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Concha Velasco: “La producción teatral en España ha sufrido un maltrato por parte de la opinión pública que no se merece”

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Concha Velasco: “La producción teatral en España ha sufrido un maltrato por parte de la opinión pública que no se merece” 1

ENTREVISTA A CONCHA VELASCO Y A JUANJO SEOANE

Actriz y productor teatral

La obra de teatro Reina Juana, escrita por Ernesto Caballero, dirigida por Gerardo Vera y protagonizada por Concha Velasco, ha sido todo un acontecimiento desde su estreno, a finales del pasado abril, en La Abadía. Recién acabado su periplo en el espacio madrileño que conduce José Luis Gómez, donde ha contado día tras día con el fervor del público –que ha llenado la sala y ha aplaudido en pie al final del montaje la actuación de Velasco– y con el aplauso de la crítica, comienza ahora una gira que la llevará por festivales de verano y por teatros de toda la geografía nacional. Gracias al productor de la obra, Juanjo Seoane –que comparte en esta ocasión rol con Alejandro Colubi–, ANALYTIKS pudo visitar a la gran actriz vallisoletana en su camerino, antes de dar vida a Juana de Castilla sobre las tablas en lo que es la 109 producción teatral de Seoane, que también ha sido responsable de seis películas y que no esconde su orgullo por los elogios que ha recibido el montaje: “Es mucho más que un monólogo, es un gran espectáculo digno del Old Vic londinense”. Con él también tuvimos oportunidad de charlar a continuación.

CONCHA VELASCO. Actriz

-¿Por qué decide aceptar el reto de encarnar a Juana de Castilla en un rol tan exigente para una actriz?

-Por Juanjo Seoane. La primera vez que trabajamos juntos fue en 1979. Él, que era el autor de la versión junto a Juan José Arteche, me ofreció con Ángel Fernández Montesinos, el director, protagonizar Filomena Marturano. Mi hijo Paco estaba recién nacido y Manuel era muy pequeño. Preparamos la obra, con José Sazatornil, estrenamos en el Teatro de la Comedia y tuvo tanto éxito que pasamos al Reina Victoria. Ésa fue la primera vez que tuve la suerte de trabajar con un gran empresario como Juanjo, que además es un buen amigo. Luego, formé mi propia compañía con el musical Mamá, quiero ser artista y comenzamos a producir mis espectáculos Pacó Marsó y yo. Pero he seguido todos sus montajes porque es el productor privado más importante de este país. Cuando terminé mi relación personal y profesional con Paco, le llamé e hicimos La tía Tula. Su idea era llevar el guión cinematográfico a las tablas con una versión del propio director de la película, Miguel Picazo. A mí me parecía que estaba mayor para hacer de Tula. En eso soy muy pesada y muy rarita, creía que mi edad no se ajustaba a la del personaje, una mujer que todavía tenía la posibilidad de tener hijos y a la que ese amor contenido que siente por su cuñado le hace incluso renunciar a la maternidad. Él, que había firmado ya contratos firmados por toda España, me entendió cuando se lo planteé en una comida con Picazo y entonces decidimos volver a hacer Filomena. De nuevo, tuvo un enorme éxito.

[Seoane interviene: “Era el momento de volver a hacerla porque cuando Concha interpretó el personaje por primera vez tenía 38 años y Filomena es una mujer de alrededor de 50. Estuvimos dos años y medio sin parar y repitiendo en muchas ciudades”].

Desde entonces, Juanjo ha seguido ofreciéndome grandes textos y siempre ha sido muy cariñoso conmigo, además de una persona muy generosa. Yo tenía un contrato con Cimarro como productor de Olivia y Eugenio, una obra complicada porque he trabajado con dos chicos down. Ha sido muy gratificante pero el que no fueran actores profesionales me ha supuesto una tarea muy creativa y bonita aunque bastante dura. Fue entonces cuando llegó Juanjo y me habló de Reina Juana, un texto que me emocionó. Admiro a Ernesto Caballero y también valoré que me dirigiera Gerardo Vera. Así que le dije que sí, aunque eso suponía dejar de trabajar con Cimarro, que lo comprendió. Recuerdo que cuando me ofrecieron La vida por delante para que la dirigiera José María Pou acabábamos de terminar Filomena y Juanjo tenía otro proyecto, pero tampoco pasó nada porque nuestra amistad está por encima de todo. Es un ser bueno y generoso, además de muy inteligente y creo que tiene un enorme valor, con la subida del IVA y la crisis económica, ser empresario privado de teatro en España en este momento. Son ellos los que han sostenido el teatro siempre, a pesar de haber sido denostados y criticados por no poder hacer las producciones que hacían, algo que en este momento es quimérico.

