Economía

Keynes: presente como siempre, olvidado como nunca

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Corría el año 2009 y los vientos de la crisis ya soplaban con intensidad y amenazaban la estabilidad mundial. Por aquel entonces, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, durante su intervención ante la Cumbre Mundial por el Empleo, profetizaba sobre la llegada de un “nuevo orden mundial” basado en la economía social y la regulación del capitalismo, todo ello con “criterios morales”. Asimismo, el mandatario conservador lanzaba un mensaje a los cuatro vientos, dirigido a todas las potencias, para actuar antes de que fuese demasiado tarde: “Ante el capitalismo financiero que se volvió loco a fuerza de no someterse a ninguna regla y del que empezamos a ver hasta qué punto puede ser destructor, ¿sería razonable esperar más?”. Las apelaciones a la moral y a poner fin a la barra libre de este sistema económico hizo que muchos recordasen un nombre: John Maynard Keynes

En ese mismo año 2009, el G20 lanzó un comunicado con unas palabras que pretendían ser balsámicas para esa sociedad que ya comenzaba a sufrir los estragos de la crisis. El texto aseguraba que los países estaban enfrentando el mayor desafío de la economía moderna, que todos debían unirse, que la prosperidad debía ser compartida entre todos los agentes sociales y que la respuesta de los gobiernos debía estructurarse en torno a los trabajadores. Además, añadían, se iba a “emprender una ampliación fiscal sin precedentes, que salvará o creará millones de empleos que de otro modo se habrían destruido”.

Y, sin embargo, llega 2010 y el Gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero coincide con la troika en que hay que dar un giro hacia la austeridad y recortar los derechos laborales, con lo que la tasa de paro comenzó a desbordarse hasta alcanzar el infame récord de 2013. La situación de la economía española comenzaba a teñirse de negro y es en este contexto cuando algunos economistas comenzaron a releer a Keynes, un economista que, en realidad, siempre ha estado vigente.

Sus libros, siempre sobre la mesilla

Un concepto keynesiano que vuelve a estar de moda es el del estancamiento secular. “El discípulo de Keynes, Alvin Hansen, decía que la salida de la Gran Depresión de 1929 podría desembocar en un estancamiento si no se daba una intervención económica del Estado para estimular la demanda”, explica Jorge Fabra, economista y doctor en Derecho, durante un debate organizado por Economistas Frente a la Crisis en el Círculo de Bellas Artes “Y en 2015”, continúa, “el economista Summers retomaba este concepto, cuyos rasgos característicos son el desempleo, tipos de interés cercanos a cero, el crecimiento débil del PIB, etc. Condiciones, todas ellas, reconocibles, en mayor o menor medida, en la economía europea”.

Durante su intervención, Fabra asegura que la preocupación por el estancamiento “se deriva de que puede ser muy difícil, o imposible, alcanzar una situación de pleno empleo o de estabilidad financiera simplemente con la política monetaria convencional. En un contexto como el actual, la política fiscal, la política de impulso a la demanda desde el Estado, vuelve a estar sobre la mesa como la vía más efectiva ante el riesgo de estancamiento. Organismos como el BCE repiten a menudo que la política fiscal debe reforzar la política monetaria expansiva que ha iniciado el organismo y que ya está en sus límites. También es necesario que se lleve a cabo una subida salarial”, ha puntualizado el presidente de Economistas Frente a la Crisis.

[pullquote]Es díficl alcanzar el pleno empleo con una política monetaria convencional[/pullquote]

Recientemente se ha hecho pública una propuesta que camina en esta dirección. “La Comisión Europea propuso en noviembre a los estados miembro que realizasen un impulso fiscal del 0,5 %. Pedía a Alemania y a Holanda que impulsasen la inversión para que el efecto arrastre impactase positivamente sobre los países del sur. La inversión como motor de arranque para activar la economía, concepto puramente keynesiano”, ha explicado. Sin embargo, desde Berín han tumbado esta propuesta.

