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La economía mejora con Trump

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El nuevo presidente aún no ha jurado el cargo pero ya ejerce como líder del mundo y empieza a adoptar decisiones, aunque, de momento, sean de escala doméstica, como cancelar el nuevo Air Force One que estaba haciendo Boeing, que diseñaba un 747 absolutamente renovado, lo que implicaba costes desorbitados, algo que ni para un magnate inmobiliario está justificado. El efecto inmediato fue una caída del 1% en las acciones de Boeing, pero contiene un mensaje claro de marketing político a los ciudadanos que le han votado y que esperan decisiones diferentes para un tiempo de cambio. Es cierto que los analistas no ven en la decisión un ahorro significativo, ya que hacer dos nuevos aviones para el que reemplacen a los actuales, que tienen 30 años, costará 1.650 millones de dólares en una década y, además, si Trump usa su avión privado, el Estado le pagará por ello.

Pero al margen del avión presidencial, la economía no se ha resentido negativamente con el triunfo de Trump como predijeron algunos especialistas que apostaron por el matrimonio Clinton como garantía para la estabilidad económica. Y hasta el multimillonario Warren Buffett, el tercer hombre más rico del mundo, que apoyó a Hillary Clinton, ha visto incrementada su fortuna en 5.900 millones de dólares.

El triunfo del magnate ha generado un auténtico festín bursátil con subidas generalizadas de los bancos de EEUU, que ha generado destacadas plusvalías en las inversiones de Buffett, gestionadas a través de Berkshire Hathaway, con posiciones importantes en Bank of America, que han registrado incrementos del 28%, Goldman Sachs, subidas del 27,6% o Wells Fargo, 19%, American Express, 7,4% y US Bancorp, 10,5%.

Las predicciones saltaron por los aires y el triunfo de Trump ha generado una nueva etapa con un evidente optimismo en el mundo financiero de todo el mundo, un escenario basado en lo que el propio Trump defendió en su campaña. Su primera propuesta se articula en una reducción de impuestos, con un claro mensaje destinado a recortar el IRPF, en especial, las rentas más altas; así como el tipo máximo del Impuesto de Sociedades, pasando del 35% actual al 15%.

La segunda propuesta se centra aumentar el gasto en infraestructuras y defensa, mientras la tercera se destina a no alterar los programas del Estado de Bienestar y finalmente reducir las regulaciones.

En efecto, los banqueros se frotan las manos pensando que finalmente subirán los tipos de interés, lo que aumentará su margen de intermediación, la diferencia entre lo que pagan por financiarse y lo que cobran por conceder créditos. Al mismo tiempo, si las regulaciones son menos exigentes y complejas, las entidades financieras gozan de un mayor margen para correr riesgos, lo que acaba generando más beneficios, pensando además aquello de si hay pérdidas, ya se hará cargo alguien, sobre todo el sufrido contribuyente.

Pero en un mundo globalizado todo está íntimamente relacionado y lo que ocurra en Estados Unido influye en todo el mundo, especialmente en Europa, donde nadie quiere endurecer los requisitos de capital de los bancos que exige Washington. Así las cosas, tal vez los stress test no volverán a ser tan rigurosos en Europa y la regulación irá adaptándose a una nueva etapa.

Es evidente que casi nada ni casi nadie ha quedado indiferente ante la próxima llegada de Trump a la Casa Blanca. Y si la economía se ha comportado de manera diferente a lo que muchos predijeron, en política internacional se anuncian momentos de gloria. Así, el presidente electo ha mantenido una conversación telefónica con la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-Wen, que vienen a cambiar radicalmente casi 40 años de diplomacia complaciente con el régimen comunista de Pekín. El gesto ha sido tan sorprendente que ha dejado boquiabiertos a los responsables de la cancillerías en Extremo Oriente; mientras un más que posible encuentro en Washington entre Tsai y el nuevo inquilino de la Casa Blanca, podría provocar una reacción airada de China continental.

Pero uno de los temas más controvertidos del programa del nuevo presidente es su oferta para invertir un billón de dólares durante una década, cifra cuatro veces superior a lo que propuso su rival en las elecciones, Hillary Clinton. El objetivo es reconstruir carreteras, aeropuertos y otros nodos de transporte.

El intercambiador de autopistas de Miami, la reconstrucción de la estación Soutch Ferry del metro de Nueva York en el bajo Manhattan o la rehabilitación del lago Owens en California. Son algunas de las infraestructuras estadounidenses que dependen de una empresa española, OHL. El negocio en el bloque Canadá-Estados Unidos supone el 30% de sus ingresos, y la mayor parte del mismo se concentra precisamente en el área estadounidense.

ACS también opera en Estados Unidos. En el primer semestre del año la producción de ACS en el país supuso 6.000 millones de euros de ingresos de los 16.400 millones computados por el grupo en todo el mundo.

Pero el plan del nuevo presidente también tiene su paradoja, ya que a pesar de su eslogan “America Firs”, la masiva inversión podría acabar generando un claro estímulo fuera de Estados Unidos favoreciendo la economía global, algo que supone un contrapunto a sus ideas más proteccionistas.

 

 

Jack Miur
Siempre atento a la innovación, la ingeniería y El Progreso

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