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Las 5 razones por las que el PSOE debería pactar con un Podemos sin Pablo Iglesias

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Pablo Iglesias

Pablo Iglesias está desaforado. Su cerrazón a permitir un acuerdo progresista se vuelve sumamente peligrosa para el país, dado el deterioro progresivo de la situación económica y la inexistencia de un gobierno con plenas facultades para combatir la decadencia.

Visto lo grave de la situación, la solución al problema va más allá del golpe de efecto que daría retirándose como posible candidato a ocupar un puesto en un gobierno de coalición: tras la deriva del último mes, lo lógico sería que, directamente, renunciara a liderar Unidas Podemos -lo que evitaría que  llevara a la formación a la debacle de unas nuevas elecciones- y posibilitara una regeneración en su partido, con un nuevo liderazgo para negociar un pacto progresista con el país o empezar a escribir un nuevo relato si realmente ambos grupos acaban abocados a unas elecciones.

Estas son las cinco razones por las que Unidas Podemos y su líder deberían apostar por dar este paso:

1- Pablo Iglesias no ha conseguido construir un relato sólido más allá del del poder personal

Además de intentar componer un relato a golpe de bot, y de despreciar tanto a críticos, que intentan desentrañar las raíces patológicas de su obstinada negativa a un pacto a la portuguesa, como incluso al sector periodístico, al que parece utilizar a su antojo para componer ese relato que sacaría a este país de cuatro años de inestabilidad –la filtración de sus conversaciones con Lucía Méndez, de El Mundo, ha sido sonada–, el líder de la formación morada tiene las encuestas en su contra. Twitter no es España y tampoco Unidas Podemos es Pablo Iglesias.

Tras la fuga de talento de los últimos años y esta última y enésima deriva en una negociación que acabará siendo, casi seguramente fallida, se adivina detrás del discurso victimista de Iglesias no un afán constructivo, sino un cierto apetito de destrucción. Ya saben, el famoso cuanto peor, mejor.

En un momento en el que es imprescindible situar a la izquierda en el poder durante cuatro años, después de un convulso periodo en que la crisis y el neoliberalismo sin escrúpulos de los más osados han sumido a este país en una situación de grave desigualdad estructural, parece que a algunos lo que les interesa es estar integrados en una coalición.

Salir en los telediarios. Tocar y conservar una cuota visible de poder. Competir con Sánchez en el protagonismo de la izquierda. Seguir siendo una estrella rutilante.

Después de todo, estas mismas razones son las que impidieron un gobierno progresista después de las elecciones de diciembre de 2015 (Rajoy era mejor para colmar sus objetivos) y, más recientemente, este mes de julio, cuando Unidas Podemos votó negativamente a la investidura de Sánchez (ahora, parece, lo mejor es dar una oportunidad al tripartito de derechas, que ve el cielo abierto con la repetición de elecciones: quizá no llegue todavía a la mayoría, pero sin duda avanzará decisivamente hacia ella).

2- Pablo Iglesias ya no tiene la confianza ni del PSOE, ni de sus votantes… ni de gran parte de sus socios –y electores–

Una de las virtudes más importantes de un líder es su capacidad de inspirar confianza. Las declaraciones de multitud de grupos y actores sociales de la izquierda empiezan a dar a entender que Pablo Iglesias no tiene ni la confianza de unos ni el respaldo anteriormente cerrado de otros. Y es normal: todas las partes no ven una estrategia política sensata en su voluntad de formar parte de una heterogénea y seguramente inmanejable coalición PSOE-UP.

La misma terminaría estallando, quizá en cuestión de horas, la primera vez que el líder podemita, pongamos por caso, llamara como acostumbra “presos políticos” a los presos preventivos del 1-O, o apostara de nuevo por el reconocimiento a los nacionalistas catalanes del derecho de autodeterminación, que Naciones Unidas no reconoce a los grupos que forman parte de Estados maduros que no salen de una situación colonial ni violentan los derechos humanos de sus ciudadanos.

Por no hablar de que, en el caso de que la recesión fuera un hecho y volviera a ser virulenta, seguramente decidiera hacer reventar su acuerdo con el PSOE para intentar sacar tajada de una nueva crisis social.

Finalmente, las voces disidentes, incluso dentro de su partido, apuntan a una lógica que es innegable: se pueden amontonar las excusas y embellecerlas a golpe de reply en Twitter, pero la verdad, desnuda, es incontestable: será la tercera vez que Pablo Iglesias reviente la posibilidad de que exista un gobierno progresista en España.

3- La deriva de Pablo Iglesias perjudica el avance social en España

Gran parte del ruido de fondo en esta negociación lo están poniendo los socios tradicionales, como decíamos antes, de Pablo Iglesias, que están fragmentados en diversas fuerzas y se temen lo peor. Parece que Iglesias no se ha leído –¿para qué?— los 370 puntos de la propuesta socialista; la teórica no le preocupa.