Problemas vigentes

Carles Manera, catedrático de Historia Económica de la UIIB y miembro de Economistas Frente a la Crisis, señala dos problemas que Keynes abordó y que, a día de hoy, aún siguen vigentes: el desempleo y la articulación internacional. Para explicar su punto de vista sobre el primer punto, el experto se ha centrado en los salarios. Asegura que Keynes demostró que “un recorte salarial es lo que siempre se utiliza con la excusa de la competitividad y la productividad”. Esta jerga, explica, lo que esconde es una reducción en los salarios, algo que Keynes demostró que no incrementa el empleo porque “lo que se consigue es bajar la demanda, que es lo que estimula el crecimiento. Los salarios tienen que seguir el ritmo de la productividad; medirla es una asignatura pendiente”. Pero, ¿es posible reducir el desempleo? Ante esta trascendental cuestión, el catedrático asegura que el economista británico dijo que si las empresas y los consumidores no invertían, la única alternativa viable era el gasto público. “Y esto se ha cumplico en la historia económica. La inversión pública ayuda al crecimiento”, afirma. Más keynesianismo.

Sobre el segundo problema, Manera se dirige hacia Alemania, país que considera que está volviendo a tener la misma relación con los países del sur cuando pidieron abandonar el patrón oro. “Ahora se nos exige a los vecinos del sur más sacrificios de los ya realizados y que han generado enormes desastres. Grecia vuelve a saltar a la palestra por una medida de Tsipras con la que quiere dar una paga extraordinaria a las personas que perciban las pensiones de más bajo nivel. Esto ha encendido todas las alarmas, y eso que Grecia solo supone el 2 % de todo el PIB europeo. En la época de Keynes se daba la controversia de abandonar el patrón oro; en la actualidad, esa controversia sigue, pero ahora ha mutado, ahora se trata de abandonar el euro”.

[pullquote]La reducción de salarios no incrementa el empleo, lo que consigue es bajar la demanda[/pullquote]

¿Keynes desautorizado?

Desde los años 70, época de estabilización y crecimiento, se dio por muerto el riesgo de recesiones y, por tanto, la necesidad de políticas estabilizadoras de la demanda. La teoría de Keynes quedó enterrada, pero luego volvió a ver la luz y no por un progresista, precisamente. “Con la irrupción de la crisis, las administraciones de George W. Bush, primero, y Barack Obama, después, llevaron a cabo grandes medidas de estímulo público”. Medidas que ahora han dejado al gigante americano en una más que envidiable situación económica, pero que fueron criticadas por quienes defendían que aquello iba “a generar una contracción de la demanda privada porque el consumidor cree que le subirán los impuestos y prefiere ahorrar en lugar de consumir”, ha explicado Emilio Ontiveros, catedrático de Economía Aplicada de la UAM y presidente de Analistas Financieros Internacionales.

Otro elemento que ha tratado de desautorizar a Keynes y que compraron los modelos europeos proviene de Harvard: la austeridad. “A los países de Europa les dijeron que la austeridad es expansiva, algo que el FMI se ha encargado de demostrar que no es así”, ha recordado el experto, que antes de concluir su intervención ha hecho hincapié en que el problema no es el euro, ni la política monetaria, sino la insuficiencia de la política fiscal.

[pullquote]El FMI ha demostrado que la austeridad no es expansiva[/pullquote]

Crecimiento y progreso deben ir de la mano

Las crisis que se vivían en otros tiempos provenían de shocks externos al sistema, como las guerras, pero la actual es un producto del capitalismo, “de la ruptura del vínculo entre crecimiento económico y progreso social”, explica Antón Costas, catedrático de Economía Aplicada de la UB. “Somos el resultado de unas décadas donde la idea de crecimiento iba asociada a la de progreso social: el crecimiento económico conllevaba una mejor condición de vida, mejores salarios, etcétera”, añade.

El catedrático, que se define a sí mismo como “un defensor del buen capitalismo”, explica que hay que volver a crear ese vínculo para volver a hablar de progreso social. “La economía tiene que recobrar ese alma moral. Si no, dejarán de ser sirvientes del bien público para convertirse en amos”. Sin embargo, Costas confiesa que ve a los gobernantes perdidos, sin ideas, sin ganas de implantar esa moralidad en el mercado. Por ello, recomienda la lectura de Keynes, para que los que mandan se empapen del coraje intelectual del economista, una virtud que debería ser reivindicada.

Sergio García M.

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