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Quién va realmente ganando y perdiendo en el ‘impeachment’ contra Trump

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Donald Trump

El impeachment activado por los demócratas contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se acelera.

Mientras el partido republicano y el demócrata se enzarzan en público para hacerse con la batalla del relato –que, además, será la llave que decida las elecciones de 2020–, los abogados del funcionario de inteligencia que dio la alarma sobre lo que asumió que eran presiones del presidente de Estados Unidos a Ucrania para que le ayudara en su campaña electoral han confirmado la existencia de un segundo denunciante contra Trump.

El mismo, además, alegan que tiene conocimiento “de primera mano” de las irregularidades en las gestiones entre la Casa Blanca y el gobierno de Volodímir Zelenski.

Ya diseccionamos la semana pasada en Analytiks.es las principales claves del impeachment a Trump. Ahora que la batalla legal de entre la Casa Blanca y los Demócratas empieza a alcanzar velocidad de crucero, intentemos arrojar un poco más de luz para ver cómo avanza el marcador completo: quién gana, quién pierde… y quién se queda igual. Estas son las claves:

❌ Donald Trump

¿Gana o pierde Donald Trump con este movimiento de los demócratas? En Estados Unidos este debate es el que realmente está ganando tracción. De un lado, apenas existen alteraciones en los niveles de aprobación y desaprobación del presidente, algo que es bueno y malo al mismo tiempo.

Es positivo porque, como ya se ha publicado extensivamente, el dato de aprobación de Trump goza de una ‘mala salud de hierro’: es cierto que ha conseguido recientemente anotarse un máximo del 47 % y alejarse de los mínimos del 38 % del primer año de mandato, pero sus niveles son consistentemente malos al compararlos con otros presidentes, que en serie histórica han sido más volátiles.

Por ejemplo, Trump superó a Obama el pasado mayo en popularidad en las mismas fechas de mandato. Hasta ahí, todo bien: lo malo es que por poca diferencia y, en el caso del demócrata, con un entorno económico dramático como consecuencia de la crisis.

Además, Obama consiguió puntualmente, es cierto, anotarse índices de popularidad superiores al 60 %, algo que nunca le ha pasado al conservador.

En general, un repaso a sus índices de popularidad tiene la misma lectura: son extraordinariamente consistentes, pero su promedio es siempre inferior al de cualquier otro líder de la primera potencia mundial, exceptuando a Truman… y aunque este último también consiguió batir los máximos de Trump y romper el 50 % de aprobación.

En resumen, si Trump consigue seguir aguantando en la misma banda de aprobación de manera consistente es garantía de que puede capear sin problemas el temporal.

Lo malo es hacer esa lectura cruzada con otra ratio, la de aprobación de los estadounidenses ante un posible impeachment del presidente. Y es que el rechazo mayoritario de la opinión pública al mismo –que en cierta manera frenaba a los demócratas a poner en marcha el proceso– parece estar moviéndose en contra de Trump: el profundo rechazo que tenían los americanos en general a iniciar el impeachment.

Este índice sí que ha dado muestras de ir al alza y aunque son encuestas algo prematuras, si las cruzamos con el hecho de que el respaldo a Trump no varía al alza parece que estamos ante un sentimiento creciente que puede complicarle el mandato al 45º presidente de EE. UU.

Aunque se están lanzando diversas encuestas, nos quedaremos con la más reciente de Washington Post/Schar School, que ofrece el dato de que el 58% de los americanos piensa que ha sido correcto el iniciar el proceso; por contra, un 38 % lo rechaza.

Cuidado con las comparativas históricas, además. Sin ir mas lejos, hay que recordar los datos de las encuestas durante los momentos iniciales del proceso de impeachment contra Bill Clinton: del 45 % a favor y el 53 % en contra.

