Europa

Ser o no ser de Europa

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Se abre un nuevo escenario para las elecciones europeas del próximo mes de mayo. Además de porque previsiblemente ya no intervendrán en ellas los británicos (aunque está previsto el mecanismo para que lo hagan si finalmente el brexit no se produce o se retrasa), también porque esta vez existe una mejor coordinación entre las organizaciones nacionalpopulistas para interrumpir desde el Parlamento Europeo el funcionamiento de la Unión Europea, frustrar los vectores federalistas y arruinar si es posible el significado supranacional de Bruselas, donde ya reside una parte sustancial de la soberanía de los países integrados.

Para coordinar la acción de los antisistema reaccionarios, de los populismos de extrema derecha, está en Europa Steve Bannon, empresario de medios radicales, expresidente de Breitbart News, el panfleto al que se atribuye el mérito de haber aupado a Donald Trump a la Casa Blanca (después fue el estratega jefe del nuevo presidente durante siete meses, hasta la ruptura entre ambos). Actualmente ha formado el Bruselas “El Movimiento”, una organización de apoyo a las formaciones extremistas que él mismo patrocina. Su objetivo, según unas recientes declaraciones a ABC, es sacudir los cimientos de la Unión Europea para que de ella surjan unos estados-nación reforzados y libres del control de Bruselas.

En esta estrategia, España tiene un lugar destacado, porque, para Bannon, Vox es uno de los partidos “más importantes de Europa”. Otras organizaciones que se sienten vinculadas a este proyecto son el antiguo Frente Nacional de Francia (actual Ressemblement National), la Fidesz de Hungría, la Alternativa para Alemania, los Demócratas de Suecia, el Partido por la Libertad de Holanda, ​ la Liga de Italia (antes Liga Norte), el Partido de la Libertad de Austria, el Partido Popular de Suiza​, el movimiento identitario paneuropeo…

Europa y la identidad

Estos movimientos son patológicamente nacionalistas, y por lo tanto enemigos de la inmigración y de cuanto pueda diluir la ‘identidad nacional’. En una entrevista concedida a El Mundo, Rafael Bardají (antes vinculado a Aznar y a Faes, ahora asesor de Vox) llega a admitir cierto parentesco con los soberanistas catalanes: “Hay algo en común, sí, que es la identidad. Si no hay identidad nacional, no hay nación. Decir que España se constituye frente a los invasores musulmanes es una realidad histórica. La toma de Granada es un hito”. En otro lugar, este personaje, que ha sido también asesor de movimientos ultraderechistas norteamericanos, declara que “con Le Pen hay pocas coincidencias. Nos parecemos más a Trump, en su guerra cultural con lo establecido, con lo políticamente correcto, con esa filosofía de que todo tiene que ser consensuado, soft, blando. Coincidimos en el «América, primero». España y los españoles, primero”. No hace falta señalar la similitud de la reconcentración nacionalista con el fascismo y con el nacionalsocialismo, y hasta con el franquismo (una versión también soft pero igualmente letal de los anteriores).

Lo inquietante es que estas formaciones están en ascenso en Europa. Y que han alcanzado el poder en Italia, desde donde han introducido una cuña en el núcleo duro de la construcción continental. La agresividad contra Macron del gobierno italiano, formado como es sabido por una coalición entre la Liga (ultranacionalista) y el M5S (populismo conservador), que está apoyando abiertamente al movimiento de los ‘chalecos amarillos’ en Francia, ha hecho que el Elíseo haya llamado a consultas durante unos días al embajador francés en Italia, un hecho sin  precedentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial (los historiadores han recordado que el mismo gesto se produjo en 1940, cuando apenas comenzaba la gran tragedia). El detonante de esta ruptura, después reparada, fue la visita que el viceprimer ministro italiano, Luigi di Maio, líder del M5S (Movimiento Cinco Estrellas) realizó a representantes de los ‘chalecos amarillos’, que están subvirtiendo el orden público en Francia y que no ocultan su voluntad de derribar al propio Macron.

No hace falta, en fin, insistir en que estas elecciones en Europa no serán una ceremonia irrelevante como muchos han pensado hasta ahora. El Parlamento Europeo, que adquiere poco a poco entidad al afirmar su tarea legislativa, no puede caer en manos de los enemigos de un proyecto magnánimo de democracia y libertades.

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