Economía

Crisis de la libra e impuestos

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Crisis de la libra e impuestos 1

¿Qué pasa con los impuestos? Es una buena pregunta, pero una de esas grandes cuestiones sin respuesta o, dicho de otra manera, con tantas respuestas como posturas de quien la formule. Para los inversores, la opción es clara, reducir los gastos del Estado y apostar por la competencia, la innovación y la economía productiva. Para los defensores de la socialdemocracia, garantizar el bienestar con más recursos.

Otra pregunta es qué impuestos se deben subir si es que esta es la alternativa, el de la renta de las personas físicas, el IVA, patrimonio… Está claro que cada vez en mayor medida será necesario afrontar costes más elevados de los servicios sanitarios, las pensiones, la educación y la dependencia. Pero, al mismo tiempo, cada vez habrá menos cotizantes y, lo que aún es peor, cotizantes por cuantías cada vez más menguantes.

En una palabra, con este panorama parece pintarse un horizonte pesimista sobre el futuro, aunque todos los nuevos retos pueden encontrar solución si aplicamos nuevas e imaginativas medidas. Conocer cuál es el gran reto, pero sin duda un mayor endeudamiento constante nos llevará a una situación insostenible en la que garantizar la estabilidad que hemos conocido durante el último medio siglo dejará de ser habitual para convertirse en un recuerdo melancólico.

Por ejemplo, ahora vemos como en Reino Unido se intenta encontrar una oportunidad después de haber creado un problema donde ya había una solución. Así, la libra baja, lo que en principio sería malo, aunque las exportaciones británicas pueden mejorar su entrada en los mercados. Y, a la vez, aunque surgen competidores para Londres como capital financiera del mundo, la reputación de la City sigue siendo excelente, con un marco jurídico creíble, basado en la ‘costumbre’ y poco ‘acostumbrado’ a los cambios e incluso a los controles excesivos.

A la vez, la divisa británica cuenta con fuertes competidores, lo que debilita su rentabilidad de la deuda. Es decir, un crecimiento más bajo reduce el atractivo de la moneda y cambia las preferencias hacia activos que, o bien son muy seguros, o poseen un carácter internacional. Cada vez que se habla de ‘Brexit duro’ la libra cae, aunque se sobrepondera la rentabilidad de los bonos.

El escenario de inversores y no sólo, también el de operadores, consultores y financieros, vive atenazado ante la amenaza inminente de una crisis de la libra. La consecuencia inmediata es la subida de los productos. Ya se nota en la calle y en los alimentos básicos. Por tanto, cuando el Gobierno de Theresa May comience a transmitir mensajes de endeudamiento para contener la inflación se encenderán más alarmas y la libra seguirá cayendo. ¿Se atreverá el Gobierno británico a una fuerte subida de los impuestos?

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No es un camino fácilmente transitable, lo que provocará una nueva vía, ‘Brexit dialogado’ o impulso económico para salvar los muebles. Por ejemplo, cuando en los años anteriores la Segunda Guerra mundial, Reino Unido abandonó el estándar de oro, se encerró en sí mismo y consiguió generar cierto crecimiento. ¿Se optará por sacar partido de cualquier situación o prevalecerá la ortodoxia económica?

Mientras esto pasa a orillas del Támesis, en Fráncfort, el presidente del Banco Central Europeo se esfuerza por asegurar que no retirará los famosos estímulos de 80.000 millones de euros al mes, al menos hasta diciembre. Una postura que ha tenido que reiterar en repetidas ocasiones ante los periodistas, lo que ha provocado una cierta sensación de que, en el fondo, se piensa justo en lo contrario. Si en Estados Unidos la SEC acaba anunciando una subida del precio del dinero, el banco europeo no podrá retrasar mucho una decisión similar y, como ya adelantó Analytiks hace una semana, los días del dinero gratis estarán  contados.

Desde luego, hay preocupación entre las autoridades económicas del mundo occidental ya que, a pesar de los informes que apuntan a una incipiente aceleración del crecimiento, a la vez hay inquietud sobre la amenaza que supone lo que aún, hoy por hoy, solo se puede calificar como bajo crecimiento. Entre los datos que generan incertidumbre, el cambio del modelo de crecimiento en China y su alta deuda corporativa, las perspectivas en Europa y del sector bancario en algunos países, el bajo crecimiento en varios países emergentes y los riesgos geopolíticos.

Hay cierta alarma con el proteccionismo, que sigue aumentando en los últimos años, algo que los países del G20 siguen criticando, teniendo en cuenta, además, que se podrían acabar acelerando con las crecientes tendencias populistas. Medidas simples, como el proteccionismo, a problemas complejos, como el menor crecimiento y la desigualdad, se han aplicado antes y hay evidencia de que empeoraron la crisis de los años 30 hasta llevar a la gran recesión.

Por estos motivos, sigue habiendo perplejidad por el aumento de la desigualdad, un problema que tiene consecuencias económicas y sociales graves. Está documentado que se ha reducido en el mundo, en las últimas dos décadas por la salida de la pobreza de amplias capas de la población en países emergentes. Sin embargo, también es cierto que la desigualdad ha aumentado en prácticamente todos los países.

En los países desarrollados, el aumento de la desigualdad se explica por el retroceso de las clases medias y es donde están surgiendo tentaciones de medidas simples que reviertan la situación, como el proteccionismo, que empeora la renta de todos los países cuando todos lo practican. Las bondades de la globalización se perciben lejanas. Quedan lejos los beneficios de un mercado más grande para las empresas, que si tienen éxito puede crecer y crear empleo arañando tan solo migajas del mercado internacional; y queda casi olvidado el acceso masivo a bienes de mejor calidad y más baratos. Los costes se ven en la pérdida de puestos de trabajo, en aquellos segmentos que producen bienes replicables en otros países con costes más bajos y que suelen corresponder a personas con niveles de formación menores.

Así las cosas, la opinión pública actual y, a la vez, la opinión publicada, se centra en mayor medida en analizar la desigualdad y sus consecuencias cuando se están acelerando las medidas proteccionistas porque se empiezan a ver sus ramificaciones políticas en la decisión de Reino Unido de salir de la Unión Europea y en el programa proteccionista de Donald Trump en EEUU. La desigualdad viene de lejos, pero la crisis de 2008 la ha acelerado y todo duele más cuando el crecimiento es bajo. La solución, crecer y crear empleo para mantener el Estado de bienestar. Eso sí, dejar el populismo, solo es un engaño.

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Jack Miur
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