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La ropa de segunda mano se pone de moda

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Ropa segunda mano mercadillo Berlín
Mercado de ropa de segunda mano en Berlín | AdobeStock

Uno de los rasgos que definen a las últimas generaciones de consumidores, estas que han nacido con una conexión wifi bajo el brazo, es su conciencia medioambiental. Están más preocupados por el mundo que los rodea y, por ello, muchos deciden aportar su granito de arena dejando de consumir alimentos de origen animal o comprando ropa de segunda mano. Se calcula que este negocio superará en Estados Unidos al de la moda convencional en tan solo cinco años.

La amenaza de los principales retailers del sector textil ya no es solo el comercio electrónico. En Estados Unidos, según datos de ThredUp, uno de los grandes de este subsector –este marketplace cuenta con una oferta que se actualiza cada día con 40.000 nuevas piezas y que ha distribuido, en todo el mundo, más de 65 millones de prendas–, junto a la firma de estudios de mercado GlobalData, el mercado de la ropa de segunda mano generó ingresos en 2018 por valor de 24.000 millones de dólares, por debajo todavía de los 35.000 millones anuales que genera el mercado tradicional. En el próximo lustro, la cantidad ascenderá a 51.000 millones de dólares.

Mujer comprando productos de segunda manoEste cambio de paradigma es transversal, un manto que cubrirá a las firmas low cost y a las más lujosas. Ashley Graham, analista de la compañía Edited, dijo a S Moda que “en 2022 el sector de segunda mano superará también al mercado del lujo”. En cuanto a los bienes de lujo, el más puntero es TheRealReal, fundado en 2011 por Julie Wainwright. La firma, según Modaes, prevé alcanzar unas ventas de mil millones de dólares al término de 2019, cuenta con más de mil empleados y ha levantado más de 280 millones de dólares a través de rondas de financiación.

Los primeros síntomas que dan muestra de la importancia del cambio es la estrategia de firmas lujosas como Burberry. La enseña británica ha anunciado que potenciará la moda de segunda mano y el desarrollo de una economía más circular llegando a un acuerdo con TheRealReal. A través de esta iniciativa, que no pretende desarrollar ninguna colección o artículo en exclusiva para el marketplace, Burberry recompensará a los usuarios de la plataforma que adquieran productos de su marca organizando para ellos una experiencia de compra personalizada: una jornada con merienda, té, pastas y champagne.

En 2018, un total de 56 millones de mujeres mayores de edad compraron artículos de segunda mano

56 millones de mujeres compran artículos de segunda mano 👩

El estudio de ThredUp calcula que, en 2018, un total de 56 millones de mujeres mayores de edad compraron artículos de segunda mano, doce millones más que en 2017. Ese mismo año, un 64 % de las mujeres estaban abiertas a comprar productos (el informe señala que con ‘productos’ se refieren a ropa, calzado, accesorios, libros, muebles y cosméticos) de segunda mano en el futuro. Ese porcentaje ha ido escalando: 45 % en 2016; 52 % en 2017.

En cuanto a las edades, el 33 % son millennials (25-37 años), el 16 % pertenecen a la generación Z (18-24 años), el 20 % a la generación X y el 31 % son boomers (+56 años). El estudio señala que los jóvenes de entre 18 y 37 años están adquiriendo hábitos de comprar productos de segunda mano hasta 2,5 veces más rápido que otros grupos de edad.

Tecnología y respeto por el medio ambiente 📲

Según la Fundación Ellen MacArthur, paladines de la economía circular, el número de veces que llevamos una prenda antes de desprendernos de ella ha bajado un 36 % respecto a los datos de hace tres lustros. Un dato que, tomado sin contexto alguno, puede ser alarmante; sin embargo, se suaviza si añadimos a la ecuación que los jóvenes y las nuevas generaciones parecen estar más dispuestas a utilizar productos de segunda mano y a plantar cara al gigantesco monstruo consumista.

Reutilizar ropa usada ha sido un negocio paralelo al convencional, marginal y algo incluso mal visto socialmente. Pero Internet ha dado una nueva vida a este subsector de escaso recorrido en el canal físico. Desde eBay, el mercado de segunda mano se ha ido sofisticando y popularizando hasta convertirse en un sector con múltiples jugadores, como Wallapop, Vibbo, Vinted y Chicfy (estos últimos, especializados en ropa)… incluso Facebook ha integrado una plataforma de compra y venta.

Quizá esta apariencia que da a los usuarios de estar haciendo algo novedoso esté entre los motivos del éxito de las plataformas de venta de productos de segunda mano como ThredUp. Este marketplace es algo más que una simple aplicación donde dos usuarios quedan y realizan el intercambio. La empresa utiliza sofisticados algoritmos para determinar al instante el valor de las prendas, envía a sus clientes el producto a casa en un paquete limpio y ha creado una app sencilla, donde las prendas de segunda mano aparecen bien fotografiadas y da un aspecto de estar adquiriendo algo de calidad, libre de toda sospecha de ser un bien de segunda mano y de sus connotaciones negativas.

La ‘vergüenza’ de comprar ropa nueva. Lo vintage está de moda ♻️

Mientras el fenómeno del fast fashion desarrollaba un modelo de negocio basado en la fabricación de prendas muy baratas, confeccionadas en países con bajos costes laborales y unas calidades que prácticamente ponen la etiqueta de ‘usar y tirar’ a estos productos, por detrás emergía una tendencia, un cierto apuro, a comprar ropa nueva, algo que los suecos llaman ‘köpskam’.

El modelo del fast fashion, como dijo hace unos meses el profesor Enrique Dans, es insostenible medioambientalmente. Primero, porque se confeccionan más prendas, con el consiguiente aumento del consumo de materias primas; segundo, porque muchas de estas prendas nunca se venden y terminan incineradas, emitiendo más gases de efecto invernadero. Elizabeth Sagran, en un reportaje que realizó para la revista Fast Company, señalaba que la industria de la moda está contribuyendo a la rápida destrucción de nuestro planeta. Algunos informes señalan que el sector textil es el segundo más contaminante.

La popularización y la normalización de la compra de productos de segunda mano puede ser un buen mecanismo para que el tejido empresarial se actualice y acople su forma de negocio a estos nuevos tiempos. Y, por qué no, puede que también sirva a un bien aún mayor: preservar el planeta.

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