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Ante unas nuevas elecciones: hay que conseguir una nueva gobernabilidad

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Nuevas elecciones. Pedro Sánchez y Pablo Casado

El espectáculo ya rutinario en Zarzuela ha sido bochornoso, y como siempre los cómicos invitados más sobresalientes han sido los representantes de los nuevos partidos, desorientados por su propio fracaso —la crisis quedó atrás y ellos no sólo no han pasado de la inanidad sino que están en una peligrosa cuesta abajo hacia la irrelevancia—, e incapaces de tener una presencia activa y constructiva en un modelo multipartidista que podía haber salido adelante si cada cual hubiera aceptado el rol que le correspondía y lo hubiera gestionado con sentido de la responsabilidad.

Lo cierto es que vamos a nuevas elecciones, que serán el 10 de noviembre, lo que significa que 2019 se nos ha ido ya por el sumidero de la historia. Cuatro años íntegramente perdidos llevamos ya a la espalda, cuando aún no hay garantías de que la nueva consulta aclare la situación y nos regale una etapa de estabilidad.

En estas circunstancias, lo razonable sería que entre todos intentáramos persuadir a la ciudadanía de que, con la fuerza de sus votos, facilite el retorno a una normalidad manejable que nos permita seguir disfrutando de esa potente democracia basada en le régimen del 78, que, en líneas generales, ha sido muy eficiente y nos ha entregado cotas muy apreciables de bienestar y prosperidad.

La decadencia de Unidas Podemos y Ciudadanos

De entrada, habría que reforzar con argumentos las tendencias que hoy se advierten tanto a través del análisis como de la demoscopia. Las dos minorías sobrevenidas durante la crisis, Unidas Podemos y Ciudadanos, tienden a decaer. Ambas han tenido éxito en su intento de demostrar que no sólo su presencia es perfectamente inútil —no aportan nada a la política real— sino que saben entorpecer con habilidad el juego institucional. Ciudadanos, que renunció a su esencia ontológica que era su condición de partido bisagra, no ha servido en absoluto para impulsar la regeneración (ha sido muleta de la corrupción) ni ha contribuido a facilitar la gobernabilidad en sustitución de las minorías nacionalistas que durante una larga etapa fueron decisivas en la consolidación de mayorías, siempre a cambio de jugosas contrapartidas que desequilibraban la justicia distributiva del Estado.

También decae a ojos vista Unidas Podemos, que empezó recitando las hermosas ideas transversales de Carlos Fernández Liria y Ernesto Laclau, que pretendían profundizar en los grandes conceptos democráticos con una transversalidad creativa y novedosa, y se ha convertido en una especie de Izquierda Unida Bis, de un utopismo descarado y perfectamente inútil, que recuerda los discursos de Anguita y hasta la célebre pinza que ideó aquel protocolario maestro andaluz para descabalgar como fuera a la odiosa socialdemocracia.

Nuevas elecciones: la última palabra es del electorado

El adelgazamiento de Ciudadanos sobrevendrá de manera natural, pero harán bien el PSOE y el Partido Popular en desdeñar por sistema los llamados de una formación que ha perdido la noción del interés general y enmaraña la gobernabilidad en lugar de posibilitarla. En cuanto al declive de UP, las encuestas lo anuncian de cara a las nuevas elecciones, tanto por su propio demérito como por la posibilidad de que Íñigo Errejón dé el paso de acudir a las elecciones, al menos en Madrid, lo que, junto a las confluencias que ya no están vinculadas a Iglesias, podría otorgarle un grupo parlamentario significativo, comparable en todo caso al que formen los restos de UP.

Con estos mimbres, con Ciudadanos equiparado a su propia inutilidad, con UP reducido al nicho de la izquierda radical que siempre fue Izquierda Unida, y a poder ser con VOX de retorno al PP como su ala derecha, la gobernabilidad estaría al alcance de la mano.

Es obvio que la última palabra la tienen los ciudadanos en estas nuevas elecciones, que habrán de consumar o no estas expectativas, pero todos tenemos la obligación de explicar a la gente lo que ocurre para que después cada votante haga, si quiere, lo que le ordene su leal saber y entender.

Iberia 350
Antonio Papell
Director de Analytiks

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