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La mayoría de gobierno y las minorías

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Mayoría de gobierno

El Parlamento español tiene representantes de 13 formaciones políticas diferentes y los dos principales partidos, que casualmente son los tradicionales del viejo bipartidismo (PSOE y PP), apenas han conseguido conjuntamente el 45,38 % de los votos y 169 escaños. Es la menor representación desde los primeros años ochenta.

De estos trece actores, hay que formar una mayoría de gobierno, que, por la matemática electoral, corresponde encabezar al PSOE, que apenas ha obtenido 123 escaños, pero que con la colaboración de Unidas Podemos alcanza los 165 escaños, a 11 de la mayoría absoluta de la Cámara Baja, suficientes para estabilizar un Ejecutivo duradero. En realidad, Sánchez ha pretendido sondear la posibilidad de que Ciudadanos e incluso Podemos le brindaran la investidura mediante la abstención, con lo que no hubiera necesitado a Podemos para ello, pero la respuesta ha sido abruptamente negativa. Estas sutilezas no funcionan en nuestro país.

Los restantes actores forman un abanico variopinto de opciones. En el sector conservador y en el ámbito estatal, el Partido Popular, la fuerza que durante décadas ha monopolizado la representación en su espacio, rivaliza ahora con Ciudadanos —organización joven que, tras unos comienzos erráticos, se ha situado claramente en la derecha— y con VOX, organización de extrema derecha desgajada del Partido Popular, al que perteneció su líder, Santiago Abascal.

La derecha no establece un cordón sanitario a la ultraderecha

Las formaciones de derechas, a pesar de los recelos iniciales que mostró Ciudadanos —organización que se define ‘liberal’ y que piensa ingresar en el grupo ALDE del Parlamento Europeo— hacia VOX, no ha establecido cordón sanitario alguno y, aunque en público actúa con la nariz tapada, en privado ha llegado ya a toda clase de acuerdos con los ultraderechistas, que marcan la pauta de un tripartito que consigue considerable poder territorial. En la or¡bita conservadora están Coalición Canaria, con 2 escaños, y NA+ (coalición de UPN, PP y C’s), con 2 escaños más.

En el cuanto al tándem PSOE-UP, tiene ante sí un margen amplio de colaboración formado por partidos regionalistas y nacionalistas. El PNV (6 escaños), Compromís (1), el Partido Regionalista de Cantabria (2) son aliados naturales del PSOE. Fuera de este planteamiento quedan EH Bildu (4 escaños), ERC (15) y los posconvergentes de JxCAT (6).

EH Bildu, ERC y JxCAT para formar mayoría de gobierno

Estas tres organizaciones citadas en ultimo lugar merecen reflexión aparte. EH Bildu, la antigua Batasuna, constituida en 2011, firmó en sus Estatutos la condena más tajante a toda clase de violencia, por lo que su paulatina integración deberá tener lugar a media que avance la propia distensión de la sociedad vasca. No parece oportuno que los grandes partidos estatales pacten con esta formación, pero tampoco merece una descalificación sistémica.

En cuanto a los partidos catalanes, los seguidores neoconvergentes de Puigdemont han de ser abandonados a su ensoñación, de la mano de un delirante Torra que delira. En cuanto a ERC, y a falta de que se produzca la sentencia judicial por el ‘procés’ parece evidente que da muestras de cierto pragmatismo, que crece con lentitud, de tal modo que si de verdad se quiere resolver el conflicto mediante la negociación y el pacto entre las fuerzas estatales y las independentistas de buena voluntad, habrá que recurrir a las gentes de Junqueras.

La fractura entre JxCAT y ERC es un hecho, pero no será fácil de gestionar ni siquiera por los propios concernidos por ella. Puigdemont es todavía dueño de la épica, y su efecto puede ser destructivo y dificultar grandemente una negociación cabal que reconduzca el conflicto hacia la reforma estatutaria y, si no hay más remedio, constitucional. En este sentido, ERC no debe ser arrojada extramuros de los consensos parlamentarios sino inducida a participar en ellos. Y, desde luego, su abstención para facilitar la investidura de Sánchez entra perfectamente en la lógica de la situación.

Finalmente, estas líneas merecen el estrambote de una reflexión sobre VOX: si esta organización de extrema derecha, que en realidad es una escisión del Partido Popular, se mantiene en el marco constitucional y no se adhiere a la extrema derecha neonazi europea que va desde la Liga de Salvini a RN de Le Pen pasando por AfD en Alemania, deberá ser tratada con respeto (con el que merecen los discrepantes que acatan el imperio de la ley). En caso contrario, el cordón sanitario resultará inexorable, y quienes pacten con ella quedarán contaminados. 

No hay simetría —digámoslo claro— entre VOX y Podemos, porque si frente al nazismo y al fascismo existió el colectivismo comunista, la utopía de aquel se plasmó en el Holocausto, en tanto la de este, antes de la perversa desviación totalitaria que también produjo genocidios, encerraba criterios de igualdad y solidaridad plenamente compatibles con los derechos humanos.

Los enemigos de la democracia son, siguen siendo, los felizmente derrotados en la Segunda Guerra Mundial. Sobre sus cenizas, hemos edificado el pletórico Occidente que, aun con sus dificultades, ha llevado a sus ciudadanos a lo más alto en términos de dignidad y progreso.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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