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La realidad que nos deja el terrorismo

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La realidad que nos deja el terrorismo 1

Otra vez un atentado terrorista sacude el corazón de una ciudad europea. Otra vez la sangre, otra vez ese polvo gris, otra vez los gritos y los llantos de quienes han perdido tanto y otra vez ese silencio que se instala en las zona cero de aquellos lugares en los que ha tenido lugar una matanza. Unas zonas cero, por cierto y desgraciadamente, cada vez más comunes. Los atentados yihadistas suceden cada vez con mayor celeridad. Ayer fue París, hoy Bruselas y mañana… aún no lo sabemos, pero mañana una nueva matanza nos despertará de nuestro sueño.

El terrorismo no entiende de fronteras ni de otra realidad que no sea la suya. Y lo peor de todo es que es un enemigo que se ha vuelto más listo e impredecible con el paso de los años. O eso, o nosotros nos hemos vuelto más lentos y perezosos, incapaces de seguir la pista a unos jóvenes criados en el seno de Europa. Si no, es imposible comprender cómo unos miembros de Daesh logran sincronizarse para llevar a cabo dos brutales atentados en Bruselas, pocos días después de que la policía arrestase a Salah Abdeslam, el principal sospechoso de los atentados de París en los que murieron 130 personas, en una casa próxima a su residencia, en Molenbeek, a las afueras de Bruselas, arropado por vecinos y amigos.

Esta es la nueva realidad que afrontamos. Personas que planifican sus atentados desde su casa y que una vez que la sangre llega al río se esconden en el piso del vecino, que es igual de extremista que ellos, pero que aún no está listo para mancharse las manos. A pesar de que los miembros de Daesh sean los más buscados en medio mundo estamos comprobando que son capaces de infiltrarse entre nosotros, establecer su franquicia del terror en el piso de al lado y hacer que nuestra tranquilidad salte por los aires en el momento que ellos quieran. Por cierto, las autoridades francesas han llegado a la conclusión de que los terroristas de Daesh han aprendido a hacer bombas con productos químicos tan comunes como tinte para el cabello o quitaesmalte.

El terrorismo también genera monstruos mediáticos. Los terroristas no representan a la comunidad de creyentes musulmanes, pero lo fácil cuando el enemigo es tan escurridizo es apuntar contra todos los fieles, hacer ver al resto que son ellos los causantes del problema y no cuestionarse quiénes y cómo financian a los grupos terroristas o qué estamos haciendo mal en Europa para que estos jóvenes decidan dejarse la vida por matar a sus vecinos.

De esto saben mucho en Alemania, donde el partido de ultra derecha, xenófobo y antieuropeo Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), ha irrumpido con fuerza en el tablero político nacional, poniendo en peligro el bipartidismo, gracias a su retórica anti refugiados. También destacan otras voces como la de Marine Le Pen, la líder del Frente Nacional francés, que compara el rezo en las calles de los musulmanes con la ocupación nazi. Tampoco se nos olvida Donald Trump, quien –dice- impedirá que los musulmanes entren a EE. UU. si sale elegido presidente.

Sergio García M.
Periodista. Redactor jefe de Analytiks.

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