Global

Escocia: Independencia o ‘brexit’

0
Escocia brexit

La pequeña localidad de Campbeltown, (condado de Argyll y Bute, 98 kilómetros al suroeste de Glasgow) fue la protagonista, el pasado 27 de julio, de la última de las manifestaciones que se han sucedido por toda Escocia en los últimos años a favor de la independencia. Según explicó Ron Wilson, líder del movimiento por el ‘Sí’ (Yes campaign) en Kintyre (también del condado de Argyll), el número de manifestantes superó las expectativas tras reunir a casi 2000 personas, cifra que, aunque pueda parecer escasa, contribuyó a hacer de esta la marcha política más multitudinaria de la historia de este pequeño pueblo de apenas 5000 habitantes.

Además de la amenaza de lluvias, el complicado acceso a Campbeltown y su limitada capacidad hotelera, el grupo que lleva organizando estos eventos desde hace cinco años, All Under One Banner, anunció poco antes de su celebración que, debido una serie de problemas internos, ni acudiría ni estaría al frente de esta manifestación. Nada de esto disuadió a los cientos de asistentes que se trasladaron desde ciudades como Aberdeen, Oban o Glasgow y que generaron un efecto llamada sobre los habitantes de Campbeltown, muchos de los cuales se iban sumando a la marcha según pasaba por donde ellos estaban.

El deseo de desligarse del Reino Unido parece haber aumentado desde el referéndum de independencia de 2014 y en especial desde el del brexit, aunque no es una inquietud reciente. Des McNulty fue miembro de Gobierno escocés por el Partido Laborista entre 1999 y 2011 donde desempeñó varios puestos, entre ellos el de viceministro de Justicia Social. Actualmente trabaja en la Universidad de Glasgow como director adjunto del área de Política en Escocia y asistente del vicepresidente en la de Desarrollo Económico y Participación Ciudadana. Durante una conversación mantenida con este medio, McNulty explicó que la relación de Escocia con la independencia ha ido evolucionando con los años, aunque por norma general, “los partidos nacionalistas siempre han aspirado a una total independencia mientras que los unionistas buscan un sistema de gobierno que le dé capacidad a Escocia para aplicar sus propias leyes y, al mismo tiempo, mantener la relación con el Reino Unido, aunque la presión por parte de los nacionalistas para reunir más poder se ha intensificado en los últimos años”.

Back door Boris

Desde que se hizo por primera vez con el control del Parlamento escocés, en 2007, el Partido Nacionalista Escocés (SNP) tuvo como principal objetivo celebrar un referéndum de independencia. McNulty explica que “su líder en aquel momento, Alex Salmond, era una figura bastante carismática y confiaba en que podría persuadir a los escoceses de que votaran a favor. Era una gran apuesta porque las encuestas del momento mostraban que solamente un tercio de la población quería independizarse. Salmond creyó que podría cambiarlo durante la campaña y, hasta cierto punto, hizo un gran trabajo porque el resultado final fue de 55 % en contra y 45 % a favor. No solo incrementaron el respaldo en las votaciones, sino que generaron un movimiento social bastante fuerte a favor de la independencia que fue más allá de los votantes del SNP”.

Dos años después el entonces primer ministro del Reino Unido, David Cameron, convocaba un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la UE. “El debate sobre el brexit está siendo espantoso –lamenta McNulty-. Las emociones o las ideas irracionales se han priorizado frente a los hechos cuando creo que los argumentos deberían basarse en estudios de las ciencias sociales porque es por los hechos y por determinados principios por lo que deberían tomarse este tipo de decisiones”. Aunque Escocia (como Irlanda del Norte) votó a favor de permanecer en la UE, el resultado final en el conjunto de los cuatro países del Reino Unido fue favorable al brexit, lo que ha generado bastante temor por las consecuencias que esto pueda generar en su país.