👍 El ecosistema político americano

En general, el impeachment está sirviendo a ambos bandos de manera útil y esto se está contando en voz baja: en el complejo ecosistema político estadounidense –que no sistema político, algo distinto–, los actores que viven de manera directa o indirecta de la política están frotándose las manos.

En el bando de Trump, la base está revitalizada y sigue combativa, los índices de popularidad aguantan por ahora el envite y los medios de comunicación ‘alt-right’, con Fox News a la cabeza, se benefician en ratings y páginas vistas de esta nueva escalada en la confrontación.

En el bando contrario pasa exactamente lo mismo: los demócratas han podido llegar al último año previo a las elecciones con la presión de sus bases para plantear un impeachment resuelta –un dilema importante porque hubiera sido prácticamente imposible ponerlo en marcha de no haber saltado un escándalo de estas dimensiones– y con sus candidatos al Senado pudiendo escalar políticamente sus discursos en línea con la importancia de la elección que tiene para ellos el año 2020 –recordemos que los demócratas tienen mucho trabajo que hacer si quieren recuperar el Senado, claramente mayoría republicano ahora mismo–.

Los medios liberales con el New York Times, el Washington Post y la CNN y la MSNBC a la cabeza, hacen también su agosto con la polémica de Ucrania. Más aún, ambos grupos se miran de reojo para ver quien es el primero que ‘parpadea’, es decir, quién es el primero que da muestras de debilidad y empieza a dejar de lado el apoyo incondicional a Trump, lo que supondría la primera evidencia de que el impeachment podría ser exitoso una vez que comenzara.

Por ahora, no se ven grietas aunque es cierto que Fox News, tímidamente, ha empezado a dar una -mínima- voz a ciertos analistas que creen que la llamada al presidente de Ucrania fue “inapropiada” aunque no justifican el proceso puesto en marcha por los Demócratas.

👎 El partido republicano

Como estrategia política para generar aún más tensión, resulta inteligente la presión aplicada por los medios ‘liberales’ y los demócratas a las filas republicanas.

No pasa una hora sin que se les recuerden los riesgos políticos que corren al seguir alineados con Trump debido a la gravedad de la trama ucraniana’ o que se avise del riesgo que corre el partido de apostar todo a una carta –en este caso, Donald Trump– sin generar una cierta contestación interna que les permita tener un relato consistente en el caso de que tengan que abandonar el barco de manera precipitada.

Este argumento es cortoplacista y no deja de ser ingenuo. El partido republicano está preparado y tiene flexibilidad para una respuesta a corto plazo en el caso de que el escándalo genere ya un ambiente irrespirable y, como bien recuerdan en uno de los blogs políticos de referencia, FiveThirtyEight, cuando pase además será una operación relámpago: lo veremos de un día para otro por alguna revelación que parezca ya innavegable y seguramente será un movimiento también en bloque.

La realidad es que Donald Trump es, en el contexto del GOP –el Grand Old Party, el apodo tradicional del Partido Republicano–, la figura que gana elecciones dado su carisma y capacidad de movilización y, sobre todo, el altísimo nivel de aprobación que despierta su figura entre el votante republicano.

Lo que nadie cuenta, y que es un debate real dentro del partido republicano, es que esta intensificación del conflicto político y la polarización radical a la que obliga a todos los actores pone sobre la mesa el mayor riesgo que tienen los epublicanos, que no es otro que pasar a ser el partido de Trump –recordemos que el presidente, cuando se enoja ante la más mínima señal de que Fox News está relajando el seguidismo a su Administración, amenaza siempre con crear la ‘Trump TV’–. Esta amenaza es una realidad no sólo para ellos sino para el global del sistema político estadounidense.

Si Trump fagocita al GOP, sorteando este escándalo y ganando las presidenciales de 2020, será muy difícil volver a dibujar el partido con otro tipo de liderazgo que no sea tan agresivo y divisivo como el del actual presidente.