-¿Cómo ha preparado el personaje?

Nos reunimos Juanjo, Gerardo Vera y yo para revisar y poner en común el texto. Yo sabía mucho aunque no tanto como sé ahora de Juana de Castilla. Porque una de las cosas que me ha obligado a hacer Gerardo es leer y leer y leer. Todos conocemos la historia de España de los siglos XV y XVI pero había algo de esa Juana que se encierra en sí misma cuando muere Felipe El Hermoso que para mí tiene similitudes con María Estuardo, esa mujer condenada, encerrada, vejada y al final decapitada. A Juana la enclaustran de por vida en un convento para robarle la vida, la corona, los hijos y su identidad como persona y como mujer. Es una de las grandes maltratadas de la historia. Pensamos desde el principio en una gran producción y, hoy en día, tal y como está el teatro, Juanjo no podía asumir el coste él solo. Por eso entró en el proyecto Alejandro Colubi, propietario de los teatros Marquina y Príncipe.

“El único secreto de que trabaje tanto es Hacienda”

-¿En qué espejo se mira a la hora de abordar un papel?

-Mi ejemplo siempre fue Mary Carillo, a la que perseguía por toda España hasta que logré trabajar con ella en Buenas noches, madre. Ahora lo es Nuria Espert. Ojalá pudiera compartir escenario con la maestra Espert. Quizá la gente no se lo crea, pero en esta profesión nos queremos. Entre nosotros no hay la necesidad de la zancadilla ni de hablar mal unos de otros. Rodero decía que hay advenedizos pero que se los ve enseguida porque no son de esto. Admiro la enorme dificultad de los actores vocacionales y de los productores para trabajar. Juanjo Seoane es un santanderino que no tenía ninguna necesidad de dedicarse a esto pero se ha dejado la vida en ello y también su patrimonio con hasta cuatro compañías en gira por España, dramáticas, de ópera y de zarzuela.

-Y eso no está suficientemente reconocido…

-En absoluto. Como se ha hablado tanto de las subvenciones, esta profesión ha sufrido un maltrato que no se merece. Si a ello sumamos que, en unos momentos críticos del país, muchos actores defendimos ciertos planteamientos… Menos mal que los que nos han censurado ahora se van dando cuenta de que no tenían ninguna razón. El Estado tiene la obligación de tener salas y compañías públicas pero lo que mantiene el teatro es la empresa privada. ¿Sabes lo que le queda a un empresario de una entrada que cuesta 20 euros, que es un precio caro para un espectador pues estamos hablando de 40 euros si son dos? Nada más que cinco euros después de impuestos y sueldos. No nos lamentamos de forma gratuita. Y hay que dejar claro que no queremos subvenciones, sino que nos quiten impuestos. He tenido que oír muchas veces eso de que ya están los cómicos pidiendo. Nos meten a todos en el mismo saco cuando, mientras haya escritores maravillosos y un público que nos siga, al teatro no le hace falta nada más que un calle, pero si queremos hacerlo mejor es necesario que muchos espectadores vayan a ver las obras. En Reina Juana, que es un monólogo, somos 17 personas trabajando. Hemos conseguido estrenar en Madrid en el Teatro de la Abadía gracias a José Luis Gómez, que dijo que lo hacía por Seoane, y uno de los productores, Colubi, es propietario de dos teatros, lo cual te da una garantía de futuro.

“El Estado tiene la obligación de sufragar salas y compañías públicas pero lo que mantiene el teatro es la empresa privada”

-Pero el espectador sí está respondiendo. Muchas salas de Madrid se llenan incluso entre semana.

-Es verdad que en España la gente va muchísimo al teatro y que ahora mismo en Madrid hay varias funciones que cuelgan el cartel de no hay entradas también en días laborables. La cultura teatral que existe aquí no la hay en ningún otro lugar de Europa salvo en Londres, parte de cuya economía depende de sus estrenos, como ocurre en Nueva York. Pero si hablamos del continente, es muy de agradecer que en cualquier rincón de España la gente sepa de teatro. Un país que no es capaz de admirar el teatro, si no está muerto, está moribundo.