El último de los hechos clave ha sido la reciente sustitución de Theresa May por Boris Johnson (BoJo, como lo abrevian algunos medios locales) como resultado de un proceso interno del Partido Conservador. Primero, porque su discurso abiertamente anti-europeísta sumado a su máxima del do or die (hacerlo o morir) respecto a la salida de la Unión Europea, puede llevar al llamado brexit duro’, lo que situaría en el peor de los escenarios posibles a los británicos y, especialmente, a los escoceses. Según el informe ‘No Deal Brexit – Economic implications for Scotland’, elaborado en febrero por el jefe de Economía del Gobierno de este país, la previsible recesión económica provocada por la falta de acuerdo podría elevar el porcentaje de parados hasta el 8 %, (100.000 puestos de trabajo menos); las exportaciones hacia los países de la UE podrían caer entre un 10 % y un 20 %, la inversión extranjera experimentaría recortes de alrededor de un millón de libras solamente el primer año y la combinación de ambos factores provocaría una depreciación de la libra de hasta un 30 %.

La abolición de la libre circulación afectaría a la red migratoria que lleva al país a recibir a más de 13.000 extranjeros al año. La población escocesa en 2016 era de, aproximadamente, 5,4 millones de personas y para 2041 estaba previsto un incremento del 5 % basado exclusivamente en trabajadores de la UE para ayudar a impulsar la economía nacional. En su discurso de investidura, BoJo aseguró que nadie mejor que él entendía los beneficios generados por los inmigrantes en la economía británica y que, por tanto, los que actualmente residan allí tienen asegurado su futuro. A pesar de ello, rechazó comprometerse a legislar nada específico al respecto además de insistir en que el sistema de admisión de extranjeros en el país tenía que cambiar significativamente. Esto, según el ministro de Inmigración del Gobierno escocés, Ben Macpherson, supuso un menosprecio a la realidad de su país.

Según las encuestas, los escoceses -que ya conocían bien a BoJo por haber sido corresponsal en Bruselas para The Telegraph, alcalde de Londres y secretario de Estado de Exteriores del Reino Unido- lo ven como una figura divisiva y nada receptiva a sus problemas. El pasado 29 de julio Johnson hizo su primera visita oficial a Edimburgo en el contexto de una gira por el Reino Unido concebida para demostrar que quería ser el “ministro de la Unión”. No pudo salirle peor. Nada más llegar a la Bute House (residencia oficial de la presidenta escocesa, Nicola Sturgeon) fue recibido con abucheos por unas 300 personas y, al finalizar la reunión, fue cazado saliendo por la puerta de atrás para evitar volver a ser increpado, por lo que un sector mediático lo apodó irónicamente ‘Back door Boris’

Escocia y Cataluña

Durante la marcha de Campbeltown algunos manifestantes ondearon la bandera catalana además de la escocesa. No era la primera vez que los pro-independentistas mostraban su solidaridad con el pueblo catalán, sino que lo llevan haciendo desde la celebración de su malogrado referéndum de 2017. El 12 de febrero de 2019, día en el que comenzó el juicio al procés, se convocaron varias protestas por toda Escocia mediante las que quisieron solidarizarse con sus protagonistas y reivindicar el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

Des McNulty: “Mucha gente en el SNP que cree en la independencia argumenta que las naciones pequeñas pueden tener éxito en el contexto del actual orden internacional

Des McNulty considera que Cataluña podría servir de ejemplo para el caso escocés porque “mucha gente en el SNP que cree en la independencia argumenta que las naciones pequeñas pueden tener éxito en el contexto del actual orden internacional. Se fijan en Finlandia, Suecia, Dinamarca o los países que acaban de acceder a la UE como Estonia, Letonia y Lituania porque creen que controlan su propio destino, especialmente los que forman parte de la UE, y que las naciones pequeñas pueden ser más flexibles si no están sujetas a las políticas económicas de entidades más grandes como es el caso de Escocia”.

