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La Europa que viene

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El ‘no’ al referéndum celebrado el pasado domingo en Italia es una muestra más de que algo está cambiando en Europa. Los ciudadanos, hartos de una crisis que se eterniza y de unos parlamentos que parecen vivir al margen de la realidad, deciden expresar su malestar en las urnas optando por opciones políticas nuevas (populistas, lo llaman algunos en según qué casos) que rompan con todo lo anterior. Los europeos prefieren el caos antes que la certidumbre. La estabilidad se diluye en nuestras fronteras como un terrón de azúcar en café hirviendo. ¿Servirá esto para que la vieja política despierte de su letargo o debemos preparar bolsitas de tila para afrontar los días de incertidumbre que se nos vienen encima?

Los italianos no solo dieron la espalda a Mateo Renzi y a su reforma constitucional. El primer ministro aseguró que si salía derrotado presentaría su dimisión, algo que se pudo interpretar como una maniobra del florentino para advertir a su pueblo de que Italia, un país que desde 1946 ha visto desfilar a 65 Ejecutivos, podría volver a sumirse en una nueva crisis institucional. Pues bien, los italianos prefieren una nueva ración de incertidumbre antes que el plato que les ofrecía Renzi: estabilidad a cambio de una pérdida de peso del Senado, una nueva ley electoral, una mayor centralización, la eliminación de las provincias y la creación de mecanismos para llevar a cabo una tramitación más ágil de las leyes propuestas por el Ejecutivo.

Como adalides del ‘no’ a la consulta se encontraban el Movimiento 5 Estrellas, liderado por Beppe Grillo, y la Liga Norte, la formación de extrema derecha y antiinmigración. Como buitres carroñeros, ambas formaciones ya huelen la muerte política de Renzi y no han tardado en pedir al presidente, Sergio Matarella, que disuelva el Parlamento y fije una fecha temprana para las elecciones generales. Estos partidos políticos, sobre todo el comandado por Grillo, tienen prisa por celebrar unos nuevos comicios porque quieren capitalizar el hastío de los italianos ya que, tras la reforma electoral emprendida por Renzi, la conocida como ley ‘italicum’, el ganador de las elecciones obtendría automáticamente la mayoría de escaños en el Parlamento. Y a estas alturas no es una locura pensar que Beppe Grillo y los suyos podrían ser la opción menos mala para los italianos.

Mientras esto ocurría en Italia, su vecina Austria acudía a la repetición de las elecciones presidenciales entre el independiente verde, Alexander Van der Beller, y el xenófobo y antieuropeo candidato del Partido de la Libertad, Norbert Hofer. Los austriacos evitaron que llegase por primera vez la extrema derecha a la jefatura de un Estado miembro de la UE. Beller, economista de 72 años, se convirtió en el primer presidente austriaco desde la II Guerra Mundial que no sale de las filas socialdemócratas o democristianas. El país centroeuropeo dijo ‘no’ al avance de los partidos ultras en Europa, pero también rechazó esa alternancia de partidos instaurada desde 1945. Austria optó por lo nuevo.

Sin embargo, el mayor varapalo que ha recibido Europa ha sido el brexit (que, por cierto, también acabó con la dimisión del primer ministro, David Cameron, como ya recordarán). Los británicos, a pesar de las recomendaciones del gobierno y de las advertencias económicas de los expertos, votaron ‘sí’ a la salida de la Unión Europea y se abocaron a un futuro incierto: pérdida de miles de puestos de trabajo, menor crecimiento económico, disminución de la competitividad de las empresas, etc. Nigel Farage, entonces líder de la formación eurófoba (ha cedido el bastión de mando en dos ocasiones, una primera a Diane James, quien abandonó el cargo a las dos semanas, y ahora a Paul Nuttall, su ex brazo derecho), se salió con la suya al conseguir que los ciudadanos diesen un corte de mangas a las élites y al hacerles creer que el enemigo era el inmigrante y que su pertenencia en la UE les traía más perjuicios que beneficios.

Otro escenario plausible podría ser el de la llegada de una presidenta fascista a Francia. Son varias las encuestas que pronostican que el Frente Nacional de Marine Le Pen llegaría a una segunda vuelta en las elecciones para disputarle la presidencia a la derecha, pues al Partido Socialista ni se le espera. Entre las ‘perlas’ electorales con las que Le Pen sueña llegar al Elíseo se encuentran las siguientes: romper con las políticas económicas incompatibles con los intereses de Francia, vuelta al franco francés y a la fabricación y producción nacional y ralentización masiva de la inmigración. Le Pen quiere una nueva Francia en una nueva Europa.

Los vientos del cambio también soplan en España y en Alemania, aunque no a nivel estatal (por el momento) y con abismales diferencias ideológicas. En nuestro país no se ha hecho fuerte ningún partido xenófobo ni antieuropeo, algo que sí está sucediendo en la principal potencia europea. El partido democristiano (CDU) que preside la canciller Angela Merkel selló en septiembre su peor resultado electoral en Berlín, a la vez que el partido radical y xenófobo, Alternativa para Alemania AfD, por sus siglas en alemán), lograba sus mejores resultados y conseguía acceder a la cámara de la ciudad-estado y capital del país. Alemania convocará elecciones generales en 2017 y desde esta formación ya se ven con fuerza para plantarle cara a Merkel y apuntan a que, como mínimo, serán la tercera fuerza política del país. Los europeos están cambiando, poco a poco, las figuras de su belén político por unas nuevas, con un mensaje diferente, de odio en gran parte, y unos planes para romper con el pasado. Si nada ni nadie lo remedia, se abrirán las puertas de una nueva Europa que tendrá que navegar en las peligrosas aguas del populismo y de la incertidumbre.

Sergio García M.

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