Europa

Trump, Salvini y el fascismo: la visión de Bertrand Russell

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Bertrand Russell

La llegada de los Trump y Salvini de turno no es algo que nos pille de nuevas. El discurso tóxico de estos líderes políticos, aupados al poder, en gran medida, por el malestar social de los más desfavorecidos, es una repetición de eventos que ya sufrimos décadas atrás. Los neofascistas ganan elecciones, engordan su popularidad y satisfacen los instintos más rancios de parte de la sociedad. No es nada nuevo. Bertrand Russell, pensador fundamental del siglo XX, pacifista y fundador de la filosofía analítica, analizó pormenorizadamente esta ideología y sus raíces. Han pasado ochenta años desde que plasmó su tesis, pero sigue vigente.

En Elogio de la ociosidad, Russell ofrece una radiografía completa sobre el fascismo. El británico  explica que los fundadores de la escuela de pensamiento de la cual surgió esta ideología tienen todos ciertas características comunes, que, como veremos a continuación, siguen vigentes en muchos casos: “(…) Buscan el bien en la ‘voluntad’, más que en el sentimiento o en el conocimiento; valoran más el poder que la felicidad, la aristocracia a la democracia, la propaganda a la imparcialidad científica […] Están imbuidos de darwinismo vulgar y consideran la lucha por la vida como el origen de las especies superiores; pero se trata más de una lucha entre razas que de una lucha entre individuos (…) Sustituyen el placer por la gloria, y el conocimiento por la afirmación pragmática de que lo que ellos desean es la verdad”.

Blindar las fronteras

Romper con lo establecido, incluso aun llevándose por delante a los más desfavorecidos, se hace con el firme propósito de presentarse como una nación oprimida, lastrada por el resto de países. Trump, como Salvini, quiere blindar sus fronteras de inmigrantes (pobres, se entiende; el que viaja en jet privado nunca encuentra la puerta cerrada), pero tampoco le tiembla la mano si tiene que iniciar una guerra comercial con China. Y no por sacar provecho, que también, sino por hundir a la potencia asiática. “Si los hombres de negocios”, explica Russell, “realmente desearan hacerse ricos con más ardor del que ponen en mantener pobres a los demás, el mundo pronto se convertiría en un paraíso (…) Sin embargo, los hombres de negocios no abogan por nada parecido. ¿Por qué? Por nacionalismo, es decir, porque están más ansiosos por mantener pobres a los extranjeros que por hacerse ricos ellos mismos”.

El nacionalismo del que bebió Hitler se basa, en parte, en Fichte y en sus Discursos a la nación alemana, donde explica que el alemán es superior a todos los demás pueblos modernos y que el carácter germano debe ser preservado de las corruptoras influencias extranjeras. Le Pen, Trump o Salvini nunca hablarán en términos tan explícitos, pero las similitudes están ahí. En los gestos, en los eslóganes, en las políticas que llevan a cabo.

Por último, como ya hemos comentado en Analytiks, los partidos neofascistas necesitan llegar al poder convenciendo a gran parte de la masa social. Y esto se hace atendiendo a sus problemas y enseñando una solución simple. ¿No tienes trabajo? Es por culpa de la inmigración. ¿Estás en el paro? Es por culpa de esos que se hacen llamar políticos. ¿En tu empresa no te pagan lo suficiente? Eso es porque estamos dejando entrar los productos de otra empresa extranjera, pero descuida, con nosotros eso se va a acabar.

De profetas y doctrinas

Russell explica que en casi todas las épocas, “toda clase de profetas predican toda clase de doctrinas, pero las que llegan a ser populares han de tener un especial atractivo para el estado de ánimo propio de las circunstancias del periodo”. Hay que ganarse el apoyo de  aquellos “sectores que ya no tenían razón de ser”, escribe el filósofo. Y esto se hace, dice, apelando a elementos irracionales (como el amor por la patria), es decir, a los sentimientos y valores. De lo contrario “es poco probableque el pequeño comerciante pueda ver realizadas sus esperanzas; en cambio, las esperanas de los industrialistas y militaristas pueden ser realizadas por medio del fascismo, pero difícilmente de cualquier otro modo”, explica Russell.

Sergio García M.

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