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Dicho y hecho: vuelta a la urnas

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Un artículo publicado en Analytiks el 3 de junio terminaba con esta frase: “Dicho y hecho”. Hacía referencia a la repetición de las elecciones, ya que -se decía- “no es extraño imaginar las vueltas que están dando a los pactos los asesores en Moncloa. Las cuentas no salen y el análisis indica que lo mejor para el presidente en funciones es aprovechar el actual viento de cola y volver a convocar elecciones que le sitúen en una posición claramente ventajosa”.Entonces se apuntaba: “el hombre que susurra al presidente lo tiene claro y ya ha dictaminado cuál es la mejor solución. Volver a las urnas y acercarse a la mayoría absoluta. Dicho y hecho”.

Un acuerdo con el apoyo de independentistas y nacionalistas habría supuesto “el ataque furibundo desde la derecha de haberse entregado a quienes han dado un golpe de Estado y, lo que aún es más grave, será permanentemente preguntado por el precio que ha tenido que pagar por el apoyo recibido”. A Pedro Sánchez no le gusta este escenario y no quiere ver a los independentistas ni en pintura, tal vez porque recuerda su encuentro con Torra y el lío del ‘relator’.

Han pasado meses de espera para contar con un nuevo ejecutivo, pero los interlocutores no han sido capaces de ponerse de acuerdo para formarlo.

Lluvia de reproches

Ahora vienen los reproches en todas las direcciones, pero el principal responsable de no haber conseguido la investidura es el líder del partido más votado, pero no tanto por la falta de disposición del resto, sino sobre todo por la ausencia de ganas para afrontar una legislatura con tan absoluta precariedad, sobre todo cuando -en efecto- el viento sopla de cola para el PSOE y una nueva consulta apunta un resultado favorable para mejorar el número de escaños logrados en abril.

Dicho y hecho, los expertos de mercadotecnia política solo se fijan en esto. Para ellos no es importante que se prorroguen los presupuestos por segundo año, la primera vez que ocurre. Tampoco parece tener importancia que las comunidades autónomas afronten un problema de liquidez en sus cuentas, menos aún, la panoplia de reformas que son urgentes ante los nubarrones que se ciernen sobre la economía internacional y que empiezan a mostrar los signos de debilitamiento del crecimiento y, en consecuencia, del empleo en nuestro país.

¿Qué piensan los ciudadanos de la política?

La política aparece hoy como una actividad denostada y menospreciada por los ciudadanos, pero realmente es un quehacer noble y virtuoso si se dedica a hacer cosas y, si es posible, de practicar el bien. Puede parecer una visión ingenua y seguramente lo es, pero es lo que debemos esperar de los políticos, que busquen el bien y el progreso de la sociedad, no simplemente situarse en puestos para precisamente no hacer nada.

Tras soportar 40 años de dictadura, los españoles abrazaron con pasión la democracia y pudieron comprobar cómo toda una generación de políticos se dedicaba, en muchos casos con total desinterés personal o material, a trabajar para mejorar las cosas. Y, en efecto, en buena parte lo consiguieron. Solo dos años después de la muerte del dictador, se habían celebrado las primeras elecciones libres desde la guerra civil y al poco tiempo había una Constitución y un marco legal esencial para convivir en un clima de concordia y diálogo. Seguía habiendo muchos problemas y un retraso histórico, pero en poco tiempo se logró convertir en realidad aquello que afirmó Alfonso Guerra: “A España no la va a conocer ni la madre que la parió”.

Nadie sabe lo que Iván Redondo susurra al oído del presidente en funciones, pero lo tenemos que imaginar por los resultados y por las decisiones que se acaban tomando. Tras las últimas elecciones, el mensaje que se tenía que transmitir estaba definido desde el minuto uno: triunfo claro del PSOE y de Pedro Sánchez que debía formar un gobierno progresista, tal como habían decidido los españoles en las urnas. Sí, habría diálogo y encuentros con otros líderes, pero sin correr, había mucho tiempo para los estrategas de Moncloa que no buscaban grandes avances ni excesivas profundidades en las negociaciones de programa.

Imposible encontrar una salida, sobre todo porque nunca se buscó. Toca volver a las urnas

Se trataba de mostrar un talante dialogante y culpar al resto del bloqueo institucional. Primero a las llamadas derechas y, al final del plazo, a lo que se denominó socios preferentes de Unidas Podemos. Conseguido, con el PP no fue muy difícil, aunque su nuevo presidente, Pablo Casado, estaba adoptando una posición más centrada e institucional, mientras que el volátil líder de Ciudadanos se desangraba internamente al aplicar un cordón sanitario a los socialistas impidiendo de plano el acuerdo preferido por los poderes económicos.

Al llegar la recta final, Rivera sorprende a todos y lanza la idea de un posible apoyo si Sánchez se compromete con el constitucionalismo en Navarra y Cataluña, además de prometer que un subirá los impuestos. La respuesta del presidente en funciones asegura que las peticiones de Ciudadanos ya se cumplen. Imposible encontrar una salida, sobre todo porque nunca se buscó. El objetivo desde el principio era claro, acudir de nuevo a las urnas y encontrar a todos con el paso cambiado y en retroceso con las encuestas emitiendo predicciones al alza para el PSOE, aunque nadie se atreve a presagiar si logrará sumar con otra fuerza para garantizar la investidura.

Esa es la pregunta que queda: ¿y ahora qué? Llega la campaña y tendremos muchas informaciones que interpretar. Sigan atentos a la pantalla.

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