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Amazon, gravada con un impuesto para financiar proyectos de vivienda social

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Amazon en Seattle

La tecnología y las empresas que la desarrollan han cambiado nuestro mundo. Hacemos la compra desde la oficina, hablamos con la familia a través de una pantalla  y seguimos manteniendo el contacto con nuestros compañeros de la universidad gracias a otra. Las empresas que han diseñado esta nueva realidad se han convertido en auténticos mastodontes, los nuevos rey Midas del capitalismo, que, sin embargo, a veces se sirven de ciertos mecanismos alegales para engordar su facturación y pagar así lo mínimo en impuestos. Corregir esta injusticia, pues no tiene otro nombre, debe ser un imperativo para los gobiernos del mundo.

Imponer multas a las grandes empresas no vale. Les sale a cuenta pagar y continuar con sus prácticas deshonestas. Los gobiernos tienen que hacerlas partícipes del progreso. En Seattle (EE. UU.), hogar de nacimiento de Amazon, se ha aprobado recientemente una medida para que estas corporaciones paguen un impuesto anual en función de su cifra de empleados. El dinero recaudado servirá para financiar proyectos de vivienda social y servicios de atención para las personas sin hogar.

Amazon y el sector inmobliario se dan la mano

Amazon es la empresa más grande de Seattle, y el sector inmobiliario ha aprovechado su sombra para florecer. La compañía lleva años engordando su facturación y contratando nuevo personal. Estos trabajadores se mudan a los alrededores de la sede, lo que da lugar a la construcción de nuevas viviendas. El problema viene ahora: los precios de estas casas son muy elevados, los alquileres se han disparado en la última década, el tráfico cada vez es mayor y la desigualdad ha aumentado considerablemente, según informa el diario The Guardian USA.

El impuesto, que gravará a la empresa con 250 dólares por cada trabajador [en un principio la cantidad iba a ser el doble], se podrá aplicar a las cerca de 500 compañías que permanecen en Seattle. Así, se obtendrán unos 75 millones de dólares al año. El 60 % de estos ingresos se destinarán a proyectos de acceso a viviendas sociales para los habitantes de Seattle de renta media o baja. El resto servirá para proporcionar servicios a las personas sin hogar, como camas en refugios, campamentos y estacionamientos nocturnos, informa elDiario.

En el cajón de la lógica entra que toda empresa que saque un beneficio de un país o región debe también, con sus impuestos, pagar para que las personas se beneficien de su presencia. Las grandes tecnológicas, como Apple, Amazon, Google o Facebook, pagaron en 2015 5,8 millones de euros en impuestos, 20 millones al cierre de 2016. Entre estos dos años, la facturación de las compañías aumentó un 12 % hasta los 450 millones de euros, según datos recopilados por ABC. Gran parte de este volumen de negocio se redujo considerablemente por la desviación de parte de la facturación a las empresas de los grupos en Irlanda. En el caso de Apple, a pesar de haber elevado su facturación un 10 % en 2016, Apple Retail Spain presentó pérdidas de 7,2 millones de euros.

Por otra parte, la Comisión Europea exige a Amazon el pago de 250 millones de euros al entender que “casi tres cuartas partes de los beneficios de Amazon no fueron gravados”. El gigante del e-commerce se las apañó para disfrutar de unas ventajas tributarias “sin justificación válida” gracias al favorable trato fiscal que otorga Luxemburgo a las multinacionales de todo el mundo, según informa El Economista. Hay que acabar con estas prácticas alegales e imponer a todos los estados europeos una legislación impositiva uniforme. Las empresas quieren crecer; los ciudadanos, vivir mejor.

Sergio Garvas

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