Peor aún: la solidez de la base de Trump es tal que pueden encontrarse no solo con que el republicanismo haya tornado en trumpismo, sino que pueden darse dos consecuencias muy desagradables en 2024. Por un lado, que los republicanos hayan dado la espalda a Trump en los siguientes años, pero que Trump no le haya dado la espalda a la política, con lo cual el partido se arriesga a una potente fractura que lo divida en dos; por otro lado, que el GOP siga cerrando filas y Trump decida de alguna manera apostar por un sucesor claro, sin primarias, evitando así el reset que suponen estas.

Esto último sería realmente un hecho insólito: que el sistema presidencial de la primera potencia del mundo tenga un caso tan explícito de sucesor designado a dedo colocaría al país en un escenario nunca visto a nivel político.

👎 Joe Biden

Se ha llegado a decir que la candidatura del antiguo ‘Veep’ de Barack Obama es algo prácticamente impuesto por la presión del partido y aliados de este, ya que en las diferentes encuestas es el único que ha conseguido, hasta ahora, vencer de manera desahogada a Donald Trump.

El relato parece organizarse en torno a la idea de que poco menos que se ha visto forzado a presentarse a la carrera presidencial.

Dadas las dificultades de su equipo de campaña para rentabilizar electoralmente las acusaciones –por ahora, infundadas– por parte del bando de Trump en la crisis de Ucrania, en la que es el principal protagonista junto a su hijo, queda clara cierta fragilidad del candidato. Biden, bajo presión –no sólo de los republicanos sino del resto de candidatos demócratas que luchan por la nominación–, está intentando capear el temporal y aguantar como favorito en la carrera de 2020 pero están siendo semanas complicadas. Elizabeth Warren, la –muy progresista senadora demócrata por Massachusetts – ya amenaza el liderazgo de Biden e incluso le supera, junto con el eterno Bernie Sanders, en la carrera por el dinero: en el tercer trimestre ambos consiguieron recaudar más que el antiguo ‘vice’ de Obama.

En definitiva, Biden tiene todos los focos sobre él y se prepara para una larga campaña por desgaste desde todos los frentes que igual ha emplazado muy prematuramente.

Con todo, el demócrata ya ha anunciado el domingo, en un editorial del Washington Post, que no piensa tirar la toalla: “Trump no va a destruirme y no va a destruir a mi familia”.

❌ La cita electoral de 2020

Todo el escándalo de la trama ucraniana se tiene que leer obligatoriamente desde la óptica electoral: es tanto la herramienta que puede hacer perder o ganar el poder a uno u otros en 2020 como el enésimo recordatorio del mayor problema que tiene la democracia en Estados Unidos: el de la injerencia de terceros países en sus elecciones.

Paradójicamente, se va a pasar de unas elecciones en 2016 absolutamente perjudicadas por esta idea –con otro actor como protagonista (Rusia)–, a otras marcadas por uno nuevo (Ucrania). Hasta aquí, se podría decir que se ha avanzado poco o nada.

De otro lado, seguimos sin conseguir desvelar si este escándalo y el posterior impeachment va a costar o no las elecciones a Trump. Muchos actores cercanos a los demócratas ya lanzan las campanas al vuelo –y difunden encuestas que así lo indican–, pero hay dos hechos incontestables: de un lado, la encuestadora favorita de Donald Trump, Rasmussen, sigue sin ver peligro de un cambio de Administración (Trump 47 %, Biden 43 %).

Aunque Rasmussen tiene un claro sesgo republicano –y en las midterms falló de manera estrepitosa– es importante entender, por la fuerza del fenómeno Donald Trump, que los demócratas pueden creerse su victoria si, además de ganar en las principales encuestas, se sitúan por encima del margen de error de estas para evitar sustos de última hora.