-Ha estado representando Reina Juana de martes a domingo y los sábados con función doble, grabando para televisión el programa Cine de barrio y la próxima temporada de la serie Velvet, a la que se incorpora. ¿Cuál es el secreto de tanta energía?

-Hacienda. Ojalá pudiera, en este momento de mi vida, dedicarme en exclusiva a Reina Juana. Me encanta todo lo que hago y pongo en ello los cinco sentidos pero reconozco que me gustaría trabajar menos. Sin embargo, no puedo porque no me he ido ni a Panamá ni a ningún paraíso fiscal y tengo obligaciones con Hacienda.

JUANJO SEOANE. Productor teatral

“A los seis años pedí a los Reyes Magos un teatro de cartón. No sé por qué, pues en mi familia nadie se dedicaba a la escena. Y a los 11 fundé una compañía con mis amigos de la escuela. Adaptaba relatos como Caperucita Roja, distribuía los papeles y actuábamos los jueves por las tardes en los portales de nuestras casas, donde bajaban familiares a vernos”. Así recuerda el productor cántabro Juanjo Seoane su primer contacto con el teatro, una pasión y una profesión a la que ha dado –y lo sigue haciendo– su vida.

-¿Cómo se aborda desde el punto de vista de la producción un personaje como Juana de Castilla, controvertido por sus sospechas de locura, por su retiro en Tordesillas…? ¿Cuál es el punto de partida?

-Cuando leí la obra de Ernesto Caballero pensé que la única que podía interpretar el papel era Concha Velasco. He trabajado mucho con Nuria Espert, le comenté el proyecto y coincidió conmigo en que tenía que ser Concha. Además, iba a dirigir la obra uno de los tres mejores directores del momento en España, según mi parecer. Pero lo que no quería es fuera un simple monólogo con muy poco atrezo y por eso hablé con Alejandro Colubi, gracias a cuya generosidad ha sido posible este montaje. A partir de ahí, me acerqué el primer día de ensayos para ver a todo el mundo y me despedí hasta el primer ensayo general que fue en Sevilla. Estaba convencido del éxito que íbamos a tener.

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-¿Cuál es su opinión, después de haber hecho una intensa inmersión en su figura, de la Reina? ¿Quiso gobernar Castilla o prefirió que primero su marido, luego su padre y más tarde su hijo asumieran una tarea que le correspondía a ella? ¿Sufrió algún tipo de enajenación tras la muerte de Felipe El Hermoso? ¿Da la obra respuesta a estas cuestiones?

-Su retiro fue una auténtica cárcel. Sus aposentos tenían rejas, estaba controlada y no podía recibir a nadie que sus carceleros no quisieran. En la obra se llega a todas las conclusiones posibles, porque la labor de investigación del autor, del director y de la actriz, así como la mía, ha sido ingente. Hemos buscado datos nuevos incluso de la muerte de Felipe El Hermoso, dado que algunos ponen en cuestión la versión oficial. Tanto, que incluso se han estudiado sus restos para tratar de dilucidar las verdaderas causas.

-La subida del IVA cultural es uno de los grandes caballos de batalla, si no el principal, de los productores teatrales desde hace varios años.

-En Francia, las 140 primeras representaciones de una obra que financie una empresa privada no pagan impuestos. A partir de la 141, se las grava con un 5 %… Poco más se puede decir… Dos días antes de que el 21 % de IVA cultural entrara en vigor, me dieron en el Teatro Romano de Mérida el Premio Ceres a la Mejor Trayectoria Empresarial y, al recibirlo, aludí a la injusticia de que, por poner en escena autores españoles e internacionales de primer nivel, tengamos que pagar la misma tasa que el tabaco. Por eso, he pedido al actual Gobierno que rectifique si no quiere cargarse la Cultura. Pero ha sido en vano. En estos momentos, debo tributar el 21 % a Hacienda, más el 10 % por derechos de autor, más el 4,5 % de la venta por internet que ahora supone el 80 % del total, más la Seguridad Social: 480 euros por cada 1.000 euros que pagues a un empleado, si le pago 2.000 euros al mes ya son 900 más… Sin olvidar el 30 % que corresponde a la empresa. ¿Cómo se puede trabajar así?

-¿Qué piensa de la Ley de Mecenazgo?

