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El caso Khashoggi abre el melón de las sanciones a Arabia Saudí

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Imagen de los rascacielos de Arabia Saudí

Es hora de romper con los saudíes. De deshilachar las relaciones con esta monarquía autoritaria que se salta a la torera los derechos humanos y que solo atiende a sus principios fundamentalistas wahabíes. Se acabó. Las democracias liberales deben imponer sus principios al Reino del Desierto y hacerles ver que si quieren ser un socio de Occidente hay unas normas que deben ser cumplidas. Las puertas diplomáticas que abre el dinero deben ser cerradas por dignidad.

El rey Salman y su heredero, el príncipe Mohamed, hacen gala allá por donde van de algo que Albert Garrido califica de impunidad universal y consentida “en la que se mezclan los intereses económicos y el impacto emocional entre la feligresía del islam por la condición del soberano protector de La Meca y Medina”. Hay que acabar con esa impunidad.

Canadá y Arabia Saudí han roto relaciones. De momento son solo palabras, pero puede ser un gran comienzo. El Ejecutivo de Justin Trudeau criticó duramente el desprecio de los derechos humanos por parte de Arabia Saudí. En agosto, estos respondieron paralizando un nuevo acuerdo de comercio con el país norteamericano, expulsó al enviado especial canadiense de su territorio y ordenó a todos los estudiantes saudíes que regresaran a casa después de que la embajada canadiense publicase un tuit en el que exigía la liberación inmediata de varias activistas por los derechos de la mujer. Lejos de achantarse, el primer ministro canadiense ha asegurado que continuarán presionando a Arabia Saudí para que cumpla con los Derechos Humanos.

Arabia Saudí comete crímenes de lesa humanidad en Yemen. Mata a su gente y la condena a la hambruna. Es el país más rico de Oriente Próximo contra el más pobre. La matanza no cesa y nuestros países continúan vendiendo armas. No tendría sentido que un país, por ejemplo, España, decidiese unilateralmente no vender armas a los saudíes… porque estos acudirían a otro país vecino a comprar la mercancía. Debería ser Europa, en conjunto, la que impidiese la venta y la cooperación con este país mientras no acepte unas reglas de juego.

Jamal Khassogi fue descuartizado

El último escándalo en que se ha visto envuelta la Casa al Saud ha sido –probablemente ya lo sabrán– la desaparición en el consulado saudí de Estambul de un periodista crítico con el régimen. Las informaciones más recientes apuntan que Jamal Khashoggi fue asesinado y descuartizado. Las cámaras de seguridad lo grabaron el 2 de octubre entrando. Y ahí se perdió el rastro, nunca más se le volvió a ver con vida. Los medios turcos aseguran que existe un documento de audio que revelaría que el periodista fue desmembrado y asesinado. El diario Yeni Safak sostiene que le cortaron los dedos de la mano mientras estaba vivo antes de ser degollado. Aguantó siete minutos de tortura.

El Middle East Eye, un medio cercano a Catar –hay que poner en perspectiva la mala relación de los saudíes con la pequeña península–, cita a una fuente turca que menciona una serie de “gritos horrendos” que se escucharon y que cesaron una vez que se le suministró un narcótico o un fármaco similar. La misma fuente cuenta que el descuartizador, el forense saudí Salah Mohamed Al Tubaigy, comenzó a despedazar el cuerpo mientras escuchaba música por los auriculares. “Siempre que hago este trabajo escucho música. Deberíais hacer lo mismo”, recomendó a los acompañantes durante la grabación, según recoge El País.

Todo lo que se conoce relativo a la desaparición son filtraciones. ¿Por qué no se publican los audios? Probablemente, señala la prensa turca, se deba a que los audios se han recogido mediante técnicas ilegales (micrófonos ocultos). También mencionan la posibilidad de que se haya utilizado a algún empleado saudí como agente doble de los servicios turcos.

Riad se defiende y Occidente toma nota

La desaparición está teniendo repercusiones negativas para Arabia Saudí, aunque de momento es solo en el ámbito empresarial. El 23 y el 25 de octubre, el país acogerá la conferencia Future Investment Initiative, considerada como el ‘Davos del desierto’, pero muchos de sus invitados ya han cancelado su participación. Entre ellos, el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim; la cadena de televisión estadounidense CNBC; el canal CNN; y un columnista estrella de The New York Times, Andrew Ross Sorkin.El Ejecutivo saudí niega los hechos, pero incluso va más allá. Desde Riad amenazan con tomar represalias contra los gobiernos que le impongan sanciones.

La agencia oficial SPA recoje unas declaraciones anónimas de una fuente del Gobierno saudí. “El Reino afirma su total rechazo a cualquier amenaza e intento de socavarlo, sea amenazado con imponer sanciones económicas, usando presiones políticas o repitiendo acusaciones falsas. No socavarán el Reino, ni sus firmes posiciones ni su estatus árabe, islámico e internacional.

Esta respuesta surge tras la amenaza de sanciones por parte de uno de sus principales socios: Estados Unidos. El presidente Trump aseguró que van a llegar al “fondo del asunto” y anunció un “severo castigo”. Reino Unido, Francia y Alemania se han unido a estas críticas y han pedido una investigación sobre lo ocurrido en un comunicado conjunto. De momento, son solo palabras. Pero puede ser el comienzo del fin de su impunidad global.

Leer más: Arabia Saudí o la importancia de mirar hacia otro lado cuando se hacen negocios

Sergio García M.
Periodista. Redactor jefe de Analytiks.

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2 Comentarios

  1. Está muy bien narrado. Parece que este es el momento de dejar de mirar a otro lado, no solo los gobiernos, sino también los reyes.

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