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El ‘gatopardismo’ de Arabia Saudí

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El ‘gatopardismo’ de Arabia Saudí 1

“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. Esta paradoja, expuesta por Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896 – 1957) en su obra El gatopardo, es lo que en ciencias políticas se conoce como ‘gatopardismo’, y, con ella, el autor quería simbolizar a la vez dos cosas: por un lado, la capacidad de los sicilianos para adaptarse a lo largo de los años a los diferentes gobiernos; por otro, la intención de la aristocracia de aceptar una serie de cambios con el fin de conservar su poder y sus privilegios. La frase de Lampedusa, la más célebre de su obra, ha llegado a los oídos del heredero más poderoso de Arabia Saudí, quien ha iniciado una ’revolución’ para conservar su poder.

La estabilidad es el tesoro más protegido por la monarquía absolutista que rige Arabia Saudí. Desde siempre. Haizam Amirah Fernández, investigador del Real Instituto Elcano y especialista en Oriente Medio y en el mundo árabe, asegura a RTVE que “la sucesión a la tercera generación, la de los nietos del fundador, Abdulaziz bin Saúd, ya se antojaba complicada antes, pero ahora se está demostrando convulsa”.

El nombrado heredero del Reino en junio de este año, Mohamed bin Salmán (MBS), ministro de Defensa y presidente de Saudi Aramco y de la Comisión Delegada para Asuntos Económicos y la Comisión de Lucha contra la Corrupción, es el hijo favorito del rey Salmán bin Abdulaziz. Muchos analistas coinciden en que, a sus 32 años, MBS pretende tejer una estructura de poder mucho más centralizada y jerárquica en el seno de la monarquía saudí. Solo así se entiende la purga de decenas de príncipes, políticos y empresarios que realizó a comienzos de noviembre con el objetivo de combatir la corrupción. Según la Fiscalía General saudí, entre los más de 200 detenidos –que se hallan en el lujoso hotel Ritz-Carlton– se han malversado una cantidad de 100.000 millones de dólares al erario público.

Como apunta Ángeles Espinosa en las páginas de El País, “’cambio’ es la palabra de moda en el Reino del Desierto. Decir [que el país] está cambiando es una obviedad. Todos los países lo hacen. La diferencia es el ritmo y la dirección”. Y así es. La corresponsal del periódico de Prisa en Oriente Próximo continuaba su crónica con un resumen de los cambios: “Ciudades gestionadas por inteligencia artificial, complejos turísticos a orillas del mar Rojo y un repentino protagonismo de las mujeres, que, de no poder conducir, han pasado a dirigir la bolsa, presidir una entidad bancaria, ser rectoras de universidad o gestionar un hotel. No hay semana en que Arabia Saudí no sorprenda al mundo con un proyecto inimaginable solo unos meses atrás”.

Los anuncios de cambio han sentado bien en el sector más joven de la sociedad saudí, hastiado por la corrupción y por no verse representado en una monarquía anciana (el rey Salmán es un octogenario que accedió al trono en 2015). El país se hace un lavado de imagen. Por ejemplo, han desaparecido los mutawas, miembros de la Comisión para la Prevención del Vicio y la Promoción de la virtud, una especie de policía religiosa que se ha dedicado a imponer sus códigos morales rigoristas sobre el conjunto de la sociedad. Ahora, según Espinosa, el ambiente en los centros comerciales “se ha relajado y se ve a hombres y mujeres conversar con tranquilidad. También en muchas oficinas se ha relajado la separación en aras del trabajo en equipo y la productividad”.

Los cambios están ahí y no son despreciables. Qué menos que, casi en 2018, uno de los países más ricos del mundo avance acorde a los tiempos que corren. Sin embargo, no se pueden esconder algunos puntos. Para empezar, a pesar del posible distanciamiento que quiera establecer MBS respecto a los clérigos, Arabia Saudí seguirá los preceptos de la rama más rigorista del islam, el wahabismo, muy próxima al islamismo radical, y continuará vulnerando los derechos humanos.

Por otro lado, los cambios a nivel económico están pensados solo para las élites y grandes empresarios. Las clases más bajas de la población saudí han experimentado el cambio en forma de encarecimiento de la electricidad, el agua, la gasolina y el IVA. Cambiar todo para que nada cambie. Hacer diversas concesiones para preservar una monarquía absoluta que tiene completamente asfixiado al país más pobre de la región, Yemen, y que siente como su poder y capacidad de influencia se debilitan con la bajada de los precios del crudo y la personalidad mostrada por Irán y Catar en materia de política exterior.

Sergio García M.

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