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Contra el bloqueo: o acuerdo a la portuguesa o Pacto de Estado PSOE-PP

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Pacto de Estado o gobierno a la portuguesa. PP, PSOE

El debate del pasado lunes, aunque probablemente poco efectivo para influir en el voto de los espectadores, sí permitió obtener los dos escenarios más probables tras las elecciones generales del 10N. Escenarios que pueden ser resumidos con linealidad y sin vacilaciones: o pacto a la portuguesa con Unidas Podemos o pacto de Estado de investidura con el Partido Popular. Naturalmente, esta afirmación rotunda da por válidas las especulaciones demoscópicas que se han realizado, y que han asegurado por unanimidad que las tres organizaciones de derechas no suman los 176 escaños de la mayoría absoluta de la Cámara Baja (si sumaran, el nuevo gobierno conservador estaría formado en días ya que ni el PP y ni Ciudadanos parecen preocupados en absoluto por la brutal acumulación de extremosidades intolerables, entremezcladas con información falsa, que vertió el representante de VOX en el debate, como hacen sus conmilitones en campaña allá donde se encuentren).

Opción A: acuerdo a la portuguesa

El acuerdo a la portuguesa consiste, como es conocido, en el gobierno en minoría del Partido Socialista con el apoyo externo de las formaciones de izquierda (en Portugal son el Bloco, populista; el PCP aliado a un grupo ecologista, una formación animalista y un partido liberal que ha obtenido un escaño). Como es bien conocido, esta fórmula no fue aceptada por Unidas Podemos, lo que imposibilitó la investidura de Sánchez y forzó la celebración de las nuevas elecciones de este domingo tras las del 28 de abril.

La dura confrontación entre Sánchez e Iglesias significa que los puentes que se habían roto en el seno de la izquierda siguen en ruinas

Si algo quedó claro en el debate a cinco del pasado lunes fue la dura confrontación entre Sánchez e Iglesias, lo que significa que los puentes que se habían roto en el seno de la izquierda siguen en ruinas. Sánchez recriminó a Iglesias que mantenga su propuesta de un referéndum de autodeterminación para Cataluña y que continúe denominando “presos políticos” a los condenados en el juicio del procés. El anuncio de que Nadia Calviño será vicepresidenta económica y su defensa del empresario Amancio Ortega, propietario de Inditex, criticado por Iglesias por donar sumar cuantiosas a la sanidad pública española fueron otras tantas puyas contra el líder de UP, quien, por su parte, y en prueba de radicalidad, siguió exigiendo una banca pública y añadió la propuesta de crear también una eléctrica pública.

Sea como sea, la correlación de fuerzas tras el 10N y el sentido de la historia de Iglesias –quien ha bloqueado varias veces la posibilidad de un gobierno progresista en España— modularán la postura final de quien se ha convertido objetivamente en un aliado de la derecha, como lo fue el visionario Anguita en su momento.

Opcion B: Pacto de Investidura con el PP

El PSOE ya ha manifestado reiteradamente, con mayor o menor explicitud según el escenario y la situación, que estaría dispuesto a firmar con el PP un pacto de investidura basado en un Pacto de Estado sobre cuestiones prepolíticas y políticas que no afectaran a la pluralidad ideológica, y que englobaría el acuerdo de que gobierne la lista más votada (a la larga, se reformaría el artículo 99 de la Constitución para establecer un procedimiento de investidura semejante al que consagra el Estatuto vasco, en el cual en segunda votación sólo se puede votar afirmativamente o abstenerse, con lo que queda proclamado lehendakari quien consiga más votos).

Para facilitar este acuerdo, que potenciaría el bipartidismo y por consiguiente también al Partido Popular a medio plazo (en algún momento, el PP tendrá que desmarcarse radicalmente de Vox si no quiere ser fagocitado por esta formación como ha ocurrido en Francia, donde la Agrupación Nacional ha absorbido a la ya inexistente derecha democrática), Sánchez ha anunciado algunas decisiones rotundas en Cataluña, que no son sin embargo incompatibles con la permanente oferta de diálogo dentro de la ley.

Como se recordará, el líder socialista anunció una asignatura de civismo –comparable a la educación para la ciudadanía de Zapatero-; una reforma de la Ley General Audiovisual para que los órganos de gobierno de las televisiones autonómica deban ser ratificados por los parlamentos regionales con mayorías de dos tercios (una forma de poner fin al sectarismo actual de TV3); y la reintroducción en el Código Penal de la figura de convocatoria de referéndum ilegal que había introducido Aznar en 2003 (art. 506 bis C.P.) y que Zapatero eliminó en 2005, sin que Rajoy revirtiera aquella desaparición cuando tuvo ocasión de hacerlo.

El Pacto de Estado PP-PSOE seria sólo para la investidura e incluiría, además de estas medidas referentes a la cuestión catalana y el propósito de consensuar el hipotético recurso a la ley de Seguridad Nacional y al art. 155 CE, otros acuerdos genéricos como el que se referiría a la congelación de la presión fiscal a las clases medidas, una ley educativa estable y permanente, y una reforma de la Seguridad Social.

Tal pacto no constituiría en absoluto una ‘gran coalición’ ni el PP ingresaría en el Gobierno, de forma que el PSOE debería gobernar en minoría, buscando en cada caso las afinidades necesarias para legislar.

Para el PP, las ventajas serían evidentes: Casado se convertiría automáticamente en la práctica en el próximo presidente del Gobierno y podría desmarcarse del abrazo del oso de Vox, formación a la que hay que expulsar del núcleo duro de la democracia mediante el pertinente cordón sanitario.

Iberia Alexa
Antonio Papell
Director de Analytiks

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