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Las tareas pendientes de la UE

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Las tareas pendientes de la UE 1

La imprevisión es un elemento corriente que está implícito en la naturaleza humana, y que mueve a las gentes a acordarse de Santa Bárbara cuando truena. La guerra de Ucrania nos ha pillado a todos desprevenidos, ya que si bien los Estados Unidos anunciaron con tiempo que sus servicios secretos conocían con certeza la inminencia de la agresión, los países europeos mirábamos el panorama con abierto escepticismo y nos vimos sorprendidos por la cruda y detestable realidad, que parecía inconcebible en estos tiempos del tercer milenio, tan lejos ya de la guerra fría y cuando la globalización ha difundido y afirmado determinados valores universales de pacifismo y humanitarismo

Sería bueno en todo caso que la paz no nos pille in albis, y que estemos prestos a realizar las tareas pendientes que habremos de acometer cuando todo esto acabe, siempre que se haga, como todos esperamos, mediante un cese de las hostilidades y no de una manera mucho más dramática que no conviene ni siquiera citar en estos momentos.

El ejemplo más claro de imprevisión lo ha dado Alemania, la potencia ‘alegre y confiada’ de la señora Merkel, que acaba de realizar un muy relevante viraje: el nuevo gobierno surgido de las urnas ha cancelado el gaseoducto del Báltico, el Nord Stream 2, que permitía transportar directamente gas natural desde cerca de San Petersburgo a Lubmin en Alemania, y ha tomado medias drásticas en materia de Defensa: el canciller alemán, Olaf Scholz, ha anunciado una partida extraordinaria única de 100.000 millones de euros para poner al día las menguadas Fuerzas Armadas alemanas y una inversión anual presupuestaria de más del 2% del PIB en Defensa.

En realidad, toda Europa está dándose cuenta a pasos agigantados de que urge adoptar medidas diversas que han sido aplazadas incomprensiblemente hasta que se produjo el estallido de la guerra.

Ponerse al día a toda prisa

En primer lugar, los hechos —la guerra de Ucrania pero también la gran pandemia— ponen de manifiesto que la Unión Europea necesita poseer un cierto grado de autosuficiencia en todos los asuntos estratégicos. Los 27 han de dotarse de una industria sanitaria capaz de afrontar en su totalidad cualquier contratiempo, han de adquirir autonomía energética, han de disponer de stocks de materias esenciales de variada procedencia.

En ciertos ámbitos, la autosuficiencia ha de complementarse/suplirse mediante la diversificación de proveedores. En materia energética, resulta suicida la dependencia de Rusia tanto en petróleo como en gas, de forma que consumimos cerca de la mitad del petróleo que produce la Federación y más del 70% del gas. Es difícil creer que Moscú se privará de esta cuantiosa fuente de ingresos, pero es claro que Bruselas no puede estar condicionada por esta dependencia.

La UE debe acelerar la generación mediante fuentes renovables, tiene que mantener en condiciones de uso las centrales nucleares todavía funcionales para casos de emergencia, ha de crear mallas de aprovisionamiento de gas y de energía eléctrica, y que recurrir al mismo tiempo a variados proveedores.

En el terreno industrial, es altamente peligrosa la dependencia excesiva de China, ya que, aun al margen de argumentos de estabilidad política, ya se ha visto cómo un problema en el gigante amarillo —como la pandemia— ha producido un colosal desabastecimiento de componentes en automoción y en otras manufacturas.

En el terreno militar, la insensibilidad ha sido incomprensible. Cálculos de última hora, vinculados a la guerra de Ucrania, ponen de manifiesto que la UE está lejos de dedicar a este menester el 2% del PIB (la media está en torno al 1,3% y España, si mantiene el ritmo actual, tardará varios años en alcanzarlo). Pero se da ya la paradoja de que el presupuesto de Defensa del conjunto de la UE es de 177.000 millones de euros, más del triple que Rusia, con 55.000 millones.

Pese a lo cual, al no existir una Europa de la Defensa cohesionada y dotada de una industria militar paneuropea, Moscú tiene una potencia bélica muy superior a la de Europa occidental. No es necesario gastar más sino hacerlo mejor, más coordinadamente.

Lo que confirma la evidencia de que si la UE no se federaliza y cohesiona, no conseguirá las economías de escala que convertiría a la UE en una gran potencia mundial.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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