Economía

El dinero por delante

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Dinero PIB

La guerra de Ucrania ha despertado ciertos valores adormilados de Occidente, tanto en el plano político –hay que parar los pies a los autócratas con pretensiones expansivas- como en el humanitario -hay que socorrer a las víctimas de una guerra inicua, cruenta y despiadada-. Se han movilizado alimentos y medicinas que llegan en abundancia a la maltrecha Ucrania; incluso se ha enviado armas a los ucranianos para que traten de evitar lo inevitable ya que parece una temeridad combatir los misiles hipersónicos con prehistóricos lanzagranadas anticarros… Las sanciones ahogan a los rusos (más a los ciudadanos que a la nomenklatura),  en todo Occidente se están realizando cuestaciones para ayudar a los desvalidos y se han abierto las puertas para acoger a quienes han tenido la suerte y los medios para escapar del escenario de la matanza…  Con todo, este súbito y emocionante cambio tiene un límite: el del interés económico vinculado al bienestar de las elites occidentales: Rusia sigue vendiendo con toda normalidad el 53% del petróleo y el 78% del gas que produce por valor de más de 600 millones de euros diarios, sin los cuales probablemente no podría financiar la guerra. A nadie parece chirriarle esta oscura combinación de guerra salvaje y negocios redondos.

Pues bien: tenemos otro ejemplo parecido ante nuestras narices:  Argelia, extraordinariamente irritada por el hecho de que España tome en consideración como más realista la opción autonomista para el Sáhara Occidental, continúa exportando directamente gas a España, cerca del 40% del consumo de nuestro país, pese al aumento del abastecimiento español por metaneros norteamericanos que así aprovechan la gran capacidad de desgasificación de nuestros puertos.

Parece que ni los ucranianos ni los saharauis valen tanto como la estabilidad energética occidental.

¿La derrota de Putin?

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