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La disnea de la izquierda

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La disnea de la izquierda 1

Mientras la derecha aguanta todas las tempestades que le echen (corrupción, crisis, etc.), la izquierda se empeña, una y otra vez, en hacerse el harakiri o en crear sus propias tempestades. Luchas internas o violentos golpes de mando, son varios los caminos que tienen algunos grupos de izquierda para deprimir a sus votantes. Mientras tanto, el matrimonio entre el electorado y los partidos de derecha continúa en su permanente luna de miel.

La izquierda deprimida (y su imagen absorbida por Podemos) es el título del informe llevado a cabo por ‘Estudio de Sociología Consultores’ al que ha tenido acceso Analytiks y que desvela cómo la depresión entre los votantes de izquierda se mantiene, aunque se ha suavizado en el caso de los del PSOE. Esta formación ha recuperado algunos apoyos tras el gran tropiezo de octubre. Se trata, claro está, de un voto posicional cuya recuperación solo se puede atribuir al paso del tiempo desde el Comité Federal. Casi la mitad de sus votantes, el 47 %, desaprueba su gestión (según un sondeo de Metroscopia para El País) durante la legislatura y el 29,1 % la valora como mala o muy mala (Sigma-Dos para El Mundo). El problema de los socialistas es que se ha perdido en el mapa político: no está claro qué problema de la sociedad española podría resolver. Su imagen se ha desdibujado en la opinión pública, aplastado por la popularidad de PP y Podemos.

Los votantes de izquierda esperan, impacientes, la recomposición de sus partidos. El PSOE, por su parte, está erosionando su núcleo duro, es decir, personas con una profunda adhesión emocional hacia el socialismo. Sin embargo, la erosión provocada por el Comité Federal del pasado 1 de octubre ha cicatrizado, al menos parcialmente, ya que experimenta una leve recuperación de su intención de voto. El mayor problema al que debe dar solución cuanto antes el PSOE es el de la personalidad. A diferencia del resto de formaciones, los socialistas carecen de atributos. “En la batalla de la opinión pública está en una posición extremadamente débil. Un problema adicional para el PSOE es que la imagen de la izquierda está dominada por la incertidumbre sobre la unidad del país que emite Podemos”, subraya el estudio.

En cuanto a Podemos, la formación se divide en la eterna disyuntiva a la izquierda de los socialistas: convertirse en un partido de protesta o en uno institucional. Con distintos escenarios y personajes, el debate precongresual de la formación morada reproduce el ocurrido varias veces en Izquierda Unida y que termina con escisiones en todas direcciones. Los de Pablo Iglesias –de momento, y si no hay ninguna sorpresa, será él quien siga al frente–, cuyos votos se han estabilizado en los 4,5 millones, han frenado su erosión desde octubre-noviembre, aunque su problema de fondo permanece: la estrategia a largo plazo. “Su déficit de cohesión interna y las aprensiones que suscita sobre los riesgos cuyas propuestas suponen a la unidad del país suscitan demasiadas dudas y apuntan a la debilidad de la dirección para cohesionar la coalición. Pese a haber absorbido a todos los partidos a la izquierda del PSOE y vaciado a los nacionalistas de izquierda (menos ERC), no logra consistencia. Tal vez porque trata de integrar componentes demasiado heterogéneos que tiran en demasiadas direcciones sin que surja una coalición dirigente capaz de imponer un rumbo que las integre”, explica el análisis.

[pullquote]PSOE y Podemos tienen en común que ambos decepcionan a sus votantes[/pullquote]
Los ingredientes ideológicos de PSOE y Podemos son distintos. Mientras los de los primeros se condensan en el socialismo, en los segundos se aglomeran diversas corrientes ideológicas de izquierda, teñidas de nacionalismo periférico. Son dos versiones de la izquierda competitivas y casi excluyentes. Parece que la heterogeneidad que ha surgido en la izquierda conducirá a una refundación con nuevos referentes ideológicos. Pero hay algo en lo que coinciden, en la desestabilización de sus electorados. Ya hemos dado más arriba los datos de desaprobación de los votantes del PSOE, pues son muy similares a los de Podemos. El 28 % de los votantes de esta formación desaprueba su gestión y el 15,7 % la califica como “mala o muy mala”. La valoración de Pablo Iglesias es más bien baja (6,6 sobre 10), lo que indica división de opiniones sobre su liderazgo.

¿Y qué hay de la derecha? Según el estudio, es un juego “de suma cero” que transcurre lentamente. “La frontera entre el centro derecha con componentes conservadores y democristianos y el centro con ingredientes liberales y de ideologías suaves se ha estabilizado”, explican. En esta orilla ideológica hay un elevado acuerdo de los votantes con la gestión de sus partidos y dirigentes. Entre los del PP hay una elevada satisfacción con la gestión de su partido y una muy alta valoración de Rajoy (7,8 sobre 10). Entre los de Ciudadanos es algo menor: se valora la gestión del partido con 6,5 y a Rivera con 7,1. En ambos casos, los votantes que valoran negativamente la gestión de sus partidos son minoritarios.

analytiks

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