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Las rentas de los fosfatos de Marruecos, oportunidad de negocio para empresas españolas

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Las rentas de los fosfatos de Marruecos, oportunidad de negocio para empresas españolas 1

MARRUECOS.- La empresa pública de fosfatos de Marruecos, OCP, tiene previsto invertir en los próximos años algo más de 2.000 millones de euros para el desarrollo de infraestructuras mineras, portuarias y también sociales, educativas y de transporte. Se trata de un programa a largo plazo que abre oportunidades para empresas españolas y que tiene en el sur uno de sus principales focos.

Mejorar la salida por mar de los fosfatos de la principal mina del Sáhara, Boucraa, ha convertido en necesaria la construcción de un nuevo puerto que garantice mayores periodos de carga en los buques en una zona complicada para este tipo de labores. El puerto actual, que tiene una de sus alas inutilizada, ostenta una media de cierre debido a las malas condiciones meteorológicas de 120 días al año que, con la nueva infraestructura, se espera rebajar de manera muy considerable. El proyecto está en fase de estudio y sus responsables estiman que recibirá su primera embarcación en el año 2022.

Se trata de un puerto industrial para fosfatos y fertilizantes que servirá para acortar los plazos de espera de muchos barcos –alguno de los cuales ha de retirarse temporalmente a Canarias– para poder cargar la mercancía. Un trabajo que se realiza en mar abierto desde que los españoles construyeran el primer complejo en 1969, puesto que el puerto se encuentra a tres kilómetros de la playa para evitar las dificultades que causa el intenso tránsito de sedimentos de arena, que convierte en costosos tanto el atraque como la carga. La media diaria es de 24.000 toneladas –se puede llegar a unas 30.000 si la jornada es muy buena– y eso obliga a los navíos a permanecer en la zona al menos dos días, ya que la capacidad promedio de los que llegan a Boucraa es de unas 50.000 toneladas.

Cada día, el puerto recibe unas 12.000 toneladas de fosfatos –se producen 8.000 diarias– que se almacenan hasta su carga para dedicarlas, con posterioridad, a la producción de fertilizantes. Su mantenimiento es especialmente importante dado el movimiento de las dunas y la arena. El nuevo fondeadero será tres veces más grande que el existente y está previsto que alcance los 12 millones de toneladas exportadas al año, frente a los 3,5 millones de toneladas actuales.

Estaciones de desalinización

La mina de Boucraa, en la que trabajan 1.800 personas –1.200 en la explotación– exporta sus fosfatos a países como EEUU, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y México además de por vía marítima, a través de una cinta transportadora elevada que cruza el desierto hasta Laayoune. Dispone de una estación de desalinización por ósmosis inversa con capacidad para obtener 4.300 metros cúbicos de agua al día en su máxima producción –se acumula la necesaria para siete días de trabajo– y que reduce la sal del agua del mar en varias fases, desde los 30 gramos por litro que acumula hasta los 10 miligramos, lo que supone una rebaja de un millón de veces. Con el agua se procede al lavado de los fosfatos antes de su secado en un horno vertical.

Actual puerto de Boucraa.

Actual puerto de Boucraa.

El proyecto, que se presentó al rey Mohammed VI el pasado noviembre, supone además de la renovación del puerto, la creación de una unidad de lavado industrial modernizada que está previsto finalizar en 2019. Aumentar las dotaciones para el almacenamiento del producto en la propia mina es otra de las necesidades y para tal fin se está construyendo una infraestructura desde 2014 que estará acabada en 2017. Sin olvidar la nueva plataforma de producción de fertilizantes, que debería comenzar a funcionar en 2021, un año antes que el puerto, cuya inversión asciende a 1.500 millones de euros.

