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“El rugby es un deporte de valores y el fútbol un negocio en el que todo vale”

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ENTREVISTA A ALHAMBRA NIEVAS

Árbitro de rugby

Su nombre no podía ser más denotativo de su cuna. La granadina Alhambra Nievas es la única española que se dedica de manera profesional al arbitraje de rugby. El año pasado fue nominada, junto a dos compañeros, al galardón Árbitro del Año que se otorgó tras la celebración del Mundial masculino. Una de las mayores alegrías que ha recibido la joven es su confirmación para participar como árbitro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, donde si todo va bien celebrará su 33 cumpleaños el próximo 9 de agosto. Está afincada en Málaga, donde ha estudiado ingeniería de Telecomunicaciones, aunque antes vivió en Almería debido al trabajo de sus padres. Futura teleco –está en este momento preparando el proyecto fin de carrera con la intención de acabarlo y leerlo en cuanto finalicen los JJOO–, coordina la sección de rugby femenino del club deportivo Universidad de Málaga, cuyo principal equipo disputa la Liga Andaluza –dentro de la Primera División– y lucha por convertirse en el primer combinado andaluz en participar en la División de Honor. Algo que estuvo a punto de conseguir en la última temporada de Nievas como jugadora, la 2011-12. El rugby se ha convertido en mucho más que su pasión como deportista, aunque le deje muy poco tiempo libre.

-Pasa la mitad del año fuera de casa, en destinos diferentes cada dos semanas, ¿es duro?

-Mi vida es un poco atípica porque es muy raro que haya un mes en el que no tenga un torneo en el extranjero que me suele ocupar al menos siete días. Llevo dos temporadas casi sin vacaciones y hablo de campañas de prácticamente 12 meses. El pasado mes de agosto tuve cuatro semanas de descanso pero este año, con los Juegos, no será posible. Abril, por ejemplo, fue intenso ya que estuve dos semanas fuera en dos torneos celebrados en Estados Unidos y en Canadá, mientras que en junio he de arbitrar tres competiciones internacionales y eso significa pasar todo el mes fuera. Además, antes de que comiencen los JJOO tengo una semana de concentración en Argentina para prepararlos. Y los fines de semana que estoy en España arbitro partidos de División de Honor masculina. Mi vida entre semana cuando me quedo en casa consiste en entrenar y preparar los partidos. Soy además directora de Formación en el Comité Andaluz de Árbitros y colaboro con el Comité Nacional. Hay momentos difíciles en los que tienes ganas de ver a tu familia y a tus amigos y a veces necesitas descanso, además de que cuidar de la dieta no se lleva muy bien con eso de estar todo el día por ahí, pero estoy disfrutando mucho de mi trabajo y me considero muy afortunada. Hasta ahora, nadie en España había podido vivir del arbitraje. Gracias al trabajo duro y a que alguien viera que podía tener las condiciones para dedicarme a ello, lo he conseguido. No me planteo cambiar de vida de momento, aunque sé que el tiempo de profesión de los árbitros, como deportistas que somos, es limitado, pero soy joven.

-¿Cuándo empezó a jugar al rugby?

He sido siempre muy amante de practicar deporte, al contrario que mi hermano. Desde pequeña he jugado a todo, me pasaba los veranos metida en el polideportivo del pueblo. También me ha gustado mucho ver deporte en la tele. No conocía apenas el rugby pero, a raíz de irme a Málaga a la Universidad, tras un primer año centrada tan solo en los estudios, echaba de menos mi faceta deportiva. Fue entonces cuando me hablaron del rugby y del club de la Universidad y, en cuanto empecé, me enganchó. Es el deporte de mi vida.

-¿Y cómo fue su primer contacto con el arbitraje?

-Tenía una amiga que era árbitro y participaba en concentraciones de rugby base una vez al mes. Suelen acudir muchos equipos y un fin de semana necesitaban árbitros. Fui, me gustó y me pareció interesante arbitrar cuando no jugaba. No tenía ninguna aspiración, únicamente como jugadora llegar a la selección, pero mi Comité me dijo que quería que realizara un curso de ascenso, que probara. Lo aprobé y, al ascender, como soy muy competitiva, me volqué en el arbitraje para seguir subiendo, aunque continuaba jugando. Cuando empezaron a designarme para torneos internacionales me di cuenta de que tenía que tomar una decisión, porque una carrera como árbitro era incompatible con seguir como jugadora. Había estado en la selección andaluza y en la española y había dado muchos años a mi club así que, cuando no logramos el ascenso a la División de Honor en 2012, colgué las botas.

premio

-¿Cuál ha sido el mejor momento que ha vivido como árbitro?

-Diría que la nominación a Árbitro del Año 2015. Fue tras el Mundial masculino. El presidente de la Federación Internacional me mandó una carta para comunicármelo y no me lo creía. Era un miércoles, tenía que ir a trabajar a un torneo a Suiza y me ayudó la Federación Europea a poder estar en la gala, que era el siguiente domingo. Me compré corriendo un vestido y unos zapatos y pude llegar a tiempo. No gané pero me invitaron a la final del Mundial y fue impresionante. Los otros dos nominados son árbitros de rugby15 de renombre internacional, han arbitrado finales y semifinales de grandes campeonatos. Mi opinión es que la organización quería premiar de alguna forma a alguien de rugby7 y yo fui árbitro destacada en la competición femenina de esa categoría. Además, es posible que buscaran dar notoriedad a una mujer porque se está trabajando muy intensamente para que haya más árbitros mujeres en las máximas competiciones. Puede que otro factor a favor de mi nominación fuera que provengo de un país sin tradición rugbística y quisieran mandar un mensaje positivo en ese sentido. De todas formas, poder estar en los Juegos Olímpicos es un sueño. Me he tragado retransmisiones de todos los deportes olímpicos y, si todo va bien y no sufro ninguna lesión importante, lo cumpliré. No tengo objetivos ahora mismo como pitar la final de un Mundial. Creo que ese tipo de premios es la consecuencia de ponernos metas más medibles antes. Lo único que pretendo es disfrutar de lo que hago, en primer lugar; si no, es difícil que las cosas salgan bien. A partir de ahí, mi intención es exigirme un poquito más en cada nuevo partido.

