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Arabia Saudí la toma con Catar para sacar músculo en el Golfo

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Arabia Saudí la toma con Catar para sacar músculo en el Golfo 1

El mandatario que menos sabe de política exterior, en la zona más caliente del planeta; el país que más sospechas ha levantado sobre financiación de terrorismo, acusando a otra potencia de apoyar a grupos extremistas; y, en medio, Catar, la tercera potencia gasística del mundo, con diferentes intereses en la zona. El país, pequeño, pero con la renta per cápita más alta del mundo, se ha quedado aislado en el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) después de que, el 5 de junio, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Baréin y Egipto, primero, y Maldivas, Libia y Yemen, después, anunciasen la ruptura de las relaciones diplomáticas. Todos, los siete países, acusan a Doha de ser el desestabilizador de Oriente Próximo.

El aislamiento diplomático –cierre de fronteras y de conexiones aéreas incluidos– se produjo dos semanas después de la visita de Donald Trump al Reino del Desierto. Esta fue la primera visita oficial al extranjero del mandatario y la primera vez que un presidente estadounidense elegía a Oriente Próximo como su primer destino. Sus intenciones, más allá de fortalecer los lazos económicos, eran las de aliarse con Riad para acabar con el terrorismo. Por ello, Trump insinuó que el aislamiento de Catar respondía a su presión antiterrorista.

Desde la Casa de los al-Saud argumentaron su actuación remitiéndose a unas declaraciones emitidas en mayo por la agencia estatal de noticias catarí (QNA) en las que el propio emir, Tamim bin Hamad Al Thani, ponía en duda sus relaciones con Washington y pronunciaba un discurso de mayor tolerancia hacia Irán, la otra gran potencia de la región y principal rival del reino wahabí. Desde Catar, en cambio, aseguraban que esas declaraciones eran falsas y respondían a un hackeo de la agencia. Y, mientras, el FBI ratificaba las palabras de los cataríes y señalaban en su informe a Rusia como el ejecutor del hackeo.

Sin embargo, estas declaraciones, según apunta Aida Alberto Goyos en Política Exterior (ver), a pesar de ser falsas, han tenido “un mero papel de ‘gota que colma el vaso’ en esta crisis”. “De hecho, las razones por las que se ha defendido el bloqueo son más que discutibles, al menos ahora. La vinculación catarí, sobre todo financiera, con grupos islamistas como Al Nusra (vinculado a Al Qaeda) se conoce desde el principio de la guerra en Siria, o con el partido islamista tunecino Ennahda. También su apoyo a los Hermanos Musulmanes, quizá lo que más moleste a la Casa de Saud: la Hermandad es un férreo competidor por la representación del islam político. Catar apoyó sin reservas a Mohamed Morsi. Su destitución mediante un golpe de Estado militar, liderado por el general Al Sisi, fue duramente criticada por Al Jazeera. Para terminar de colorear la escena, Arabia Saudí ve con muy malos ojos la cooperación energética entre Irán y Catar, que viene reforzándose desde hace años, temerosa del fortalecimiento del llamado ‘creciente chií’”, escribe la experta.

Pero en esta historia de desencuentros diplomáticos habita un elemento más: el aspecto económico, que también viene de lejos. La hostilidad de Arabia Saudí hacia Catar se ha estado cociendo a fuego lento desde 1995, cuando el pequeño Estado de la península arábiga descubrió su enorme riqueza gasística (es el tercer país del mundo con más reservas, tras Rusia e Irán), lo que les permitió soñar con convertirse en una “potencia regional con objetivos propios”, apunta Jesús A. Núñez Villaverde en el Real Instituto Elcano (ver).

Catar es un país complejo: es muy pequeño, pero posee la renta per cápita más alta; comparte su única frontera terrestre con Arabia Saudí (suní), por donde entran la mayoría de las exportaciones, pero necesita tener una buena relación con Irán (chií), porque comparten el mayor yacimiento gasístico del mundo. Este juego a dos bandas no ha sentado bien en Riad –a la vista está– porque sienten que su hegemonía en el mundo suní y en el Golfo está siendo cuestionada. Por tanto, según se desprende del artículo de Villaverde, las exigencias desproporcionadas que pretende imponer Arabia Saudí a Catar no surgen motivadas por lo que haya hecho este país, sino por la presencia de Irán.

Así lo explica Villaverde, codirector del Instituto sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH): “El régimen saudí no quiere tanto expulsar a Qatar del CCG como usarlo de ejemplo sobre las consecuencias de la desobediencia y, sobre todo, aislar aún más a Irán. Por su parte, es previsible que Qatar no acepte ser humillado de la manera que Arabia Saudí pretende, aunque en el fondo, dada su estructural vulnerabilidad y dependencia, desee que algún mediador como Kuwait pueda encontrar una forma de evitar que la sangre llegue al río. Desde luego, viendo las primeras reacciones de Trump, no parece que la tarea de mediación vaya a ser precisamente fácil”.

Sin embargo, a finales de esta semana, el Gobierno de EE. UU. ha pedido a los siete países que han roto relaciones diplomáticas con Catar que rebajen las tensiones y resuelvan la crisis inmediatamente.

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