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Argelia se pliega al liberalismo para evitar futuras revoluciones

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Argelia se pliega al liberalismo para evitar futuras revoluciones 1

Cuando la primavera árabe eclosionó, hace ya siete años, Argelia miraba de reojo todas las revueltas que se sucedían a su alrededor. La oleada de protestas predemocráticas se notó también en el país más poblado del Magreb, donde se llegaron a registrar varias inmolaciones. Entonces, el Gobierno, empujado por la presión social, decidió suprimir el estado de emergencia, vigente en el país durante 19 años. Además, el presidente, Abdelaziz Bouteflika, que ostenta el cargo desde 1999, prometió una serie de cambios constitucionales que aún no se han producido.

Uno de los grandes retos que tendrá que afrontar Bouteflika es el de mejorar la situación económica. La precipitada caída de los precios del petróleo desde mediados de 2014 ha deteriorado la economía argelina, muy dependiente de los hidrocarburos (suponen el 95 % de sus importaciones, el 40 % de los ingresos públicos y alrededor del 35 % del PIB, según cifras del Ministerio de Asuntos Exteriores [ver]). Durante la época de ‘vacas gordas’, los ingresos permitieron al régimen mantener cierta estabilidad económica y aplicar un gran programa de subsidios para apaciguar los ánimos.

Desafortunadamente para sus intereses, el régimen perdió la oportunidad de diversificar su economía, y la caída de los precios del crudo han deteriorado su crecimiento, su presupuesto y las exportaciones. Las autoridades argelinas confirman que el país creció un 3,8 % en 2015, un 3,6 % en 2016 y el Fondo Monetario Internacional augura un crecimiento del 2,9 % para este curso. Argelia, poco a poco, se va hundiendo. Según las últimas cifras oficiales, los ingresos provenientes de los hidrocarburos han pasado de los 60.300 millones de dólares registrados en 2014 a los 35.700 millones en 2015 y a los 27.500 en 2016. Por otra parte, el país experimentó un déficit comercial de 17.840 millones de dólares en 2016, 5.000 millones por encima de lo registrado en 2015.

[pullquote]La venta de hidrocarburos supone el 35 % del PIB[/pullquote]

Con el fin de sacar adelante los presupuestos y seguir con la política de subsidios –que, benefician a los ricos más que a los pobres–, el Gobierno utilizó la reserva de divisas. Como resultado, el fondo ha ido disminuyendo poco a poco: 194.000 millones de dólares en 2013, 179.000 millones en 2014, 143.000 millones en 2015 y 114.000 millones a finales de 2016. Sin embargo, el gobernador del Banque d’Algérie, Mohamed Loukal, asegura que, pese al deterioro, la reserva de divisas permanece por encima de los 100.000 millones y que el gobierno argelino puede mantenerlo en este nivel durante este año y el próximo… si los precios del crudo se estabilizan.

Un paso en esta dirección se produjo en noviembre del año pasado, con la firma del Acuerdo de Viena, cuando 14 países de la OPEP acordaron congelar la producción en 32,5 millones de barriles diarios, lo que hizo que el precio por barril aumentara un 8 %, hasta los 50 dólares. Sin embargo, según señala Dalia Ghanem-Yazbeck en un extenso artículo para el Real Instituto Elcano (ver), esto no parece ser suficiente para revivir el sector energético ni para mantener el gasto en el nivel habitual. Con unos subsidios que suponen el 13,6 % del PIB, Argelina necesita que el barril esté, como mínimo, a 96 dólares.

Para atajar la situación, el Gobierno tuvo que recortar los gastos en un 14 % en los presupuestos de 2017, después de haber reducido otro 9 % el curso anterior, y adoptar una nueva serie de medidas: aumentar el precio de los combustibles y subir el IVA, la electricidad y el impuesto de matriculación. Más recientemente, el Ejecutivo ha decidido ‘racionalizar’ sus importaciones, paralizar varios proyectos de infraestructuras y transportes y congelar la contratación de personal para el sector público, que ha afectado a un total de 41.000 puestos de trabajo. Además, el Gobierno anunció a finales de 2015 que estaba barajando la posibilidad de suprimir hasta un millón de puestos de trabajo en el sector público (actualmente, el país cuenta con 2,5 millones de funcionarios).

Otra acción gubernamental con la que se pretende salvar los muebles ha sido la de privatizar empresas públicas. Los inversores privados (ciudadanos o, en mayor medida, empresas) podrán adquirir hasta un 66 % de la propiedad de una empresa estatal, aunque estas ventas deban ser aprobadas en el Consejo de Ministros. También se han adoptado medidas para facilitar la inversión y crear empresas. Por ejemplo, se ha creado un nuevo portal de información en línea, muy fácil de usar, dedicado a la creación y al registro de empresas.

A pesar de las medidas liberales, en pro de las empresas, estas siguen siendo reacias a florecer en Argelia. El país, según un informe del Banco Mundial, se encuentra en el puesto 142 de 190 economías cuando se trata de facilidad para iniciar un negocio, debido a la excesiva carga burocrática, regulaciones complejas y procedimientos que consumen mucho tiempo. “La apertura de un negocio en Argelia implica 12 procedimientos, lleva 20 días y supone el 11,1 % del ingreso per cápita; mientras, en Marruecos, solo se requieren cuatro procedimientos, tarda 9,5 días y cuesta 7,9 % del ingreso per cápita”, señala el artículo.

[pullquote]Argelia sigue siendo un país difícil en el que iniciar un negocio[/pullquote]

A pesar del sistema de bienestar de Argelia y de los subsidios, que cubren un gran abanico de necesidades de los ciudadanos, desde productos de comida, gasolina, electricidad, gas natural, vivienda o educación, la tensión social sigue instalada en el país. Las manifestaciones se extienden por todo el país, incluso a zonas que antes eran más tranquilas. La mayoría de estas protestas denunciaban el elevado coste de vida y de los alimentos, además de pedir mayores oportunidades de empleo y mejores condiciones laborales. La movilización de los argelinos ha adoptado diferentes formas: marchas públicas pacíficas, sentadas para bloquear carreteras, e incluso intento de asaltos a edificios gubernamentales. En el año 2015, la Dirección General de la Policía Nacional registró un total de 6.188 protestas durante los seis primeros meses del año, un 62 % más que lo registrado en el mismo periodo del año anterior (3.866).

Los jóvenes no piden mucho. “Queremos un trabajo, casa, comida y una vida decente. Este país es muy rico gracias al petróleo; nosotros queremos nuestra parte”, asegura un joven de 32 años, propietario de un restaurante. Muchos jóvenes sienten que los beneficios obtenidos gracias al petróleo se reparten solo entre la élite, que es el único grupo social al que beneficia el Gobierno. Una encuesta realizada por el Arab Survey Barometer asegura que el 40,8 % de los argelinos consideran que los líderes políticos tienen olvidados a la gente común (solo el 7,4 % considera que sí son tenidos en cuenta). La frustración por la corrupción también refuerza este sentimiento de rechazo hacia los políticos. De hecho, este es uno de los grandes problemas de Argelia. Según el Índice de Percepción de la Corrupción elaborado por Transparencia Internacional, el país magrebí ocupa el puesto 108 de 176. Son muchos los retos que tiene por delante el país africano. Los datos no son nada halagüeños y la población parece harta. El miedo de los gobernantes a una revolución generalizada les ha llevado a tomar una serie de medidas de corte liberal, obviando a las clases populares, las más desfavorecidas.

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