-Sabía desde hacía tiempo que no iba aprobarse con este Gobierno después de lo que hicieron precisamente con la subida del IVA cultural. Lo intentó Adolfo Marsillach cuando fue director del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música (INAEM) en aquel Ministerio de Cultura que dirigiera Jorge Semprún y no le dejaron. Estuve reunido con el secretario de Estado de Cultura, ahora en funciones, José María Lassalle, que es además de mi tierra y lo comentamos. Le solicité que el empresario que haga teatro con criterios de calidad, buenos autores y obras reconocidas, es decir, de interés cultural, se pueda beneficiar de una rebaja impositiva y me respondió que eso era un tema del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que era muy complicado y él no podía hacer nada. No pido mucho, únicamente que al menos ese tipo de montajes pague el mismo IVA que el fútbol. O los toros. Por no hablar de las revistas porno, que tributan al 4 %.

“Después de lo que hicieron con la subida del IVA cultural, tenía claro que este Gobierno no iba a aprobar la Ley de Mecenazgo”

-¿En qué está ahora embarcado Juanjo Seoane?

-Estoy escribiendo un libro de memorias junto al crítico de ABC Juan Ignacio García Garzón para explicar la labor del productor de teatro. Existe una idea equivocada por parte de algunas personas, que creen que es el que se lleva el dinero.

-¿Cuáles son los secretos para ser un buen productor?

-Yo soy un poco atípico. Elijo la obra desde el primer momento. Y luego al director que creo va a llevarla a escena como a mi juicio debe hacerse, en busca además de que haga crecer lo que yo he pensado y el propio texto. También suelo tener claro quién debe interpretarlo. Por ejemplo, trabajé con un director ahora muy de moda, Miguel del Arco, que acababa de hacer La función por hacer, una adaptación muy especial de Seis personajes en busca de autor de Pirandello. La vi y me gustó mucho. Un día en casa, García Garzón me comentó que para él era un director en ciernes estupendo. Estábamos entonces empezando a montar La loba y Nuria Espert me pidió que la dejáramos un tiempo porque había releído un texto que siempre había querido convertir en obra de teatro interpretando ella a todos los personajes. Se trataba del poema de Shakeaspeare La violación de Lucrecia. “Lo hago ahora o ya no podré hacerlo”, me dijo. Me pidió que lo pensara porque era como tirarse a la piscina sin agua pero yo estuve desde el primer momento dispuesto a tirarme a la piscina con ella hubiera o no agua y resultó que estaba hasta arriba de agua. El montaje nos ha dado muchas satisfacciones. Hace cuatro meses lo hemos representado en el Festival de Bogotá. Pues bien, Nuria me sugirió que buscara a un director joven de talento porque en este caso ella prefería no dirigir y, como yo quería a alguien que viviera en Madrid para tenerle más cerca, le propuse a Miguel del Arco y le pareció bien, aunque entonces no le conocía. Lo cité en casa y le ofrecí el trabajo. Cuando le hablé de que se trataba de Nuria Espert y de un Shakeaspeare casi se cae de la silla.

Reina Juana es su producción teatral número 109. ¿Cómo ha percibido la evolución del público desde que comenzó a dar sus primeros pasos en la profesión?

-Existe un grupo de personas de más de 50 años que son un público distinto a las que tienen entre 18 y 40, por poner un rango de edad. Y hay que hacer un teatro para todas ellas. A mí, el que mejor se me da es el de repertorio de grandes autores. Me planteo, por ejemplo, producir Medea de Eurípides. Eso requiere contar con una gran actriz y un gran director. La hice con Nuria Espert y Michael Cacoyannis en Mérida y en una rueda de prensa que tuvimos en el Romea de Murcia, cuando estábamos de gira, me preguntaron por qué no hacía teatro comercial. Cerca de mí estaba el director del espacio. Me dirigí a él para inquirir cómo iba la taquilla ese día y el siguiente y me contestó que un día estaba el aforo completo y el siguiente únicamente restaban 30 butacas por vender. Entonces fue cuando contesté: Eurípides es comercial.

-Dentro de ese gran repertorio, ¿cuál es el texto que más le gustaría producir que aún no ha hecho?

-Hay dos: uno es Edipo rey y el otro El jardín de los cerezos. Me gustan los grandes títulos del teatro universal pero que sean comerciales, como comentaba ahora mismo. Pienso en el público, en si le gustará, pero no pienso en los críticos. Puede parecer, por ejemplo, que a Los hombres mueren de pie de Casona no va a ir nadie. Pues depende de cómo se haga, digo yo, de a quién se ofrezca la obra… Se pueden programar funciones especiales para colegios cuyos alumnos estén estudiando ese texto a precios económicos… Eso es lo interesante, hacer ver a muchas personas, y si son jóvenes mejor, que el teatro no es aburrido. Quisiera tener un lugar donde cada día de la semana se programara una obra distinta de los grandes dramaturgos. Ahora, tal y como están las cosas, es imposible pero sería maravilloso, incluso poder hacer una gira por toda Latinoamérica, donde adoran el teatro español y en 15 días, por ejemplo, representar seis funciones distintas del gran repertorio español. Lástima que en la actualidad sea una utopía.

