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Problemas en la evaluación del PIB

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Dinero PIB

Los macrodatos de las economías son sagrados; los regímenes de las democracias maduras se dotan de instrumentos de contabilidad y estadística totalmente independientes que controlan con criterios exclusivamente técnicos la información, de modo que los actores económicos y políticos sepan con certeza cuál es el terreno de juego y en qué condiciones se encuentra. Todavía se recuerda que Grecia falseó sus datos ante el Eurostat desde el 2000 al 2004, y la Oficina Europea de Estadísticas llegó a posteriori a la cruda conclusión de que el país helénico no cumplía las condiciones de convergencia cuando se incorporó en 2001 a la moneda única. El entones comisario de Economía, Joaquín Almunia, tuvo que reconocer que no había “milagro griego” sino burda y obscena mixtificación. A través de un comunicado, Almunia advirtió de que la compilación y la divulgación de estadísticas sobre las finanzas públicas son “de importancia vital para la credibilidad de la vigilancia presupuestaria”. A partir de entonces, se fortaleció Eurostat para que contara con medios para auditar a los Estados.

Sucede sin embargo que los métodos de cálculo de las magnitudes macroeconómicas se basan en muestreos que tratan de reflejar la realidad y que deben acomodarse a la evolución de las condiciones y de la coyuntura. Así por ejemplo, si el consumo de los hogares, que antaño exigía la recopilación de datos de los mercados físicos, no contempla la creciente compra por Internet de toda clase de productos, en un mercado cada vez más globalizado, el recuento aparecerá erróneo. No porque falle la voluntad de la institución encargada de las estadísticas sino porque no se ha actualizado el método de trabajo.

La sucesiva publicación de datos genera desconcierto. La periodista Cristina G. Bolinches ha publicado en ‘eldiario.es’ un artículo titulado “¿Por qué se disparan el empleo y la recaudación fiscal si el PIB no despega?” en el que pone de manifiesto que, como dice una de sus fuentes, “Los últimos datos macro son como una ducha escocesa: si ves los de crecimiento, se te pone una cara; y si miras los de creación y recaudación fiscal, se te pone otra”. Las cifras de empleo de octubre y noviembre han sido las máximas de toda la serie histórica (61.768 empleados más en noviembre, algo inaudito), y los ingresos tributarios hasta octubre se dispararon un 16,3%, hasta el punto que Economía ha rebajado en un 25% el endeudamiento exterior previsto para este año.

De lo anterior parecería desprenderse que ha habido una caída vertiginosa de la productividad, es decir, que más trabajadores no son capaces de conseguir la riqueza que lograban menos, algo poco probable y aún menos creíble. De ser reales los datos de crecimiento del INE, se rompería una constante que ha sido la estabilidad de la productividad, prácticamente sin variaciones desde 2010. En todo ese periodo, la relación entre horas trabajadas y PIB ha sido constante; en el segundo trimestre del año, las horas trabajadas crecieron un 4%, mientras el PIB creció un 1%, tendencia que solo se ha reducido ligeramente en el trimestre siguiente.

La cuestión que se plantea —que plantean los economistas, al margen del análisis político (es elocuente el silencio elegante que mantiene Economía en este asunto)— es si el INE mide bien el PIB. Ángel Talavera, de Oxford Economics da la clave de la situación: “Para mí —declara— la metodología de medición del PIB no esta en cuestión, es homologable a la de los demás países europeos y tiene tanta fiabilidad como cualquier otro país. Otra cosa es que, más allá de los últimos datos de PIB algo extraños, la pandemia ha revelado la necesidad y la utilidad de usar datos económicos alternativos de frecuencia mucho más alta, que nos indican lo que está pasando la economía en tiempo real”. Y Miguel Cardoso, economista jefe para España en BBVA Research, ve claro que “aunque la metodología del INE está revisada y aprobada por el Eurostat, es cierto que deberíamos avanzar en medidas de bienestar que incluyeran más variables”. Y Carlos Victoria, investigador de EsadeEcPol, declara en este mismo artículo que “La medición del PIB es un debate amplio. Hay diversas realidades económicas y sociales que no se están midiendo bien. Por ejemplo, hay una revisión internacional de la Comisión de Estadísticas de la ONU, porque no se están teniendo en cuenta externalidades negativas de la producción, como el coste en el medio ambiente o los costes sociales, ni ciertas mediciones de la economía digital, el valor de los datos, que tienen un valor económico aunque no se computen”.

Es un debate apasionante, en el que debe incidirse al margen de la rivalidad política y sin atisbo de una utilización de la estadística con fines electorales. Es importante saber dónde estamos y en qué condiciones, y ello requiere perfeccionar la recogida y la interpretación de todos los datos capaces de ubicarnos.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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