Europa

Ucrania: los pecados de Occidente

0
Bandera de ucrania

Para los países occidentales, dotados de democracias parlamentarias y vinculados entre sí mediante organizaciones supranacionales avanzadas como la Alianza Atlántica y la Unión Europea, actitudes como la de Vladimir Putin, capaz de lanzar fríamente una guerra terrible para satisfacer aspiraciones territoriales y geoestratégicas son directamente inconcebibles. Ya no se trata de exhibir prejuicios eurocentristas ni de apelar a ellos para encontrar significación a un acto de crueldad tan condenable: sencillamente, no cabe en una mente racional que un sátrapa, que previamente se ha afianzado en el poder de forma vitalicia y ha prescindido de los frenos y controles que limitan la capacidad de acción de los dirigentes democráticos, recurra a soluciones bélicas a sus problemas existenciales o a los de su país. Podría, pues, decirse que Putin es ya un paria de la historia, un genocida, un enemigo del humanismo más sutil y avanzado del planeta que es el que se basa en la convención de los derechos humanos, que constituyen el súmmum de nuestro desarrollo ético y cultural.

Pero dicho esto, hay que añadir acto seguido que la actuación de Occidente no es del todo inocente en lo tocante a la deriva alocada del autócrata que se siente frustrado y traicionado, no solo personalmente sino también como representante de un pueblo, de una etnia, de una secular rama de la historia. Se ha recordado estos días que la siniestra agresión a Ucrania  no es una novedad surgida súbitamente sino que durante mucho tiempo ha sido un futurible cada vez mas cercano, a medida que se formalizaban las causas de aquel presagio largamente anunciado.  El politólogo Max Krahé —en “How the West Enabled War in Ukraine”—y la periodista Barbara Spinelli —en “Una Guerra nacida de demasiadas mentiras”, en español en CTXT— han recordado casi al mismo tiempo en la prensa internacional que el 11 de enero de 2007 Putin intervino en la Conferencia de Seguridad de Munich y pidió a los occidentales que construyeran un nuevo orden mundial que superara al que existía en tiempos de la URSS, del pacto de Varsovia y de la guerra fría. La ampliación de la OTAN, después de la guerra de los Balcanes, se había vuelto un asunto delicado. Y Putin se expresó en estos términos: “Creo que está claro que la expansión de la OTAN no tiene relación con la modernización de la Alianza ni con garantizar la seguridad de Europa. Por el contrario, representa una grave provocación que reduce el nivel de confianza mutua. Y tenemos derecho a preguntarnos: ¿contra quién se dirige esta expansión? ¿Y qué pasó con las garantías de nuestros socios occidentales hechas tras la disolución del pacto de Varsovia? ¿Dónde están hoy esas declaraciones? Nadie se acuerda de ellas. Pero quiero tomarme la libertad de recordar a esta audiencia lo que se dijo. Me gustaría citar el discurso del Secretario General de la OTAN Manfred Wörner, en Bruselas, el 17 de mayo de 1990. Entonces dijo: «el hecho de que estemos dispuestos a no desplegar un ejército de la OTAN fuera del territorio alemán ofrece a la URSS una garantía de seguridad estable». ¿Dónde están estas garantías?”.

En 2008,  Rusia intervenía en Georgia, lo que daba da de su determinación y malestar, mientras Occidente dio nuevos pasos para atraer a Ucrania a su órbita, con el lanzamiento de la Asociación Oriental de la Unión Europea y el estímulo de EE.UU. para una candidatura pertenecer a la OTAN. Pero la UE no se portó bien con Ucrania durante la gran crisis 2008-2014, que ya fue dura para los socios comuinitarios. “Con la mitad de todos los préstamos ucranianos anteriores a la crisis denominados en moneda extranjera –ha escrito Max Krahé-, una línea de intercambio de dólares o euros habría contribuido en gran medida a prevenir un colapso financiero. Pero mientras EE. UU. proporcionaba una línea de intercambio de dólares para México, la eurozona no estaba dispuesta a extender una asistencia similar a los miembros de la UE, Polonia y Hungría, y mucho menos a Ucrania”. En 2013, Ucrania se enfrentaba ala insolvencia ya la entrada en una profunda recesión, sin que Bruselas reaccionaria. Fue entonces cuando Moscú dejó de presionar sobre Ucrania y le ofreció 12.000 millones de dólares al año en subsidios y beneficios económicos si el país abandonaba el Acuerdo de Asociación, o una escalada de sanciones si el presidente Yanukovych firmaba el pacto de asociación con occidente.

El resto de la historia es conocida: Ucrania se fracturó, en gran medida gracias a las marrullerías rusas, Putin se adueñó impunemente de Crimea, los ucranios rusófonos organizaron una rebelión en el Maidán, el país comenzó a desangrarse y llegó la invasión. Putin montó su cruento anacronismo, con loque queda excluido de la historia. Pero estas cosas no hubieran ocurrido si Occidente hubiera actuado con racionalidad y principios al término dela guera fría.

Antonio Papell
Director de Analytiks

La pobreza de las naciones

Entrada anterior

¿Más gasto militar?

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Los comentarios están cerrados.

Más en Europa