En Portada

Los separatistas, tocados: Meritxel Batet y Manuel Cruz, líderes del Senado y del Congreso

0
Pedro Sánchez

Pasqual Maragall era un visionario, capaz de organizar mejor que nadie unos faraónicos Juegos Olímpicos planeados para cambiar por completo la faz de la ciudad de Barcelona, situarla en el mapa y hacer de ella la más relevante, rica y cosmopolita de España, asumiendo de paso la capitalidad indiscutible del Mediterráneo Occidental. Capaz también —y conviene consignarlo— de embarcar a este país en el mayor atolladero de su historia reciente al esgrimir en son reivindicativo las balanzas fiscales inventadas que supuestamente perjudicaban a Cataluña y reclamar un federalismo asimétrico que los soberanistas en potencia comprarían gustosos para hacer exactamente lo que han hecho: promover a la primera oportunidad (en cuanto el Estado mostrase alguna debilidad) la declaración unilateral de independencia.

Pues bien: aquel Maragall exultante de 1992, pletórico y vital, centro de todas las miradas, visto con desconfianza también por todos —siempre se teme a quien destaca por su desconcertante brillantez—, manejaba en aquellos años, con Felipe González en Moncloa, el rey Juan Carlos en Zarzuela y Jordi Pujol en el Palau de la Generalitat, la idea de la bicapitalidad de España. Madrid y Barcelona. Cuenta Enric Juliana con conocimiento de causa —él fue testigo directo de todo aquello— que Maragall aspiraba a que todas las visitas de Estado no sólo viajaran a Madrid sino también a Barcelona. Y así fue durante un tiempo.

De ese modo Jordi Pujol conoció a Gorbachov, explica el periodista en un artículo en que también rememora la entrevista periodística en que Maragall asume plenamente  la idea de trasladar el Senado a Barcelona, como culminación del proceso bicapitalino. Un traslado que debía realizarse no a través de una reivindicación sino de “un gran pacto institucional a tres bandas entre el Gobierno, la Generalitat y el Ayuntamiento”.

Pues bien: como Juliana recuerda, aquella propuesta de trasladar el Senado a Barcelona iba en el programa electoral de Pedro Sánchez de 2015. Cuando todavía no se habían producido los lamentables sucesos del 6 y el 7 de septiembre de 2017 ni el ominoso espectáculo que llegó después, hasta la fallida y esperpéntica DUI.

Traslado y reforma

Naturalmente, la idea de trasladar el Senado incluía siquiera tácitamente la idea de su reforma porque de nada serviría cambiar de sitio a un monstruo inútil, inoperante, pasivo y moribundo, en el que recalan los elefantes decadentes que ya han hecho su carrera política en otra parte y tan sólo buscan un despacho con calefacción central. El Senado que Maragall y Sánchez querían trasladar a Barcelona era una cámara territorial formada por representaciones directas de las comunidades autónomas, encabezadas por el presidente regional, y encargada de legislar en primera y única lectura sobre aquellos asuntos transversales que la Constitución reformada le encomendase. Una cámara muy parecida, si no igual, al Bundesrat alemán. Para lo cual, obviamente había que cambiar la Carta Magna, aunque no sería necesario utilizar el procedimiento complejo de la reforma agravada.

Si Cataluña se hubiera sentido parte real del Estado y hubiese ocupado un papel tan relevante como el mencionado, probablemente no hubiera tenido la ocurrencia de soliviantarse contra sí misma

A. Papell

El buen resultado del PSOE de Pedro Sánchez, a pesar de la fragmentación de la Cámara Baja, en las elecciones generales permitía resucitar aquellos anhelos un tanto utópicos, que no sólo pretendían entonces un reequilibrio del Estado español —conviene recordar que Pasqual Maragall fue el primero que habló de España en red, frente a la España radial del Estado unitario— sino que trataban también de salir al paso de reivindicaciones futuras, que podían aparecer en cualquier momento si las expectativas de Cataluña se frustraban por cualquier razón, como en la práctica acabó sucediendo. Si Cataluña se hubiera sentido parte real del Estado y hubiese ocupado un papel tan relevante como el mencionado, probablemente no hubiera tenido la ocurrencia de soliviantarse contra sí misma.

Incapacidad

Pero el empeño se ha frustrado antes de nacer: frente a aquella capacidad visionaria de Pasqal Maragall, su hermano Ernest, quien ahora milita en Esquerra Republicana con pretensiones de seguir la senda de su hermano en el Ayuntamiento barcelonés, y el romo Junqueras, romántico y sentimental como Herder, no han sido capaces de ver más allá de sus narices y han abortado el primer paso de una idea que podía haber contribuido decisivamente a provocar un salto adelante liberador en la resolución del conflicto catalán.

La propuesta de que Miquel Iceta, el primer secretario del PSC, el partido que históricamente ha ganado hasta hace poco en Cataluña las elecciones generales, el que ha sido principal nexo entre Barcelona y Madrid en los cuarenta años de democracia, ocupara la presidencia de la Cámara Alta era la señal clara de un cambio de rumbo hacia una transformación institucional creativa que diera rienda suelta a las legítimas ambiciones catalanas dentro del Estado español. El PNV ha entendido perfectamente la maniobra con recámara y, desolado, ha pedido cuentas a Junqueras por semejante disparate.

La abrupta ruptura del ensalmo podía haber dejado las cosas como estaban, es decir, en la oscuridad y en el hedor, una vez que el gesto creativo, inteligente, haya recibido como respuesta el rebuzno y la coz. Un gravísimo error histórico. Pero no será definitivo.

Toni Batllori, en su tira del jueves en La Vanguardia, aseguraba que el asunto está visto para sentencia: los políticos independentistas seguirán en la cárcel, Miquel Iceta seguirá en el Parlament y que Dios reparta suerte. Horas después, se anunciaba que el PSOE pondrá en manos de dos catalanes, Meritxell Batet y Manuel Cruz, las presidencias del Congreso y del Senado respectivamente. El gesto se mantiene tras el desaire, y el electorado sabrá valorar la insistencia y el coraje de nadar de nuevo a contracorriente.

Antonio Papell
Director de Analytiks

El soberanismo cobarde

Entrada anterior

Pedro Sánchez será presidente con el apoyo de ERC: Junqueras apuesta por el pragmatismo

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Dejar un comentario:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más en En Portada