En Laayoune, OCP también construye, en un terreno de 4,5 hectáreas, un espacio con varias pistas deportivas, una piscina cubierta, un gimnasio, un centro de fitness, un restaurante y un club social para 500 personas, cuyo uso está abierto a toda la población. La primera fase, que ha incluido la demolición de los edificios existentes y ha durado ocho meses, se completó el pasado febrero y desde marzo continúan las obras, que se prolongarán durante 22 meses y en las que participa la empresa de ingeniería española ONDDI, que se ha encargado de las estructuras espaciales. La inversión se ha acercado a los 1,5 millones de euros en su primera fase y al final totalizará 12 millones.

OCP y la Fundación Phosboucraa

La empresa OCP (siglas de Office Chérifien des Phosphates), participada en más de un 90 % por el Estado de Marruecos, ostenta el monopolio de la extracción de fosfatos en el país y es una de las compañías más importantes del mundo en lo que a esta actividad se refiere. Transformada en Sociedad Anónima en 2008, es a partir de entonces cuando comienza a invertir de manera relevante en proyectos sociales. Una de sus filiales es Phosboucraa, la firma que explota la mina de Boucraa, de propiedad española en el pasado.

Cinta transportadora de fosfatos en el desierto del Sáhara.

Cinta transportadora de fosfatos en el desierto.

Hoy, la Fundación Phosboucraa, creada hace dos años, canaliza la mayor parte de las inversiones de la corporación en la región –todas las relacionadas con proyectos de desarrollo social: medioambientales, sanitarios, agrícolas, educativos–, entre las que destaca el Technopole Foum El Oued. Situado a 18 kilómetros de Laayoune será, cuando culmine su construcción, “una ciudad de conocimiento e innovación” con la que sus responsables pretenden impulsar el desarrollo de la zona y conservar la línea costera.

Contará con la Universidad Politécnica Mohammed VI, que está previsto que albergue a 2.500 matriculados por curso y centrará sus esfuerzos en la investigación en cuatro elementos: agua, suelo, energía (solar, eólica y marina) y eco-construcción en zonas desérticas, a través de un centro para especialistas en estas materias. A ella se unirá, en una primera fase, una Escuela de Excelencia destinada a unos 550 alumnos de secundaria y un Centro de Competencias Industriales pensado para alrededor de 200 estudiantes.

Carreras técnicas

La Universidad se construirá en un terreno de 38.000 metros cuadrados –que incluye, además de las aulas, zonas deportivas, dos residencias y edificios de administración y logística, junto a salas de conferencias, dos granjas experimentales, laboratorios y las mencionadas áreas de investigación– y pondrá el acento en carreras técnicas, algo de especial interés en la región según la vicepresidenta de la Fundación Phosboucraa, Hajbouha Zoubeir, ya que la mayoría de los jóvenes locales se ha decantado, hasta ahora, por estudios de Filosofía, Derecho, Historia, Geografía y Arte y las cifras de paro son altas, de ahí la necesidad de enfocar los esfuerzos de su institución hacia la inserción laboral.

Infografía del futuro complejo Technopole Foum El Oued.

Infografía del futuro complejo Technopole Foum El Oued.

Los tres edificios –Universidad, Escuela de Excelencia y Centro de Competencias– que se levantarán en una fase inicial cubren una superficie de 50 hectáreas del total de 126 que, hasta ahora, se ha delimitado y protegido con vegetación frente a la invasión de la arena debida a los vientos del desierto y el movimiento de las dunas y entrarán en funcionamiento en septiembre de 2018 tras una inversión de 200 millones de euros. La etapa preliminar de las obras creará 530 empleos, a los que se sumarán 700 más en las sucesivas. El lugar donde ya trabajan los primeros operarios fue adquirido por OCP en 2009 y hace dos años se decidió impulsar el proyecto del Technopole tras descartar una primera idea, como explica Zoubeir, de dedicarlo a usos turísticos.

