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Daesh y el terrorismo o por qué la guerra puede ser interminable

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Daesh y el terrorismo o por qué la guerra puede ser interminable 1
Concept of terrorism. Silhouette terrorists near the border fence in the background on the city in smoke at sunset

La semana pasada  un escuadrón de cazabombarderos F-15 de Estados Unidos  bombardeó posiciones de Estado Islámico (EI) o Daesh en la localidad libia de Sabrata. El objetivo del ataque era, según The New York Times, una base de este grupo terrorista que daba cobijo a combatientes, entre los que se encontraba Nuredin Shushan, vinculado con los atentados contra el museo del Bardo de la capital de Túnez perpetrados el año pasado. En el bombardeo murieron al menos 40 personas, la gran mayoría miembros de EI, aunque hay fuentes que señalan que también se asesinó a población civil. Este ataque fue visto por Occidente como un éxito, pero no debemos engañarnos, es una victoria pírrica.

Es más, ni siquiera debería contarse como una victoria. Las tropas de EE. UU. han aniquilado a 40 miembros (y no hay una fuente clara que asegure que todos pertenecían a EI) de un grupo formado por cientos de miles de terroristas, con una organización propia de un gobierno y un sistema de financiación que los convierte en el grupo más temido de los últimos tiempos. Pero hemos comenzado a sentir miedo cuando han conseguido atacar nuestro territorio, asesinar a nuestros vecinos y seducir a nuestros inmigrantes prometiéndoles una vida que aquí se le ha negado. Cuando operaban en Oriente Próximo nuestra gran preocupación era Al Qaeda, hoy sin duda relegado a una segunda posición, y dejamos crecer en la sombra a este monstruo.

¿Puede que estemos menospreciando las actividades de otros grupos terroristas solo porque aún no hayan pisado territorio occidental? Posiblemente así sea. El caso más palpable es el de Boko Haram. El grupo terrorista comandado por Abubakr Shekau asesinó en 2014, según el Índice Global de Terrorismo, a unas 6.644 personas, un 300% más de las muertes provocadas el año anterior, una cifra superior a la de Daesh. El hecho de que solo provoque el caos en los países más pobres de África hace que sus atentados pasen de puntillas por los medios occidentales, pero no hay que olvidar que Boko Haram, que ha jurado lealtad a Daesh, ha obligado a más de dos millones de nigerianos a dejar sus casas y a casi 50.000 al borde de la muerte por hambre.

Sin embargo, hay más grupos dispuestos a sustituir a EI si este alguna vez es derrotado. Según un informe elaborado por el Centro sobre Geopolítica y Religión de Tony Blair Faith Foundation, hay unos 16 grupos salafistas y yihadistas, con 65.000 combatientes en sus filas, que podrían ser los sustitutos de Abu Bakr al-Baghdadi y los suyos si algún día son derrotados en Siria.

De estos 16 grupos solo la cuarta parte tiene potencial suficiente para intentar crear su estado islámico. Hay que decir en este punto que situaciones como la que está atravesando Siria son un caldo de cultivo para que surjan nuevas células insurgentes, pero hay que recalcar que no todas logran pervivir, ya que necesitan apoyos dentro del país en el que nacen y el de alguna otra potencia (como pasa por ejemplo con Hezbolá e Irán).

Uno de estos grupos es quizá el más conocido, el Frente al Nusra. Estos suníes radicales son la segunda fuerza yihadista más importante en Siria, donde operan cerca de 6.000 milicianos, y la filial de Al Qaeda en la región. Al Nusra está en la lista de enemigos de EE. UU. y de Daesh, pero no de otros países aliados como Turquía o Arabia Saudí, que contribuyeron a su armamento y financiación.

El siguiente grupo de esta lista es el conocido como Ahrar al Sham o Movimiento Islámico de Hombres Libres de Levante, que cuenta con unos 10.000 hombres en Siria. Este grupo es enemigo tanto del presidente sirio, Basher al Assad, como de Daesh, por lo que en principio podría parecer que es un aliado de Occidente (de hecho, Robert S. Ford, exembajador de EE. UU. en Siria pidió negociar con este grupo para fortalecer la posición estadounidense en el conflicto sirio), pero lo cierto es que es una organización más cuyo objetivo es imponer la sharía. Además, algunos de sus principales líderes han sido vinculados con Al Qaeda.

El tercer grupo que podría crecer a la sombra de EI es Jaish al Islam. Enemigos de Daesh y de Al Assad, este grupo, apoyado por el Ejército Libre Sirio y parte del Frente Islámico, cuenta con 17.000 milicianos en Siria. Su masacre más conocida es la que cometieron en Adra en 2013 junto a combatientes de Al Nusra. Atacaron a civiles de minorías religiosas y mataron a 32 alauíes, cristianos, drusos e ismailíes. Algunos fueron fusilados, otros decapitados.

Por último, los terroristas de Liwa Al Umma, un grupo desplegado en Siria de 6.000 milicianos. Este grupo salafista yihadista cuenta en sus filias con libios, sudaneses, palestinos y egipcios, pero su líder, Mahdi Al Harati, es un libio de origen irlandés. Aunque no está muy claro, se cree que cuenta con apoyos de Kuwait y algunos países de África del norte y Oriente Medio. Estos son los grupos terroristas que han conseguido germinar en el polvorín sirio. La coalición internacional no debería dar la espalda a estos yihadistas ni centrar sus esfuerzos solo en Daesh. Ya hemos visto lo que pasó cuando el enemigo número uno era Al Qaeda.

analytiks

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