Ambas podrán tener paralelismos en el futuro, pero no el presente ni el pasado. “Cataluña es la comunidad más próxima a Europa y, en muchos sentidos, una de las más prósperas de España. Escocia es el país más alejado de Europa e, históricamente, ha sido la región más pobre del Reino Unido, aunque hoy no sea así”, relata McNulty. Entró a formar parte de la Unión, básicamente, “porque hubo una bancarrota a finales del siglo XVII que la llevó a entregarse para asegurarse una cierta prosperidad. Por otro lado, Inglaterra estaba expandiendo su dominio colonial y podía suponerle ciertas ventajas. A consecuencia de esto, está muy arraigado el concepto de imperialismo asociado a la unión entre Inglaterra y Escocia”.

Los independentistas, “quieren recuperar la identidad e instituciones de Escocia, que fue un país autónomo durante mucho tiempo, aunque esto fue protegido y preservado por cómo se estableció la Unión”. Sin embargo, “el nacionalismo catalán se basa en una identidad lingüística y el derecho a su propio idioma, algo que en Escocia no sucede. Creo, además, que se perciben como distintos al resto de los españoles, en parte, de nuevo, por la cuestión idiomática, y en parte también por lo sucedido durante el franquismo, así como por su histórica relación con Francia, pero supongo que habrá otras cuestiones que también influirán en el deseo de independencia como lo económico o lo social”.

Escocia independiente

El pasado mes de mayo el Gobierno escocés aprobó un proyecto de ley que podría usarse para convocar un segundo referéndum de independencia previsto para finales de 2020. Para que su resultado sea legalmente vinculante necesitan el permiso del Gobierno británico lo que, hasta el momento, ha rechazado hacer.

Nicola Sturgeon ya ha declarado que no lo convocará sin la autorización de Westminster, aunque, para McNulty, “tratarán de crear las condiciones en las que al Gobierno le sea muy complicado negarse a validarlo”. De momento, ya ha conseguido el apoyo de la mayoría de los escoceses. Según una encuesta realizada por Lord Ashcroft Polls justo después de la visita de BoJo a Escocia, el 47 % de los escoceses cree que debería celebrarse un segundo referéndum de independencia antes de dos años y el 52 % de ellos votaría a favor. Es la primera vez desde marzo de 2017 que el ‘Sí’ se pone por delante.

Según McNulty, si lograra la independencia, “Escocia podría beneficiarse en algunos sentidos; se habla inglés y es posible que las empresas financieras o de seguros pensaran en Glasgow y Edimburgo como posibles alternativas a Londres, pero son meras especulaciones. Crear nuevas barreras o limitar el comercio inevitablemente ocasionará trastornos a corto plazo; hay muchas consecuencias potenciales que hay que tener en cuenta, empezando por un impacto negativo en el empleo”. Muchos de quienes quieren separarse del Reino Unido se fijan en Irlanda y en su relativo éxito económico de los últimos años, “pero no tienen en cuenta que desde que se separó de Inglaterra, en 1920, atravesó muchos problemas económicos que no pudieron superar hasta que entraron en la Unión Europea, en 1973. Incluso entonces Irlanda mostró ser muy vulnerable y durante la última crisis financiera fue uno de los países más afectados de la UE”, recuerda.

Que Escocia pudiera permanecer en la UE tras separarse de Inglaterra es prácticamente inviable, aunque, según McNulty, “una de las bases del discurso de los pro-independentistas es que, como los han sacado de la UE contra su voluntad, tienen una ventaja como país independiente para volver por la vía rápida. Y creo que bastantes países empatizarán con este mensaje aunque otros serán más reticentes. Lo que es un hecho es que, aunque Europa es uno de los mayores socios económicos de Escocia, Inglaterra es el socio predominante”. Habrá que esperar hasta el 31 de octubre para saber en qué términos se produce el brexit y si Boris Johnson ha logrado convencerlos de sus buenas intenciones hacia ellos, pero, de momento, parece que los escoceses están cada vez más cerca de lograr su independencia.

Iberia 350
María Cappa
María Cappa es periodista especializada en Cultura. Máster en Teatro y Artes Escénicas. Coautora de 'También nos roban el fútbol' (Akal).

Vox y Trump, peligros para la convivencia

Entrada anterior

Gobierno en dos fases: del pacto a la portuguesa a la coalición

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Dejar un comentario:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más en Global