En ciclos posteriores, el plan contempla la conexión con la playa de una antigua laguna hoy desecada y enterrada para recuperar, en ese entorno, flora y fauna característica de la región –especies autóctonas– que ha desaparecido. El complejo albergará también, en este segundo periodo, el que será el primer Museo Nacional de Medio Ambiente del país, dedicado al África sahariana y subsahariana y en total conexión con el área de investigación de la Universidad. Asimismo, está previsto poner en marcha una incubadora de empresas, varias instalaciones deportivas, un mercado de producción artesanal, un cine y una mediateca. Sin olvidar, en la última fase, un hotel junto a la laguna, un complejo comercial, una zona residencial y varias escuelas de primaria.

Viveros de empresas y apuesta por los emprendedores

El proyecto contempla tres dimensiones. En primer lugar, la humana, en busca de que la población local trabaje en programas sostenibles –entre los que destacan los de agricultura de regadío con agua salada– y se forme. En segundo, la cultural, muy presente en el diseño arquitectónico de los edificios de la Universidad, que ha corrido a cargo del estudio francomarroquí Bechu-Bennouna y cuya forma desde el aire recuerda las dunas y las jaimas, elementos de los nómadas del desierto que habitaron el territorio, con el fin de integrarlos con el paisaje. Y, en tercer término, la económica, con los viveros de empresas y las startups como uno de sus hitos.

El Technopole Foum El Oued está situado a 18 kilómetros de Laayoune.

El Technopole Foum El Oued está situado a 18 kilómetros de Laayoune.

El área de influencia del nuevo complejo y de las actividades de la Fundación Phosboucraa en general comprende tres regiones pobladas por alrededor de un millón de personas, más de la mitad mujeres y con un alto porcentaje de jóvenes, pero el Technopole está pensado para que atraiga también a estudiantes y trabajadores del norte del país y conecte el Sáhara con el mundo, afirma Zoubeir.

La responsable está convencida de que las nuevas dotaciones llevarán inversiones a la zona y recuerda a las empresas foráneas las ventajas impositivas de desarrollar sus proyectos allí, que incluyen una moratoria de ciertas tasas por 10 años, sin olvidar el buen precio del terreno en el área. En estos momentos, uno de los negocios emergentes en la zona son las piscifactorías próximas al mar. Y, a pesar de que desde 2015 España es el primer país inversor extranjero en Marruecos, sus esfuerzos parecen concentrarse en el norte, ya que son pocas las compañías con presencia en el Sáhara –con alguna excepción como la constructora Jarquil, que ha concurrido a licitaciones– frente a las francesas y estadounidenses.

Programas de desarrollo social

Junto a los proyectos urbanísticos, la Fundación Phosboucraa desarrolla otros programas. En el dedicado al desarrollo social, en el que colabora Amideast como principal socio, ha puesto en marcha 25 cooperativas y ha trabajado, sobre todo en formación, con 60 asociaciones. Además, ha asesorado a 25 jóvenes emprendedores para crear pequeñas empresas, a las que ha ayudado tanto con financiación directa como con avales bancarios. “Normalmente entramos en el negocio y, cuando ha despegado, vendemos nuestra parte a los promotores”, indica Zoubeir, que recibe el apoyo para estas acciones de los estadounidenses enactus y de la Confederación de Empresarios de Marruecos. Ya se han realizado varias aceleradoras de proyectos en la zona.

En cuanto a los aspectos educativos, es muy importante la asistencia que ofrece a escuelas locales a través de formación del profesorado en colaboración con el Ministerio de Educación. Otro de sus focos se dirige a la agricultura del Sáhara. La Fundación ha empleado 1,3 millones de euros en mejorar las condiciones de los agricultores y de sus familias, con el apoyo de nuevo de organismos estadounidenses y de países como Dubai, con cuyo instituto ICBA trabaja en la puesta en marcha de explotaciones biosalinas, irrigadas con agua marina, algo que parece estar especialmente indicado para cultivos como el maíz y la alfalfa. La reutilización de los restos de los productos de los invernaderos de Dakhla tales como tomates y melones es otro de sus empeños. También ha abordado una campaña de vacunación de camellos, ya que en la zona su carne se utiliza como alimento.

