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Cataluña y la violencia: el soberanismo se aleja del pacifismo

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Soberanismo. Sentencia. Torra y la violencia blanda

Si nos atenemos a sus declaraciones, el soberanismo de las grandes organizaciones, un paréntesis donde englobamos a posconvergentes y ERC, es pacífico. A pesar de las barbaridades que dicen algunos, como el catedrático de historia, Jaume Sobrequés, el inventor del oxímoron de la ‘violencia pacífica’ y defensor del uso de la violencia legítima de los pueblos oprimidos contra los estados coloniales. También a pesar de la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, quien sostiene que los altercados violentos tras la sentencia del 1-O sirven para visibilizar el conflicto.

Como decíamos, ningún representante de los grandes partidos abona la violencia; sin embargo, crecen las críticas contra el consejero del Interior, Miquel Buch, el responsable de los Mossos d’Esquadra en los enfrentamientos más violentos tras el 1-O, cuando la policía municipal se encaró a los manifestantes violentos hasta dejarse la integridad física en el intento. Son muchos los que señalan a Buch como el lastre del soberanismo de cara a las elecciones del 10N debido al papel desempeñado por las fuerzas de seguridad. Fuentes citadas por El Español aseguran que Torra tiene pensado cesar a Buch esta misma semana.

El soberanismo, con los detenidos y acusados de terrorismo

A finales de septiembre, la Guardia Civil lanzó una operación para detener a nueve miembros de los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR) de Cataluña a los que se les imputó, más tarde, los delitos de rebelión y sedición, así como los de terrorismo y tenencia de explosivos. El Gobierno de Cataluña protestó cuando conoció la noticia.

No es un gesto aislado, simbólico. En los últimos altercados, la Generalitat no se ha situado del lado de las fuerzas de seguridad. En lugar de preocuparse por los agentes heridos, se ha apresurado a ordenar una investigación de los posibles excesos policiales y de si se cumplieron estrictamente los protocolos. Mientras, el ministro del Interior, Grande-Marlaska, condecora a los policías de los diferentes cuerpos heridos en aquellos disturbios. Un vergonzoso contraste para el soberanismo.

¿La violencia desatrancará el conflicto?

Se extiende como la pólvora la tesis de que solo la violencia desatrancará el conflicto, y quienes piensan distinto se ablandan, callan y ceden sus posiciones. Es triste observar a una ERC hacer seguidismo del pospujolismo, y cómo el pospujolismo se deja arrastrar por la CUP y por ANC. Es más: Carles Puigdemont no convocó elecciones en Cataluña poco antes de proclamar la República porque le amedrentaron los insultos de quienes temían que el expresident pudiera tener un rapto de cordura.

Incluso el propio Gabriél Rufián fue recibido con insultos durante la manifestación la semana pasada en la plaza Urquinaona después de que escribiese un tuit en el que llamaba a crear un cordón de separación entre los manifestantes convocados el sábado y la policía. Al diputado de ERC en el Congreso, que ahora pide cordura y razona que solo por nuevas vías de diálogo se podrá poner fin a esta situación, le gritaron “botifer” y le cantaron “¡sois la antigua Convergencia!”.

La radicalización del conflicto catalán

Cuando ETA asesinaba a gente en España, se debatía si todos los nacionalismos eran igualmente temibles o si cabía un claro contraste entre el nacionalismo vasco, entonces atroz, y el catalán, claramente democrático. Se podía convivir con un nacionalismo racional y democrático en ambas comunidades, ya que la banda terrorista ETA era la excrecencia de un radicalismo excéntrico que tendría antes o después una solución policial, como ha sucedido.

Sin embargo, mientras Euskadi ha conseguido abrirse paso y asentarse en un nacionalismo pacífico y dialogante, Cataluña ha comenzado el viaje de ida. La sentencia del 1-O ve señales de violencia en las conductas de los procesados, y Torra insiste en que lo volverán a hacer.

El recurso a la violencia empeora la situación y retrasará todas aquellas peticiones razonables –más autogobierno, más recursos, más prosperidad, más democracia– del pueblo catalán. Porque quien opta por la violencia ha perdido desde el inicio la razón.

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