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Pactos o nuevas elecciones

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Pactos o nuevas elecciones 1

Todo el mundo habla de pactos estos días en los que el calor empieza a calentar la imaginación. Sí, habrá acuerdos para gobernar ayuntamientos y comunidades autónomas que necesitan el entendimiento de varias fuerzas políticas para alcanzar la mayoría suficiente. En un primer momento, las posiciones parecen incluso irreconciliables, pero pronto veremos que hay ‘fumata’ blanca para sentar en los sillones consistoriales a los nuevos regidores. Pero con ser ello no solo deseable o, si se prefiere, inevitable, no es lo fundamental. El ciclo electoral que hemos vivido con especial interés durante las últimas semanas se tiene que cerrar con la investidura de un nuevo inquilino de La Moncloa.

Este pacto para formar el nuevo Gobierno no es tan fácil. Es verdad que inicialmente, tanto los ganadores o quienes encabezaban la lista más votada presentaron el resultado como un gran triunfo y, en gran medida, lo fue porque el partido socialista experimentó un notable crecimiento al pasar de 85 a 123 diputados, mientras que sus principales adversarios a derecha e izquierda, tanto el PP como Podemos, sufrieron importantes retrocesos o incluso auténticas debacles electorales. Pero la realidad es tozuda y la aritmética muestra la cruda realidad de forma que, al hacer números, el logro de alcanzar la mayoría ya no parece tan al alcance como inicialmente podía pensarse o como podía esperarse del análisis precipitado de la noche electoral.

Amigos y rivales

La consecuencia inmediata nos lleva a entender la negativa de Pedro Sánchez a dar entrada en el ejecutivo a su compañero de la legislatura anterior, Pablo Iglesias, quien se había ofrecido repetidamente, casi sin condiciones, a entrar en el gobierno.

El presidente en funciones se ha mostrado molesto con el ‘cordón sanitario’ que desde Ciudadanos le ha impuesto su líder Albert Rivera. Así las cosas, parece difícil que Sánchez facilite la entrada en el gobierno a Podemos porque es lo mismo que cerrarse las puertas a un entendimiento con Ciudadanos, cuya negativa complica el pacto que sobre el papel sería el más fácil para garantizar la estabilidad.

Con este panorama, supongamos que Sánchez decide hacer números y ver sus posibilidades en la dirección contraria. En principio, cuenta con el apoyo de Podemos, al que se podría unir el PNV y hasta los independentistas, además de algunos de los partidos minoritarios como el partido regionalista de Cantabria o Compromís. Entonces las cuentas salen de sobra con un resultado más que tentador de 195 escaños.

En efecto, la aritmética no engaña, pero en este caso, el presidente sabe perfectamente que tendría que soportar, durante toda una legislatura, el ataque furibundo desde la derecha de haberse entregado a quienes han dado un golpe de Estado y, lo que aún es más grave, será permanentemente preguntado por el precio que ha tenido que pagar por el apoyo recibido.

A Pedro Sánchez no le gusta este escenario y no quiere ver a los independentistas ni en pintura, tal vez porque recuerda su encuentro con Torra y el lío del ‘relator’. Entonces las cuentas cambian de nuevo e incluso el apoyo del PNV podría peligrar si no hay gestos sobre Navarra. Ahora, el resultado es diferente. Partiendo de un voto negativo de PP, Ciudadanos y Vox, en total 147, a los que se pueden sumar los 22 de los partidos independentistas catalanes, con lo que se registran 169 votos en contra; mientras PSOE y Podemos se quedan en 165.

Si las cuentas no salen: ¿nuevas elecciones?

Supongamos que Sánchez, haciendo gala de su capacidad para hacer ofrecimientos, consigue el apoyo del PNV, entonces llega a 171 votos. Ahora bien, si el bloque de derechas consigue atraer los 2 diputados de Coalición Canaria y los 2 de Navarra Suma llegarían a 173 escaños contra la investidura, exactamente los mismos que votarían a favor, sumando los 171 con el partido regionalista de Cantabria y Compromís. En resumen, empate a 173. Pero quedan 4 diputados que, adivinen ustedes, pertenecen a Bildu. Sin comentarios. Además, el PSOE y la vicepresidenta en funciones ya han dicho que Bildu nunca es ni será socio de los socialistas.

Con este cuadro, no es extraño imaginar las vueltas que están dando a los pactos los asesores en Moncloa. Las cuentas no salen y el análisis indica que lo mejor para el presidente en funciones es aprovechar el actual viento de cola y volver a convocar elecciones que le sitúen en una posición claramente ventajosa. El hombre que susurra al presidente lo tiene claro y ya ha dictaminado cuál es la mejor solución. Volver a las urnas y acercarse a la mayoría absoluta. Dicho y hecho.

Iberia Alexa

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