Lo grave del caso es que la fracción podemita de Unidas Podemos —ya hay que diferenciar Izquierda Unida, con el PCE en su interior, de Podemos, organizaciones que muestran sus disimilitudes cada vez de forma más visible—, al seguir ciegamente la deriva de su líder, da la sensación al resto de la sociedad de que no está en absoluto preocupada por la crudeza de la realidad, ni mucho menos por los programas que se le ofrecen para establecer las bases de una cooperación.

Lo único cierto es que, al seguir esta estrategia, la gran mayoría del electorado de izquierdas (y aquí sí incluiríamos a todos los grupos progresitas) y, por supuesto, parte del suyo propio, piensa que la gran aspiración de Podemos, donde reina todavía Pablo Iglesias (bien es verdad que en un reino cada vez más desolado), es el poder, no el bienestar de la gente.

Y es normal que lo piensen: la falta absoluta de cooperación con el PSOE va a hacer que la agenda social progresista se retrase meses, tiempo en que aquellos que han votado a Unidas Podemos para hallar soluciones a sus problemas van a encontrarse, de nuevo, ante la inercia de la maquinaria del Estado y el posibilismo de un gobierno en funciones, asediado, además, por cuestiones dramáticas con las que tendrá que lidiar –una posible recesión, el fantasma del Brexit, la sentencia del 1-O…–.

Lamentablemente, lo que nos queda por ver se resume en esta frase: no habrá avance social, pero sí ruido en redes sociales.

4- Pablo Iglesias socava la trascendencia del proyecto de izquierdas

Es importante entender el muy delicado momento que atraviesa España: un país que estructuralmente sigue siendo incapaz de reducir una tasa de paro cósmica –está a la cabeza mundial en países con problemas endémicos en el empleo– con un ascensor social que ha vuelto a ‘griparse’ y con la clase media arrasada, los jóvenes sin expectativas, los servicios públicos deteriorados y las arcas de Hacienda exhaustas después de varios años de mantener una presión fiscal ocho puntos por debajo de la media comunitaria.

Con semejante panorama es normal que la respuesta del electorado ante la deriva del líder de la izquierda-izquierda empiece a ser girar la cabeza hacia opciones más pragmáticas, como la de Iñigo Errejón, para intentar impulsar agendas posibilistas que, al final, consigan cambios reales. La estrategia de la confrontación y el juego de suma cero que plantea Pablo Iglesias no ha aportado nada a los progresistas españoles, salvo incertidumbre 

El problema es tan grave que Iglesias, cuyo afán es tan obstinado y ciego, no acaba de entender que, si vamos nuevamente a elecciones, tiene serias probabilidades de convertirse en una fuerza irrelevante, de tal modo que Izquierda Unida puede incluso verse tentada de recuperar sus viejas siglas: “Izquierda Unida” ya tiene más prestigio que “Podemos”. Pero le da igual. La cuestión es estar en el candelero el mayor tiempo posible.

El hecho de que se fraccione la izquierda o pierda fuelle ese parte del espectro ideológico parece ser menos relevante en este momento.

De esa manera se entiende su estrategia durante estas últimas negociaciones: desde la impostura del relato martiriológico (“yo me aparto para que haya un acuerdo… pero me aparto poco, pues sigo mandando en mi partido, y quiero mandar en el Gobierno a través de uno de los míos”) o el correoso momento final del debate de investidura (pidiendo en el tiempo de descuento competencias de manera casi al ‘tun-tun’) está poniendo en peligro no solo a su partido sino a los votantes de su espectro ideológico, que necesitan soluciones y no espectáculos pirotécnicos.

5- Es mejor cambiar a Pablo Iglesias que enfurecer a una población que ya ha votado por un cambio progresista

En un escenario similar, el PSOE, que ya era un partido bastante ‘baqueteado’, tuvo que implosionar y partirse para contribuir a echar a andar todo el país con un gobierno conservador.

En este caso, cuando la única petición del electorado es que haya un gobierno progresista –ni más ni menos–, que Iglesias sea capaz de instrumentalizar a la izquierda para evitarlo suena, como poco, sospechoso. Es lógico, por tanto, que el PSOE desconfíe y prefiera ir a elecciones.

Es posible que el cansancio por tanta recurrencia a la voluntad popular genere desmovilización, pero con toda probabilidad, si se produce, será general y no concentrada en la izquierda (ni en la derecha).

Eso sí, los ciudadanos, más irritados de lo que parece, están ya afilando los cuchillos para sajar unas adherencias que no han aportado nada a la modernización de la democracia española. Y se merecen asistir al derrumbe de los brujos que quisieron engañarnos con sus milagros imaginarios o, al menos, que den paso a nuevos dirigentes que sí sean capaces de ofrecer los avances reales que prometen.

Repuesto hay: Irene Montero, cuya validez es incontestable hasta para el PSOE, que contaba con ella en el gobierno de coalición pese a las suspicacias de los de Sánchez con el entorno podemita, parece la opción más lógica para evitar seguir desangrando a la izquierda en aventuras que acabarán costando votos al progresismo y podrían impulsar al nutrido frente conservador en un futuro.

analytiks

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1 Comentario

  1. Un buen chiste, pero de momento el líder de Unidas Podemos lo elegimos los inscritos, no nuestros rivales.

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