Otro dato relevante sería la importancia simbólica de Florida. Recordemos que ha sido pieza clave en varias citas electorales y aunque de manera absoluta podría permitir la victoria de un candidato demócrata, aunque acabara cayendo del lado republicano en las presidenciales, muchos analistas advierten de la importancia del resultado en esta contienda, especialmente si, como se prevé, es una carrera reñida –y similar posiblemente a la de 2004 entre George W. Bush y John Kerry–.

En este caso, tampoco habría motivos de preocupación para Trump: En las tres últimas encuestas sobre este Estado recogidas por RealClearPolitics los demócratas solo salen victoriosos claramente en una. En las otras dos empatan o pierden.

Finalmente, atención al cisne negro que tenemos delante y que se estudiará en futuras generaciones: en un país con una tasa de paro del 3,5 %, en mínimos de medio siglo, las elecciones no discurrirán por el cauce de la economía, sino sobre Donald Trump.

La importancia de este hecho habla de la dimensión única del fenómeno que supone el empresario y político neoyorquino.

👍👎 El panorama internacional

La lectura final y más fascinante de este escándalo es quién sale perjudicado y beneficiado fuera de las fronteras estadounidenses.

Obviamente, los titulares se los está llevando prácticamente todos Ucrania. También China, de manera colateral, después de que Trump anunciase que podría recurrir a ellos para investigar a los Biden. Por último, la Unión Europea, que se ha convertido en el chivo expiatorio esta semana al recibir sanciones por parte de Estados Unidos en respuesta a las subvenciones que recibió Airbus y que perjudicaron a la firma estadounidense Boeing.

Con todo, este movimiento ha sido audaz por parte de Trump, al ir a rebufo de una resolución de la OMC que permite a EE. UU. imponer aranceles por valor de 7.500 millones de dólares a una serie de productos procedentes de la UE debido a que Europa no tomó medidas necesarias para eliminar subvenciones y ayudas públicas a Airbus.

De esta manera, la decisión viene revestida de cierta legimitidad y, al mismo tiempo, permite a la Casa Blanca desviar la atención del escándalo del impeachment.

En definitiva, en medio de este marasmo, todos los actores soberanos que han acaparado un titular desde que arrancó el escándalo han salido perdiendo: Ucrania, además de aguantar el grave peso de parte de las acusaciones, ha tenido que ver a su presidente copando titulares exculpando a Trump una y otra vez. China, inmersa en una guerra comercial con Estados Unidos, al mismo tiempo sale de manera forzada a la palestra como posibles cooperadores de la Administración Trump –nadie pide un favor a quien no cree que no se lo vaya a conceder–. Australia se ha visto también de lleno salpicada por el escándalo. El presidente de Finlandia, Sauli Niinisto, tuvo que asistir a un bochornoso espectáculo en el que Trump arremetía contra un periodista de Reuters en la rueda de prensa que ambos concedieron tras su encuentro…

Eso sí, ¿todos? No, todos no. En concreto hay un país que ha pasado estas dos semanas prácticamente de puntillas por el escándalo y que ha sido el gran beneficiado.

Recordemos que la trama ucraniana tiene dos derivadas: una era la petición de investigar la supuesta corrupción de los Biden; la segunda, que el ‘favor’ consistía en que el presidente ucraniano investigase la injerencia de una empresa de su país… en el proceso electoral de 2016 pese a que el informe de Robert Mueller ha dejado claro y probado que fue, efectivamente, Rusia la que influyó en aquella cita y que la teoría del bando de Trump no tiene ninguna sujeción con la realidad y ha sido tachada por los medios como una mera “teoría de la conspiración”.

Por lo tanto, esta semana no solamente la superpotencia báltica ha conseguido sacudirse en parte la gravísima acusación de estar interfiriendo en procesos electorales de países rivales, sino que además puede acabar con una suculenta recompensa.

Si Trump consigue vencer este nuevo desafío, Rusia podría encontrarse a finales de año con que uno de sus principales enemigos, Ucrania, queda marcada por un escándalo que ellos mismos provocaron. Buen regalo de Navidad para Putin.

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