Microempresas y agricultura biosalina

Por lo que se refiere a sus labores en las esferas cultural y deportiva, ha realizado cursos y competiciones y su objetivo es trasladar los proyectos exitosos a regiones limítrofes. “Si son sostenibles en lo económico, los podremos replicar”, comenta la vicepresidenta. En Laayoune, una de sus iniciativas estrella es el Centro de Aprendizaje, que comenzó a funcionar en 2013 y que hace unos meses se ha mudado a un nuevo inmueble. Dirigido por Hamid Mernaoui, cuenta con 53 trabajadores –23 de ellos a tiempo completo– y ofrece cursos relacionados con empleabilidad, arte, cultura, emprendimiento, agroalimentación, habilidades sociales, desarrollo personal, técnicas de comunicación, internet… Se dedica además a reorientar a estudiantes que en su día abandonaron el sistema educativo y dispone de un programa de emprendedores a los que se financia el 30 % de sus proyectos a fondo perdido que ya suma 21 incorporaciones, sobre todo de microempresas de mujeres en zonas rurales dedicadas a panadería, confección textil y granjas. El centro trabaja con 87 asociaciones y en estos momentos pone especial énfasis en la promoción de cursos de manipulación de alimentos.

Vista nocturna del futuro complejo educativo, residencial, comercial y de ocio proyectado por la Fundación Phosboucraa.

Vista nocturna del futuro complejo educativo, residencial, comercial y de ocio proyectado por la Fundación Phosboucraa.

Una de las cooperativas principales en las que ha invertido la Fundación Phosboucraa es Halib Sakia, que ya dedica 400 hectáreas a la agricultura biosalina, una extensión que llegará a las 1.500 en 2018 si se cumplen las previsiones de los responsables. Este proyecto recibe el apoyo del Gobierno, del International Center of Biosaline Agriculture (ICBA) y de la International Young Foundation (IYF). También merece la pena destacar sus esfuerzos con la cooperativa que desde 1996 se dedica a la producción de leche de vaca, muy demandada en un área donde se consume la de camello. Tras importar el biomaterial imprescindible desde Canadá, hoy cuentan con vacas con ese origen nacidas en Laayoune de las que se obtiene la materia prima para envasar leche y elaborar mantequilla. El complejo incluye una zona de desalinización del agua –que la Fundación trata de extender al resto de granjas– para las necesidades de la explotación y también las de hogares próximos. El proyecto lo integran 52 socios, cada uno de los cuales posee entre cinco y 10 vacas, a las que sumar las de la propia cooperativa. En el futuro próximo esperan acrecentar su oferta con más productos lácteos y aumentar los empleos que generan: más de 500 de forma indirecta.

La mina de Khouribga

En la región de Béni-Mellal-Knénifra, a 120 kilómetros de Casablanca y 150 de Rabat se encuentra Khourigba, el principal hito del complejo minero de fosfatos más grande del mundo, con unos 40 kilómetros cuadrados y el 52 % de las reservas de Marruecos. Sus reservas, explotadas al ritmo actual podrían durar más de siete siglos, un periodo que puede parecer muy largo pero que está lejos de los 60 millones de años que tardan en conformarse los yacimientos de fosfatos.

El descubrimiento de la mina se produjo hacia 1920 y el comienzo de su explotación se inició un año después por el Protectorado Francés, al principio bajo tierra, una práctica que se mantuvo hasta 1951. Desde entonces comenzó a operarse al aire libre y en la actualidad es la única forma de extracción. Para obtener los fosfatos hay que descender entre 12 y 20 metros en los estratos del terreno, algo que se logra con explosivos para proceder a continuación al despiece del material separando las partes más grandes de las más pequeñas, antes de trasladarlo a una de las tres plantas de lavado, en las que se emplea el proceso de flotación. Su capacidad de extracción es de cerca de 30 millones de toneladas, prácticamente la misma que la de procesado en las plantas de lavado y secado.

