En PortadaInformación económicaTecnología

El INE la lía parda con los móviles

0
Móviles

El INE, Instituto Nacional de Estadística analizará durante cuatro días laborables consecutivos de noviembre, del 18 al 21, los movimientos de teléfonos móviles en España. Será a través de un pacto con las operadoras para realizar un estudio de movilidad, para lo que -afirman- utilizarán información anónima.

Ahora resulta que hasta el INE va a seguir la pista de los móviles de toda España. Dicen que los datos serán anónimos, pero que es necesario para averiguar cuáles son los desplazamientos más habituales de la población y así prestar los servicios públicos.

Con los datos que obtenga el INE, se podrá conocer el número de ciudadanos que se mueven de un municipio dormitorio a una ciudad; qué número de personas trabaja en el mismo barrio donde vive o en uno distinto; de dónde viene la gente que trabaja en una zona, o cómo cambia de residencia la población en una zona a lo largo del día o del período analizado.

Para hacer el estudio, el INE utilizará los datos que le faciliten Movistar, de Telefónica, Vodafone y Orange, que no han pedido autorización a sus usuarios. Parece que están dispuestos a traficar con datos con fines publicitarios.

Hace poco, un experto tecnológico que trabaja en un banco nos decía que saben todos los datos de sus clientes, hasta el punto de que conocen cuando acabarán divordiándose, lo que -según este directivo- aconsejaría al departamento de riesgos a no conceder un crédito hipotecario, pero este ejecutivo añadió que, al final, no usan esa información. Vamos, para apagar el móvil y no volver a encenderlo.

Si nos preguntamos por las razones para usar los móviles, la respuesta parece sencilla, pero realmente no lo hemos pensado lo suficiente.

Nos hemos convertido en servidores de un aparato infernal que nos tiene prisioneros a todas horas y que, además, sirve para espiarnos y para que alguien a quien no conocemos y que seguramente no nos gustaría conocer sepa todo lo que hacemos o necesitamos.

Hubo un tiempo en el que el móvil se convirtió en el regalo perfecto para Navidad o para la festividad de los Reyes Magos. Tener un móvil era como entrar en la nueva vida de ensueño que resumía aquel anuncio que tanto éxito alcanzó en su día: “Hola, soy Edu, feliz Navidad”. Aquel niño con gafas felicitaba a la peña con un artilugio que hacía la felicidad de grandes y pequeños. Tanto es así, que no tener aquel aparato era como no alcanzar la categoría de ciudadano del mundo o, al menos, de un mundo que nos hacía entrar en la nueva frontera del pretendido bienestar y la tecnología.

Aquel aparato que llamábamos móvil y que ya no servía solo para llamar, solucionaba muchos problemas y nos tenía híperconectados a todas horas. Era como la sublimación de la modernidad, como entrar en Hollywood sin viajar a la meca del cine.

Los móviles han alcanzado la sofisticación absoluta

Pero ahora que ha pasado el tiempo y que el móvil ha alcanzado la sofisticación absoluta, se ha convertido en un dictador de nuestra vida. Sus posibilidades son ilimitadas y, al mismo tiempo, insoportables. Ya no hay disculpa para no conocer una dirección o un establecimiento. Hemos llegado a un punto en el que nadie se puede esconder de un correo no deseado o, lo que es peor, de un mensaje que no se quiere ver o incluso que no se quiere dejar constancia de haberlo visto o no.

La discreción, el protocolo y las normas de urbanidad han desaparecido con el móvil. Ya no hay horas ni descanso. La noche no existe y la actividad frenética no conoce festivos o vacaciones. Hasta los fines de semana han pasado al olvido.

Pero hay cosas aún peores, pasear por la calle mientras otros ciudadanos hablan a voz en grito poniendo en común sus problemas de todo tipo. Parejas que discuten, familiares que no se ponen de acuerdo o empleados apurados por las exigencias de su jefe. Ni en un vagón del AVE se puede descansar cuando cualquier viajero habla con su oficina y nos enteramos de propuestas, contratos y contrapartidas que no podíamos ni imaginar.

Sí, miren ustedes, el móvil es un invento demoniaco, insoportable, verdaderamente abominable, insufrible. Habría que acabar con su influencia y con la obsesión del común de los mortales por esta plaga que asola la intimidad, la conversación y hasta la comunicación. Parece mentira, pero precisamente un avance para propiciar y garantizar la comunicación, se ha acabo convirtiendo en su peor enemigo. Ha llegado a eliminar toda la belleza de la humanidad, toda la creatividad del ser humano y todo el arte que antes alegraba el espíritu.

Se podrá pensar que todo esto es una exageración o una pose de intelectual de izquierdas, pero no es así. Nadie ha pensado la cantidad de vulgaridades que llegan en masa a través del móvil, eso que llaman memes y que, sinceramente, no tienen ni la más mínima gracia.

Se dirá que el móvil nos facilita estar siempre informados, pero la realidad en esto también es bien distinta. Nunca ha habido tanta información basura y un nivel tan brutal de desinformación.

Ni se analiza lo que pasa ni nadie quiere hacerlo. Se trata de seguir mandando mensajes alocados e irracionales, sin prudencia, sin mesura. Solo mandar y rebotar las bobadas más simples y menos consistentes.

En la obra de Albert Boadella “El retablo de las maravillas”, en el entremés cervantino, dos pícaros, Chanfalla y Chirinos intentan engañar al alcalde, el gobernador y al regidor de un pueblo, Juan Castrado, para sacarle el dinero, haciéndose pasar por cómicos que están dispuestos a deleitarlos y maravillarlos con un retablo en el que:

” … ninguno puede ver las cosas que en él se muestran, que tenga alguna raza de confeso, o no sea habido y procreado de sus padres de legítimo matrimonio; y el que fuere contagiado destas dos tan usadas enfermedades, despídase de ver las cosas, jamás vistas ni oídas, de mi retablo”.

Recuperemos el sosiego y la calma, que la mesura vuelva a ser menester de nuestra existencia y que aquello que tengamos que decirnos llegue a su tiempo, sin precipitación, alarma o alarde.

Si hay que llamar a alguien se puede hacer por teléfono o por conferencia, como se hacía antes, incluso por móvil, si no hay más remedio, pero lo menos posible. Hay que respirar y ver la vida con pasión y sin precipitación. Por favor, cuando vayamos por la calle, disfrutemos del paseo y apaguemos el móvil. El mundo no se acaba, creo.

Iberia Alexa

BMW 2 Gran Coupé, la Berlina Compacta

Entrada anterior

El Green New Deal, determinante para la independencia de Escocia

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Los comentarios están cerrados.

Más en En Portada