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La investidura: Il trovatore y el camarote de los hermanos Marx

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Il Trovatore camarote de los hermanos marx

Estos días podemos ver Il trovatore en el Teatro Real de Madrid, que dedica su escenario a una obra universal del genial compositor de Busseto, Giusppe Verdi, el gran defensor intelectual de la unificación de Italia. La ópera, especialmente si pertenece a Verdi, es un espectáculo grandioso y total, pleno para los sentidos y, en este caso, con la dirección musical de Maurizio Benini y la escena de Francisco Negrín, una joya para la inteligencia.

La orquesta en directo, la escenografía y la cuidada interpretación, todo al servicio de un acontecimiento único e irrepetible. En su tiempo, las obras de Verdi entusiasmaban a los aficionados a la música, pero además sirvieron para crear la síntesis necesaria para impulsar el patriotismo de los italianos en los años de lucha por la unidad del país.

Con Il trovatore, la imaginación nos traslada a una película excepcional de los hermanos Marx, Una noche en la ópera, con la escena inolvidable del camarote: donde van entrando, sucesivamente, un gran baúl con tres personas dentro y 12 personas más, incluyendo a los protagonistas y personal variado en un espacio de reducidas dimensiones, en el que apenas caben dentro el baúl las quince personas. La escena resulta tan cómica y explícita que se ha convertido en un clásico del despróposito.

El camarote de los hermanos Marx es algo parecido a la situación política actual. Cada vez entran más actores en escena y nadie se pone de acuerdo con el resto para organizar la situación, excepto para “sacar el jugo a la compañía”.

En Il trovatore se mezclan dos argumentos: la sed de venganza de la gitana Azucena, cuya madre e hijo han muerto en la hoguera, y el triángulo amoroso en el que Leonora es disputada por dos pretendientes enemigos, que representan a familias, clases e idearios opuestos. Así dicho y cambiando los nombres, seguro que nos suena conocido a lo que estamos viviendo en la política.

La imagen del fuego llena el escenario y la música nos traslada a un juego perverso y hasta diabólico entre el pasado y el futuro, en el que los personajes parecen atrapados por su incapacidad para las decisiones, todo ello en un marco en el que no saben aprovechar la oportunidad para cambiar.

El vestuario no es identificable en el tiempo, mientras el libreto corresponde a una época, a la vez que el color nos sitúa en un ambiente lúgubre con un tono dominante que es tenue y apagado, salvo la luz de Leonora, que con un vestido rojo encarna el amor y la pasión que siente por Manrico. Si volvemos a cambiar los nombres, también parece encajar en la escena previa a la Investidura.

Il Trovatore: una historia de muerte, venganza y niños quemados

Es la iconografía de Il trovatore, una imagen oscura del mundo, con amor y aventuras, pero a la vez una historia de muerte, venganza y niños quemados. No llega a tragedia griega, es más bien un melodrama cómico como, en este caso, la evocación de la película de los hermanos Marx.

Al final, el documento de la parte contratante de la primera parte es considerada la parte contratante de la primera parte y se va recortando sucesivamente porque incluye cláusulas habituales a todos los contratos, algo que supone empezar en la ausencia del todo para alcanzar la esencia de la nada. ¿Podría ser la negociación del acuerdo de gobierno?

Durante años, la política española se organizó en un marco de bipartidismo imperfecto, una vez desaparecidas las bisagras, en el que, siempre para obtener ventaja, los nacionalistas jugaban un papel de constante desequilibrio, justo hasta que el camarote del Congreso se llenó de nuevos artistas incapaces de ponerse de acuerdo en cualquier política, con la excepción de pedir la cena y sacar el jugo a la compañía.

Cabe preguntarse las razones que impulsaron a los hermanos Marx a fijarse en Il trovatore como hilo conductor de su película más genial, pero seguramente las razones residen en el mensaje de la obra de Verdi.

El Coro del yunque muestra en la primera escena del segundo acto a gitanos españoles golpeando sus yunques al amanecer, cantando alabanzas al trabajo duro, al buen vino y a las gitanas.

Al rincón de pensar… o al Real

En la escenificación actual de la Investidura, los actores se reprochan trucos y engaños sin alcanzar acuerdos, ni siquiera proponerlos. El reparto de los sillones se esgrime como argumento central para desarrollar un hipotético programa o acción de gobierno que se vislumbra en un horizonte apagado, realmente pesimista, similar al que vemos en Il trovatore.

Además, ahora llegan al camarote dos nuevos actores y acabamos de ver y escuchar a dos expresidentes, González y Aznar, en otro tiempo adversarios, que ahora coinciden en que los políticos actuales parecen empeñados en estropear la convivencia.

Aznar afirma que al no haber parlamento no hay un debate público sobre nada ni, por ejemplo, sobre la propiedad de la materia prima con la que operan las tecnológicas, los datos, que son de los ciudadanos. González señala que tenemos un parlamento como el de Italia, pero sin italianos y añade que a los políticos actuales hay que “mandarles al rincón de pensar”. Otra solución es que vayan al Real y pasar juntos una noche en la ópera, incluso dentro del camarote de los hermanos Marx.

Iberia 350

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