Khourigba es el principal hito del mayor complejo minero de fosfatos del mundo.

Khourigba es el principal hito del mayor complejo minero de fosfatos del mundo.

El capital humano de la mina lo forman casi 7.000 trabajadores de los que 214 son managers y entre los que hay 55 mujeres ingenieros. Sus clientes son más de 160 de los cinco continentes –África e India están entre los más significativos– y el transporte de fosfatos se realiza, principalmente, a través del nuevo slurry pipeline, auténtica cremallera que ‘cose’ el territorio, ya que tiene más de 180 kilómetros de longitud, conectando las minas de Khouribga a la plataforma industrial de Jorf Lasfar, la planta química de OCP que los transforma. También llegan hasta Casablanca para la exportación desde su puerto. Si en estos momentos el 50 % de la producción de Khouribga se mueve a través de las cintas transportadoras, el objetivo es alcanzar el 70 % en breve.

Nuevas infraestructuras

La apertura de tres minas va a suponer la construcción de nuevas infraestructuras, entre ellas plantas de tratamiento (lavado, flotación y secado), de almacenaje y de transporte del producto. La empresa trabaja en mejorar los procesos de tratamiento y purificación del agua y en la optimización y la diversificación de sus fuentes energéticas. Además, la compañía se ha propuesto velar por el desarrollo de una agricultura sostenible. En este sentido, se están plantando árboles en las zonas liberadas por los fosfatos, en especial del ejemplar del argán, de cuyo fruto se obtiene un aceite muy preciado para cosméticos pero que también se utiliza para la cocina en Marruecos.

Extracción de fosfatos en Khouribga.

Extracción de fosfatos en Khouribga.

De hecho, OCP cuenta con varios productos amparados por su marca. Se ha introducido ya millón y medio de árboles, que tan solo requieren riego durante sus primeros seis meses de vida. “Por cada metro cuadrado que explotamos, plantamos dos metros cuadrados”, señala el vicepresidente de Recursos Humanos de la mina, Alouani Abdelkader.

Las inversiones en RSO se centran en centros de competencias para los jóvenes de los núcleos de población cercanos a las minas en áreas como la educación, el deporte, la salud y la agricultura sostenible, a través en este caso de la Fundación OCP. Su política prima las acciones de proximidad en colaboración con las autoridades locales, como el Centro de Competencias Industriales de Khouribga, que se inauguró en 2013 y donde se instruye y se entrena, con clases teóricas y prácticas, a los trabajadores de la mina, que cuentan con simuladores de conducción y manejo de las grandes máquinas excavadoras de los fosfatos. La mayor de todas recoge 100 toneladas en cada palada y sus conductores únicamente pueden realizar cuatro horas de trabajo real por jornada. En estos momentos asisten al centro 1.600 alumnos al día que aprenden procesos desarrollados por la propia compañía. El entrenamiento está especialmente dirigido a personas de la región y se prolonga durante dos años.

Son diversos los proyectos sociales de OCP en la zona, como un espacio de 5.000 metros cuadrados –incluidas las zonas verdes– para jóvenes abierto en 2014, donde se ofrecen aulas a las asociaciones locales y a startups y se realizan cursos. Da empleo a casi medio centenar de personas y dispone de estudios de grabación, salas con ordenadores y auditorio, entre otros servicios. Su propósito es mejorar las oportunidades laborales de los jóvenes y cambiar su mentalidad de trabajadores asalariados hacia el autoempleo y la creación de pequeñas empresas con las que dar trabajo a otros. Desde la mediateca, un amplio y bien dotado espacio, con zonas aún por inaugurar, se pueden observar las primigenias y hoy abandonadas instalaciones de la mina de Khouribga en tiempos de la colonización francesa. Allí está previsto poner en marcha un museo de los fosfatos y de la historia de OCP y un centro comercial.

Publicado en la Revista de Obras Públicas (ROP) número 3576  de mayo de 2016.

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