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Cambiar el capitalismo

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Salvar el capitalismo
Foto: AdobeStock

Ana Botín la ha vuelto a liar. La presidenta del Santander, entre partido de golf y viaje a la City londinense, donde se hizo mayor financieramente, se presenta en Madrid para clamar en el desierto que el capitalismo o cambia o no tiene cabida en la sociedad actual. Hay un gran problema de confianza que exige cambios y otra visión. Si nadie lo quiere ver, el negocio se vendrá abajo, no solo en la banca, sino también en buena parte de las empresas que operan bajo el paraguas del capitalismo actual.

Tener en cuenta el entorno

Para Ana Botín “las empresas necesitan tener en cuenta los intereses y las expectativas razonables de un amplio abanico de stakeholders, entre los que se encuentran los clientes, los empleados y las comunidades en las que operan, además de los accionistas”. No está mal para empezar. Unas palabras que, en todo caso, vienen a poner de manifiesto lo que todo el mundo sabe y no se atreve a reconocer, que el sistema no funciona.

Burbuja inmobiliaria

Una de las constantes que marcan el inicio de las crisis suele coincidir desde hace tiempo con la llegada de burbujas inmobiliarias. El banco de inversiones suizo UBS ha realizado un estudio comparando el riesgo de sufrir una burbuja inmobiliaria en 24 ciudades. Según sus cálculos, la ciudad alemana Múnich ocupa en la actualidad la cúspide del ranking, con un índice del 2,01, en el que los valores superiores a 1,5 suponen un riesgo.

Madrid ha entrado por primera vez en el ranking elaborado por el banco suizo. La ciudad está en la posición 17 con 0,61 puntos. Llama la atención que Madrid esté por encima de ciudades como Nueva York que goza de un índice 0,50 y dónde comprar un apartamento en el centro de 60 metros cuadrados supone el salario de once años.

Según UBS los precios en la capital están sobrevalorados y han aumentado un 30 por ciento desde 2012 pero se encuentran lejos aún de los precios máximos que se vivieron en 2007 cuando estalló la burbuja inmobiliaria. El encarecimiento de los precios de la vivienda ya ha sido motivo de preocupación para el Fondo Monetario Internacional (FMI) que alertó en el primer trimestre de este año sobre las consecuencias de una nueva burbuja. Mientras, el Banco Central Europeo advierte de los peligros de burbujas y señala que se debe actuar con prudencia, en especial a la hora de tomar medidas macro para evitar futuras crisis en el sector que afectan a toda la economía.

El Banco de España advierte de una ralentización iniciada desde finales de 2018 por la menor demanda interna, a pesar de las condiciones de financiación. La incertidumbre se ha trasladado al mercado, al endurecerse los criterios para dar hipotecas y apunta que los precios siguen creciendo, si bien con una cierta desaceleración.

Colchones con los ciclos

El apunta que, en general, para no repetir errores hay que empezar a construir con tiempo colchones anticiclicos, sobre todo cuando las entidades tienen unos niveles de capital bajos, a la cola de la UE. El Banco de España quiere que se amasen unos colchones suficientes para cuando haga falta. Sin embargo, también intenta suavizar la entrada en vigor para que los cambios de comportamiento no sean bruscos.

La crisis económica reciente de la que aún no ha salido el sistema comenzó por la confluencia de varios factores simultáneos en lo que fue la tormenta perfecta, pero sin duda uno de los elementos sustanciales fue primero, la burbuja inmobiliaria y segundo, su pinchazo de golpe.

El comienzo de la crisis, hace ahora algo más de una década, tras el hundimiento de las promotoras, creó un inmenso agujero en el sistema financiero, lo que unido a la fuerte subida del desempleo por el impacto del parón de la construcción, generó en España una situación caótica que estuvo a punto de llevarse por delante al país entero que estuvo al borde del rescate varios años.

Fue una crisis sistémica, con origen y epicentro inmobiliario, basada en una burbuja irracional alimentada por un sistema financiero huérfano de control, especialmente entre las cajas de ahorros y que, como consecuencia, acabó con su práctica desaparición del sistema financiero español.

El vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de Guindos, se mostrado seguro al afirmar que el BCE podría tomar cartas en el asunto si los 12 países que no cuentan con el colchón de capital siguen sin actuar.

Fondos buitre al acecho

No es el único problema, las ventas a corto, prohibidas o restringidas en varios países, incluida España, buscan ganar dinero en empresas o divisas que el inversor cree que van a ir a la baja. Aunque los fondos buitre utilizan sistemas muy sofisticados, el principio básico es tomar prestadas acciones a cambio de una comisión y luego devolverlas un tiempo después, fijado previamente. Por ejemplo, el fondo compra acciones a un precio de 100 unidades cada una y las vende de inmediato en el mercado a ese precio. Cuando llega el momento de devolverlas, las vuelve a comprar en el mercado: si el valor ha caído a 80 significa que ha ganado 20 porque paga a 80 lo que compró a 100, pero si el valor ha subido y se ve obligado a comprarlas por ejemplo a 110, en lugar de ganar ha perdido 10 por cada acción, además de la comisión que le paga a quien le prestó las acciones. Es fácil entender que el fondo buscará que el valor caiga en el mercado.

El capitalismo debe cambiar

Es evidente que el capitalismo debe cambiar, la cuestión es cómo hacerlo porque los conocedores del tema aseguran que no lo hará nunca. Mientras alguien se atreve con los cambios, la realidad del momento es lo que cuenta. La marcha de la Eurozona está de capa caída, y eso se contagia a España. El contexto internacional no ayuda, con guerras comerciales y la incertidumbre que genera el Brexit, con varios países pasando serios apuros, como Alemania o Italia, que lastran el crecimiento del resto de socios de la zona euro. Pero si a todo eso añades el hecho de que España no cuenta con herramientas económicas efectivas, en ausencia de un presupuesto, los escenarios de riesgo son mayores para una economía española que, sin embargo, sigue creciendo por encima de la media de la Eurozona.

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