“Hay dos títulos, uno es Edipo rey y el otro El jardín de los cerezos, que aún no he podido llevar a escena y me encantaría”

-Si alguien puede juntar a Nuria Espert y a Concha Velasco encima de un escenario ése es Juanjo Seoane. Sería un bombazo…

-No sería un bombazo, sería la ilusión de mi vida, pero tengo que encontrar una obra para dos mujeres de su edad con dos grandes protagonistas. Cumplí uno de mis grandes anhelos, que fue unir a Nuria Espert y a Adolfo Marsillach en Quien teme a Virginia Woolf. Encargué la versión a Adolfo y tras leer la adaptación pensé que tenía que protagonizarla él. Estuvo de acuerdo y cuando le comuniqué a Nuria que tenía actor protagonista y era Marsillach, no se lo creía. Él me decía que hacía 14 años que no actuaba, solamente dirigía, pero que solamente había pensado en volver a interpretar si era con Concha Velasco, con Nuria Espert o con María Jesús Valdés, que volvió al teatro después de 34 años por mi insistencia. Ésa es otra de las grandes satisfacciones que me ha dado esta profesión. La vi con 15 años en La fierecilla domada y en La Celestina haciendo de Melibea en la plaza porticada de Santander y eso nunca se me olvidará.

-Uno de los momentos más emocionantes que habrá vivido me atrevo a presumir que fue la despedida de las tablas en Santander de Amparo Rivelles, sin previo aviso…

-Amparo hizo nada más que cuatro funciones de La duda, basada en la obra El abuelo de Pérez Galdós. Estuvo maravillosa. Me dijo que me debía terminar su carrera y entonces le recordé que su padre, Rafael Rivelles, se despidió del teatro con El abuelo. Para mí, la obra iba a ganar mucho si en vez de un abuelo la protagonizaba una abuela por ese duelo que plantea, pues así sería de mujer a mujer, de nuera a suegra. Le pareció una idea muy bonita retirarse con ese texto. Yo había hecho la versión para ella de Los árboles mueren de pie y me comprometí a versionar a Pérez Galdós sin ningún compromiso. Lo veía claro, la historia en cuatro cuadros. Escribí un 25 % de la obra, lo leyó y me pidió que cambiara el arranque y que siguiera adelante. Le fue pareciendo todo bien pero tenía una artrosis tan tremenda en la espalda, las piernas y las rodillas que, tras el estreno en Orense, con muchos calmantes, donde hizo dos funciones, me pidió que atrasara la gira porque necesitaba tres meses para recuperarse con un tratamiento. Llegamos al Palacio de Festivales de Cantabria para actuar en Santander, mi tierra, y tuvimos que llevarla desde el hotel hasta el escenario y ponerle un camerino especial. Pero se levantaba, se vestía y cuando salía a escena lo hacía tiesa. Parecía mentira. Buscamos sillas altas y procuramos que estuviera sentada lo máximo posible. En la última función de Santander, antes de empezar me preguntó si iba a estar en el teatro. Me pidió que no me moviera porque no sabía si podría acabarla, algo que no le había pasado nunca. Por los tremendos dolores. Salió a escena altiva yo estuve viéndola entre cajas. Cuando fui a saludar, cosa que solamente hago allí, se volvió hacia mí, pidió que cesaran los aplausos y anunció que tras 63 años de profesión, no podía más. Había hecho la representación porque era la patria de su querido productor pero esa noche se despedía del teatro. Todos los actores, buena parte del público y yo no pudimos evitar las lágrimas. El montaje de la obra era muy caro pero hubo que pararlo. Se intentó con otras actrices, no pudo ser y de repente se me ocurrió el nombre de Nati Mistral, una primera figura que podía llevar el personaje a su terreno. Tenía un contrato largo en Buenos Aires y me pidió varios meses para poder empezar pero el texto le gustó, lo hizo muy bien y así, al menos, no ganamos dinero pero salvamos los muebles.

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