-¿Qué cualidades cree que le han llevado a destacar en el mundo del arbitraje?

-Me definiría como muy cabezona en el sentido de que soy muy trabajadora y, lo que hago, lo hago a conciencia, de la forma lo más profesional posible. Además, gracias a que he jugado bastantes años a buen nivel, conozco el deporte, tengo un buen físico y mucha calma. Creo que mi arbitraje es empático con los capitanes y se respeta por parte de los jugadores, que son los protagonistas. Ser un árbitro polémico no ayuda. Paso desapercibida y eso es bueno. Nunca me conformo y quiero seguir progresando, hacerlo mejor cada vez. Soy constante, perfeccionista y competitiva. Para mí, lo más valioso después de mi familia es el rugby. He conocido a grandes personas gracias a él y mi vida es más rica así que no lo cambiaría por nada. Soy feliz haciendo lo que hago y trabajando con la gente de la que estoy rodeada. No era la vida que imaginaba con 15 años pero no puedo estar más contenta.

“Para que aumente la afición por un deporte tan noble en España sería muy importante que entrara en los colegios como actividad extraescolar”

-¿A qué equipo apoya?

-Nunca he sido muy aficionada de ninguno en particular. Me gustan Nueva Zelanda, Irlanda y Gales por su estilo de juego. Gales tiene un conjunto muy creativo, con jugadores más bajitos que generan un rugby muy espectacular y están evolucionando mucho, al igual que Escocia.

-Más de una vez le habrá tocado desmontar algún tópico relacionado con el rugby…

-Cuando alguien te conoce y le dices que eres jugadora, lo primero que suelen responderte es que no te imaginaban así. Piensan que tienes que ser un armario empotrado. Ése es un gran estereotipo, cuando en el rugby encajan todos los físicos: personas altas, bajas, más gordas y delgadas, al existir diferentes posiciones. Además, tiene fama de deporte violento pero es muy noble porque se fundamenta en valores como el equipo, la solidaridad, la disciplina… También me ocurre que mucha gente cree que por ser mujer solamente arbitro a partidos de competiciones femeninas y no es así.

-¿Por qué no despega el rugby como deporte en España?

-Es cierto que en muchos países mueve tanto dinero como el fútbol pero aquí no, claro, ni de lejos. Para mí, la principal diferencia es que el rugby es un deporte de valores y el fútbol es un negocio en el que todo vale. De ahí que el respeto al árbitro no tenga nada que ver. En España estamos acostumbrados a decir de todo al árbitro cuando no estamos de acuerdo, es algo muy nuestro, parece que siempre hay que discutir al colegiado. Quizá lo compense que tanto jugadores como árbitros de fútbol ganan muchísimo dinero. A mí no me compensaría soportar todo eso y no me lo pasaría bien. En general y por tradición, el rugby femenino español ha estado bastante arriba. En 15 hemos jugado todos los mundiales, si no me equivoco, podemos clasificarnos para 2017 en Irlanda y tenemos opciones de Juegos Olímpicos. En rugby7 fuimos cuartas en 2013 en Moscú, donde se hizo un gran papel y se pudo incluso haber llegado a la final. Sin estar entre los países punteros, las chicas han tenido un rendimiento espectacular para los recursos que se han invertido en ellas. Esperemos seguir así. En rugby masculino jugamos un Mundial, pero hay más competencia. Desde hace un par de años se ha puesto en marcha un buen proyecto y acabamos de ser subcampeones del Mundial B sub20. Hay mucha ilusión puesta en que la selección absoluta mejore sus resultados. El objetivo es meternos en el Mundial de Japón 2019. No es fácil pero sería el salto de calidad que necesitamos.

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-¿Cuál sería su receta para que la afición por este deporte aumente en España?

-Sería importante, en primer lugar, que el rugby base tuviera más seguidores y que jugaran más niños. Antes se empezaba más tarde, en la Universidad, por lo que sería fundamental que entrara en los colegios como actividad extraescolar y a ser posible en los programas de Educación Física. Cuando yo he ido a hacer demostraciones a colegios, los chavales han acabado encantados porque tiene algo distinto, todo el mundo tiene hueco, se trabaja en equipo y nadie destaca tanto como ocurre en el fútbol. Así podría aumentar el número de licencias para que lleguen buenos jugadores a la selección. También necesitamos que se invierta más para que los clubes tengan mejores recursos, para que haya más entrenadores y así más y mejores equipos. Sería estupendo que la División de Honor pudiera ofrecer un medio de vida a sus jugadores y que no tuvieran, como ahora, que trabajar de lunes a viernes en otras cosas para sobrevivir. Una mayor visibilidad en los medios y que se televisen partidos sería otro logro. Y que se recaudara por las entradas en los campos. Pero lo más importante es que las cosas se gestionen bien, lo cual es precisamente uno de los mayores hándicaps en España. Deberíamos cambiar esa filosofía tan nuestra de mirarnos el ombligo y de que es estupendo que me vaya bien a mí solo y al otro, si le va mal, pues me da igual. Nos tiene que ir bien a todos si queremos que el rugby crezca en este país.

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