del siglo XX.

Pedernera, una de las sensacionales figuras de las iniciales de aquel River Plate de ensueño, su falso 9 por excelencia (“la pieza clave de la maquinaria”), mantenía que “a nadie se le puede enseñar a jugar al fútbol, pero si es posible corregir los defectos”, muy en la línea de la opinión más aceptada sobre la formación de un futbolista, que dice que se aprende antes de que alguien te pueda enseñar algo, y que esa enseñanza a posteriori sólo puede mejorar lo que el talento ya ha originado.

Pero la Máquina no sólo fue Pedernera, evidentemente: destacaba, de hecho, José Manuel Moreno, quien “fue considerado por muchos sin discusión el mejor jugador de todos cuántos se reunieron en aquel fútbol argentino de los años dorados, hasta el punto de ser comparado con Pelé”; en tanto que Ángel Labruna “continúa siendo el mayor ídolo de la historia de River, su máximo goleador histórico, su santo y seña”. Si bien “Pedernera fue la Máquina y la Máquina fue Pedernera”. Juan Carlos Muñoz, extremo derecho de la Máquina de River, decía que “lo más fácil es lo mejor”.

Lo reseñable de todo aquel fenómeno rioplatense es que la primera síntesis de todos los estilos y conceptos que habían surgido a partir del reglamento del fútbol se produjo en Buenos Aires, donde River Plate “puso los cimientos del fútbol total al aunar todos los caminos que con anterioridad se habían bifurcado”. La Máquina de River sería, por tanto, el primer intento serio de sintetizar el fútbol a través de una perspectiva global que conectara a todos sus integrantes de manera armónica”.

El director técnico de la Máquina, Renato Cesarini (italiano de origen), fue capaz de explicar una cualidad esencial de aquel equipo, “que resultaba casi invisibles a los ojos”, cuando afirmó que “sus integrantes aprendieron a moverse sin la pelota; hasta entonces jugaban los que entraban en posesión de la pelota: en la Máquina, los que más jugaban eran los que no la tenían”.

En suma:

Entre 1863 y 1945, todo (o casi todo) había sido inventado en el fútbol. El juego directo, el juego de pases, el falso 9, el ataque en abanico, el ataque en W con los intereses adelantados o retrasados, los cerrojos defensivos, el contraataque, los delanteros centrs que cabecean un centro lanzado desde el banderín de córner, el líbero, dos zagueros, tres zagueros, cuatro defensas, cinco defensas, el 4-2-4, el 3-4-3 o el 3-2-5. la pirámide, el método, la WM, los extremos a pierna cambiada, el mediocentro de ataque, las permutas de posiciones, el juego de posiciones fijas, el penalti de cuchara, el regate inacabable, el gol desde 70 metros, el gol olímpico, la falta a la escuadra, salir jugando desde la defensa, el pase hacia atrás al portero, el pase cortado, el pase al espacio, la sucesión de pases para desorganizar el adversario… Todo fue inventado”.

El fútbol en cuatro palabras (y 450 páginas): Martí Perarnau descifrando 12

Se desarrollaron en esos primeros 80 años que transcurren entre la redacción del reglamento (“el gran motor de los cambios”) y el final de la Segunda Guerra Mundial las directrices del fútbol: “todas las herramientas e instrumentos que se pueden dar y combinar en el fútbol habían quedado construidas en 1945 y puestas a disposición de quienes iban a interpretar el juego a partir de entonces”.

Antes de la extraordinaria y utilísima cronología del libro. Martí Perarnau lo despide con este párrafo absolutamente concluyente:

El falso 9, que contiene todo el fútbol en su interior, había revelado los cuatro elementos del juego: balón, espacio, tiempo, engaño. El fútbol en cuatro palabras”.

[coda] Inglaterra y el fútbol femenino

La única mención al fútbol femenino de todo el libro la hace Perarnau en la página 184, en una cita a pie de página que dice: 

“El 5 de diciembre de 1921, la Football Association inglesa dictó una instrucción a los clubes pertenecientes a la federación para que no permitieran el uso de los recintos para los partidos entre mujeres. El fútbol femenino se había iniciado en 1881, alcanzando cierta popularidad a finales del siglo XIX merced al British Ladies’ Football Club. Su mayor expansión se dio a partir de la Primera Guerra Mundial, cuando la mujer se incorporó de forma masiva al trabajo en la industria metalúrgica para fabricar munición de guerra y con la aprobación del derecho al voto en febrero de 1918. A partir de la puesta en marcha de la Munitionette’s Cup, el fútbol femenino alcanzó una importante expansión; fue el Dick, Kerr’s Ladies Football Club quien acaparó la mayor atención. En el Boxing Day de 1920, el Dick, Kerr’s llenó las 53.000 plazas del estadio de Goodison Park en Liverpool en su partido contra Saint Helen’s Ladies, y aún quedaron otros 150.00 espectadores sin poder acceder al recinto. El Dick, Kerr’s realizó también una gira por Francia y numerosos partidos para recaudar fondos para ayudar a la huelga minera de 1921. Su éxito fue tan clamoroso que la federación inglesa decidió prohibir el fútbol femenino, decisión que no sería revocada hasta 50 años más tarde, en 1971”.

Pero, eso sí, Perarnau no explica en ningún sitio por qué ocurrió esto, que el fútbol femenino fuera prohibido porque le gustara a le gente. ¿Inexplicable?

José Luis Ibáñez Salas
José Luis Ibáñez Salas es historiador, editor y escritor. Autor de 'El franquismo', 'La Transición', '¿Qué eres, España?', 'La Historia: el relato del pasado' y 'La música (pop) y nosotros', edita material didáctico en Santillana Educación y sus textos aparecen también en publicaciones digitales como 'Nueva Tribuna', 'Periodistas en Español', 'Aquí Madrid', 'Narrativa Breve' o 'Moon Magazine'. Su blog se llama Insurrección (joseluisibanezsalas.blogspot.com).

Actualización de la Corona

Entrada anterior

El genocidio y la desnazificación

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Los comentarios están cerrados.

Más en Deportes