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Irán y las protestas apoyadas por Donald Trump

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Protestas en Irán

La república de Irán se enfrenta a las mayores concentraciones y protestas desde junio de 2009, cuando los iraníes salieron en tropel a las calles para denunciar un fraude electoral y apoyar a la oposición de Mahmud Ahmadineyad. Murieron diez personas y más de un centenar resultaron heridas, según informaron medios oficiales. Casi nueve años después, las calles de Irán se vuelven a retorcer. En la primera noche de protestas, iniciadas el 28 de diciembre, se registraron al menos dos muertos. Hay medios que aseguran que la cifra ya ha ascendido a veinte.

El motivo que ha colmado de indignación a miles de iraníes es la mala situación de la economía doméstica, mermada por la corrupción, el desempleo y el aumento de los precios de los alimentos y el combustible. Todo ello, salpimentado con el descontento que provoca la promesa incumplida de que el acuerdo nuclear se reflejaría en el día a día de los ciudadanos. Bien es cierto que, tal y como informa CNN, aunque se eliminaron las restricciones a los sectores financiero, energético y de transporte, aún hay muchas –cientos– de entidades iraníes que no fueron sacadas de la lista negra. Además, Donald Trump, fiel escudero de Israel, enemigo de Teherán, trabaja para crear nuevas sanciones respecto a otras violaciones, como el lanzamiento de un cohete realizado el verano pasado.

En una conversación con el mismo medio, Trita Parsi, presidente del Consejo Nacional Iraní Estadounidense, asegura que “las políticas gubernamentales han provocado un mayor desempleo e inflación” y que “el acuerdo nuclear tiene un respaldo abrumador del público iraní, pero existían ciertas expectativas de que se obtendría un mayor desarrollo económico”.

Pero ¿estas protestas, que por primera vez han llevado a la calle a las clases trabajadoras, son coyunturales o son fruto del hastío que provoca el régimen iraní a los suyos? En las protestas se han oído gritos como “¡Muerte al dictador!” o “¡Muerte a Rohani!”, según publica Lluís Miquel Hurtado en las páginas de El Mundo. Las protestas contra el régimen teocrático suponen el mayor reto para el Gobierno desde aquel ‘Movimiento Verde’, iniciado en 2009. Además de la muerte de Rohani, que, recordemos, fue reelegido presidente de Irán, la muchedumbre ha pedido lo mismo para el Ayatolá Supremo, Alí Jamenei, e incluso se han registrado cánticos a favor del Sha, derrocado por la revolución iraní de 1979, algo, según apunta Daniel Iribarte en El Confidencial, “inédito en el movimiento de protesta iraní, que ha dejado estupefacto a muchos observadores”.

Por su parte, Mayid Rafizadeh, analista político, contrario al régimen de los ayatolás, sostiene en la web El Medio que estas protestas no tienen precedentes en las cuatro décadas de la existencia de la República islámica y que la gente “no se está limitando a demandar reformas limitadas, sino que exige un cambio de régimen”. “El Gobierno ha estado haciendo todo lo posible por avivar las llamas del odio, pero para canalizarlas mediante el ‘¡Muerte a América!’ y el ‘¡Muerte a Israel!’ (…) En cambio, los manifestantes, poniendo en riesgo sus vidas, están coreando ‘¡Muerte a Jamenei!’, delito muy grave, punible, según la sharía del régimen, con, precisamente, la muerte”, subraya.

Los líderes de Irán, por su parte, sostienen que estas protestas están siendo orquestadas desde el exterior. Alí Shamjaní, secretario del Consejo Superior de Seguridad Nacional, señala directamente a EE. UU. y Arabia Saudí. Según él, estos países están encabezando las campañas en las redes sociales e influyendo en la realización de las manifestaciones con el objetivo de ralentizar el desarrollo de Irán. Por su parte, Donald Trump, publicó este lunes en su cuenta de Twitter el siguiente mensaje: “El gran pueblo iraní ha sido reprimido durante muchos años. Están hambrientos de comida y libertad. Junto con los derechos humanos, la riqueza de Irán está siendo saqueada. ¡ES HORA DE UN CAMBIO!

Y si las protestas no vienen desde fuera, proceden desde los enemigos internos, es decir, la oposición. Así, el vicepresidente iraní, Eshaq Yahanguiri, ha responsabilizado a los rivales conservadores: “Cuando se lanza a las calles un movimiento político y social, aquellos que lo empezaron no necesariamente pueden ser capaces de controlarlo al final. Aquellos que están detrás de estos acontecimientos se quemarán los dedos”. Desde el Gobierno tratan de tapar las grietas con palabras. “Los enemigos saben que de ningún modo pueden amenazar a la República Islámica”, ha dicho este miércoles Mohammad Ali Yafarí, comandante de la Guardia Revolucionaria, el mismo día que las autoridades han dado por finalizadas las protestas. La última palabra, sin embargo, la tiene la calle.

Sergio Garvas

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